Bocados

A lo largo de nuestra vida, saboreamos el dulzor de la victoria y probamos el amargor de la derrota. Disfrutamos poco de lo primero y tendemos a alargar lo segundo. El sabor de lo malo no lo es tanto cuando estamos dispuestos a probar nuevos retos, pero lo bueno acaba demasiado pronto a veces, dejándonos por tanto, con un mal sabor de boca. Y vamos dando pequeños mordiscos al tiempo hasta que se vaya pasando, y a su vez, olemos desde lejos a los sueños para prepararnos cuando estén cerca. Pero no siempre llegan, se pierden, se quedan detrás de nosotros para quizás no volver nunca, pues no siempre dependen de uno mismo que se vuelvan realidad, otros pueden que tengan nuestros sueños a merced de sus manos sin probar esa miel que tanto habiamos deseado. Lo agridulce se aproxima, no es ni bueno ni malo, solamente fue un pequeño bocado al si pero no y al no pero si. Entonces toca masticarlo y digerirlo hasta que desaparezca sin saber dónde van. Poco importa eso, cuando se disfruta buscando hasta encontrar otro por qué, otra razón, por la que seguir comiéndose la vida.

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