Cerrar podra mis ojos la postrera
Sombra que me llevaré el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Quevedo
Poema leído en la despedida a mi padre
Me encanta el poema. Muy sentido para la ocasión, no sé si fue hace mucho o poco de tu perdida, pero te doy mi pésame.
Gracias de nuevo, Hacaria
Estoy seguro de que tu padre es Feliz por tener una hija como tú.