Anima Mundi. Susanna Tamaro. Puntuación: 8

Estábamos a principios de diciembre. La sala daba a un balcón. Haciendo caso omiso del frío, abrí la puerta y salí afuera. Aunque sólo atardecía, el cielo ya estaba oscuro y cuajado de estrellas, soplaba la bora y lo limpiaba todo, las antenas vibraban y asimismo los cables que las conectaban con los aparatos, una sinfonía de cables y chatarra. Más allá de la ligera cortina veía a mis compañeros, el suelo de la sala era de mármol, brillaba reluciente desinfectado como una lápida de cámara mortuoria, ellos seguían corriendo en círculo alrededor de las sillas. Veía las muecas, los guiños, las torpezas. Para mí era ya todos calaveras, mandíbulas, tibias. La confusión ya los envolvía, los envolvería para siempre. Sus vidas se me mostraban como el plano de una casa en construcción. Había cimientos y paredes, tuberías de agua y el tejado. Yo lo sabía todo sobre su futuro, harían todo aquello que era necesario hacer. Ellos estaban allí dentro, a la luz, al calor, se llenaban la boca con palabras vacías.
Yo estaba al otro lado del cristal. Solo, en la oscuridad, con el frío de la noche alrededor.

3 comentarios sobre “Anima Mundi. Susanna Tamaro. Puntuación: 8”

  1. ¿Es un sueño?. Es curioso, porque yo he tenido alguna experiencia similar estando despierta. A sólo unos pasos, uno podría pensarse en otro mundo, en el Otro Mundo.
    La bora ¿es un viento, una brisa?
    Perdona por tantas preguntas.

    Saludos.

  2. Al contrario, es una situación real del libro con la que me he sentido algo compenetrado… y la bora me parece (hace tiempo que vi su definicion) que es un viento de algún punto cardinal ya no sé si sur este o que… Gracias!

  3. Disculpa que te responda tan tarde, es que hacía días que no entraba. El bora es un viento (luego de preguntarte lo miré) que sopla en el Adriático. Así que es un viento italiano ¿no?

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