Jamás.

Así de sencillo, así de natural y así de simple. Jamás. Tranquilidad absoluta. Sin estridencias ni altisonancias. Sin elevar el tono de mi voz. Sencillamente, naturalmente y simplemente jamás. No voy a soltar ninguna exclamación indebida. Puesto que no le debo nada a nadie jamás voy a ser como Emi quiere que yo sea. Jamás voy a ser como él al igual que jamás he sido como él. Cada uno tiene su propio libro de ruta, su propia bitácora de navegación, su propia manera de hacer el viaje. Yo no he sido creado para odiar. Por eso jamás seré como Emi hubiera querido que yo fuese. Si él golpea a quienes encuentra a su paso yo levanto a los caídos.

Mi declaración es la defensa de los derechos humanos y no el atropello de los humanos derechos. Voy derecho hacia mi meta, voy al ritmo que imprimo en esta mi carrera hacia donde quiero llegar y y eso no es lo que ansía Emi. Para mí la violencia es el lenguaje de los impotentes y yo jamás he sido un impotente ni soy un impotente ni jamás seré un impotente sino alguien que camina amando la naturaleza de los seres, de las cosas, de los sentimientos. Si Emi y los suyos no tienen sentimientos no es porque yo se los haya quitado sino porque los han perdido al usar su libre albedrío. Pero resulta que yo no soy de los del libre albedrío sino de los de la liberación,

Jamás voy a perder porque jamás voy a pelearme con los impotentes que golpean a las inocencias para aparentar ser más hombres. Eso queda para quienes no saben amar. Soy un ser humano y por eso existo solamente para el Amor. Los que odian, como Emi y sus seguidores, no son, ni lo han sido nunca, mis maestros. Así que jamás voy a abandonar mi manera de ser y mi forma de actuar. Cuando golpeo no es nunca para matar vidas sino solamente para corregir los desvíos y los desvaríos de quienes intentan hacer de mí una especie de terrorista contra la paz de mi Espíritu. Jamás. Nunca voy a hacer eso porque mi Espíritu es de grado Superior mientras ellos nadan en la nada.

Los feroces hombres de la violencia sólo me producen risa. Y una sonrisa porque, en realidad, es para sentir misericordia de ellos. Pero la misericordia es propia de Dios. Yo sólo soy un poeta que escribe y narra historias para ser superior a todos ellos. No por prepotencia sino por designio de Dios. Y ante eso no tengo nada que explicarle a los violentos que llevo en el olvido. Por eso jamás seré como ellos. Si Emi y los suyos me buscan para formar parte de su grupo sólo encontrarán un vacío y en ese vacío nunca estoy yo. Para practicar la nobleza uso las artes marciales; pero soy el que escribe pensamientos y los convierto en historias de héroes legendarios. Quizás porque yo también soy un héroe ante los ojos de quienes me ven a mi 15 años de edad siendo ya un espartano de Madrid. Sigo subiendo para llegar a la Cima donde me esperan las que yo sueño en esta adolescencia florecida en las horas del silencio y los poemas que comienzo a escribir en el libro del alba. Amanecer. Siempre hay un amanecer que me completa la existencia.

Si de algo me alejo para siempre, a partir de mis 15 años de edad, es de la desesperación de los violentos. Ser leyenda del futuro siempre comienza a los 15 años de conciencia concentrada en saber cómo hay que caminar en esta carrera hacia la propia gloria y no como la historia de los demás. Por eso las pandillas no me interesan aunque Emi las llegue a dirigir. Yo me sostengo y me controlo a mí mismo y no tengo que beber alcohol para olvidar nada. Es mi objetivo seguir caminando a mi manera para llegar a la Cima. Sin prisas. Sin pausas. Sólo practicando la estrategia, dominando la técnica y sabiendo emplear la práctica adecuada. Soy el líder espartano: amarillo del amanecer y azul del cielo.

Espero llegar a la Cima sin haberme caído en el pozo de los violentos de la impotencia. Quizás porque, de esta manera, conoceré a las mejores, a las que más me gustan, a las que más me interesan… para elegir a la que más amo… y comprendo que la soledad es la mejor compañera para prepararme a vivir en compañía. La pandilla de Emi es totalmente una ausencia para mi fe. La pandilla de Emi nunca jamás será el grupo de mis compañeros. A mis 15 años de edad ya tengo claro lo que deseo ser en la vida: un escritor que consigue ser, también, un periodista.Y para ello tengo que tener la mente muy bien preparada. Por eso jamás he sido de ninguna pandilla ni me meto sustancias en el cuerpo ni adormezco mi cerebro con alcoholes.

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