Llegue pronto la muerte a cortejarme,
mi vida ya pende de un hilo,
la estaré esperando muy tranquilo,
con la luz de la luna amortajarme.
No me pidas prisa para vivir,
deja que la quietud
presida mis actos más modestos;
que el silencio
arrulle mi persona,
que mis sueños
se remansen en tu amor.
Por casualidad,
nos encontramos
en una tarde de hastío,
cerca del mismo lugar
donde hace treinta años
nos dijimos adiós.
¿Casualidad?
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