Casi nos convencen de que los jilgueros son peligrosos
La comunidad estaba harta de disparos y fusiles. Todos querían desterrar las armas. Era un sueño pacifista: una utopía de paz. Pero no pudo ser, tampoco entonces.
Llamaron al Cuerpo Literario. Cuando llegó, todos le rodearon tratando de encontrar un término preciso. La duda se había extendido por todo el reino y sólo él tenía la respuesta exacta. Su importancia era vital, pues nada era posible sin su opinión precisa. Como cuerpo nunca enfermaba. Le había sido concedido el don de la eterna salud.
Alguien sugirió que quizá estaba adelgazando. Pero los más doctos entendieron que se debía a la eliminación eventual de palabras del todo innecesarias.