ahora mismo

… En la parte antigua de Cáceres, habiendo cruzado ya el hermoso Arco de la Estrella se extiende una calleja estrechada por altos muros pedregosos. Allí mismo y en este mismo instante acaba de entrar un joven que viene de la plaza mayor. La cuesta se hace cuesta, la noche noche y la lluvia lluvia de otoño. Empieza el momento.


.Pone un pie entre las húmedas piedras y adelanta el otro. Si mira arriba el cielo es oscuro y la noche cerrada. Es muy tarde. Nadie en toda la zona y el fuerte viento continúa enredando su pelo mojado, entorpeciendo la vista. Huele a tierra mojada y, sin prisa, da un paso más, destrás del anterior. Los enrejados ventanucos oscuros a cada paso lo observan en cada movimiento. Sigue respirando y contiene el llanto. Intenta disfrutar del espectáculo. Y cree que ha conseguido cambiar de pensamiento…

.La ropa que lleva puesta, la que había elegido para esta ocasión, cada vez se hace más pesada y no le incomoda que empiece a pegársele al cuerpo, quizás no es consciente. No se molesta en apartar el pelo de la cara y ya casi anda con los ojos cerrados. Callado, humilde, tímido, desconocido, ingenuo y pobre. Los amarillentos farolillos anclados en la pared indican la entrada a la Plazuela del Santo pero todavía no los divisa. Casi no puede seguir respirando aunque lo intenta desesperadamente y tose de vez en cuando. No quiere hacer consciente el dolor de pecho que se le viene intensificando desde hace un rato.

.No entiende por qué esta noche la parte antigua le parece tan increíblemente diferente. Intenta mirar a todos lados, respirar todos los olores y pisar todas las piedras, porque cree que así se evade de todo lo que está sintiendo, pero ¡Es contradictorio!.

.La respiración cada vez es más difícil y el dolor del pecho ya le llega a la garganta… ¡Qué dolor!, se asusta ¿Qué es este dolor? piensa… Pero no quiere detenerse ¡Quiere luchar!. Llegando al menos a los farolillos se demostrará tal vez a sí mismo que esto es una gilipollez, que él puede con ello y mucho más, que se lo puede tragar, que es fuerte. Sigue y sigue y continúa andando, paso detrás de otro, detrás de otro, detrás de otro. Parece no llegar, el viento, la lluvia, las piedras, los muros, «venga, más, más, continúa, los ojos, el pecho, la garganta, Dios, !Qué daño! ¿Qué es esto? ¿Qué me está pasando? por favor… ¿Qué me está pasando?¡Qué horrible dolor es éste!¡¿POR QUÉ?!… grita finalmente en un desesperado aullido de misericordia que sale directamente del infierno.

.Ahí están sus lágrimas, ahora empieza a llorar, allí está él… ahora mismo, en mitad de la plazoleta del Santo, arrodillando sus piernas sobre el deslizante barrizal.
.¿Por qué? porque amas.

(Media hora antes estaba escuchando un «no» y la calleja no mide más de quince metros)

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