Están aquí, se han infiltrado y pronto conquistarán la Tierra.
No creo en los OVNIs, pero esto es completamente diferente. No sé cómo han aparecido, ni siquiera de qué planeta son. Es probable que sean criaturas venusianas, porque la mayoría adopta una apariencia femenina. Parece que no se adaptan a “comportarse” exactamente como nosotros, lo que permite detectarlos por sus “excéntricas costumbres”, a pesar de su aspecto similar al nuestro.
Todos somos de la misma materia. El que se cree el hombre más poderoso del planeta y el niño despanzurrado bajo sus bombas, el capitalista petrolero y el desventurado cabrero, el político hipócrita y el soldado forzado, el asesor belicista y el que se ve mutilado, la madre inconsolable y el huérfano anonadado, todos de la misma sangre.
Fue todo muy fugaz. La papelería estaba casi vacía. Mientras los pocos madrugadores comprábamos la prensa, entró volando una blanca paloma. Quizá prefirió la caldeada atmósfera del recinto ante el frío matutino de Getxo. Aleteando sin cesar, su habitual arrullo se transformó en un angustioso bramido, mientras sobrevolaba y chocaba repetidamente contra el cristal del escaparate, tratando de huir de aquella transparente jaula irrompible.
Los dirigentes mundiales olvidan lo que aprenden los escolares.
Muchos educadores pensamos que el texto más bello y universal escrito por la Humanidad hasta el presente es la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, proclamada en New York el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de la ONU. Recordemos íntegra y literalmente dos de sus treinta artículos, para apreciar su trágica pertinencia en la actualidad.
Art. 5º: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.
Art. 6º: “Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica”. Sigue Leyendo...
Portal Literario Independiente