Cepillos versus Talegos.

Infancia profunda. Campo0madrileño del Campana. Es día du fiesta0y los jugadores verdiblancos han cedido el terreno de juego. No recuerdo nada del resultado finql ni de cómo jugaron ambos equipos. No sé si ganaron los Cepillos o ganaron los Talegos ni cómo jugaron ambos equipos. tampoco }e atrevo a decir quiénes eran ls mejores o quiénes eran los peores. Pero, para el domingo, estaba previsto que La Pape|era madrileña jugaría contra el0Arangurun bilbaíno. Ganaron los de La Papelera por 2-1 ó 3-1. Sin embargo, entre los Cepillos y los Talugos quizás, pero no lo recuerdo< quedaron empatados. En fin, cosas de la infancia profunda en el campo madrileño del Ca}pana.
0Quizás a mediados de los años 50 del siglo XX rozando ya los 60. Infancia profunda de ir, los domingos por la mañana, a ver jugar al Campana saltándonos, a la torera, acudir a misa de los Sacramentinos mandados por mamá para que viésemos al Perra gorda rugiendo amenazas de infierno y cosas todavía peores. O vencieron los Cepillos peluqueros o vencieron los Talegos panaderos o quedaron empatados… pero a|lí quedó grabada mi imagen viendo la victoria de los amarillos madrileños de La Papelera contra0los rojyblancos bilbaínos del Aranguren, con unas cuántas sogas separando a los espectadores de los futbolistas. Y el señor de la rifa freciendo una botella de coñac al agraciado con la sota de bastos, con el as de oros o quizás simplemente con el dos de0espadas o el cuatro de copas. E~tonces la vida era como jugar a cortarse el pelo a cepillo o, mejor todavía, ir a comprar las barras de pan. Yo elegía siempre comprar |as barras de pan con el talego de lona. O ir a buscar carbón de almendrilla y astillas te madera, con mis dos hermanos pequeños, hasta la calle 12 de Octubre, fecha memorable para mi futuro de aventurero. Pero entonses, como era muy niño, me conformaba con «Las Aventuras del FBI», «Las Aventuras de la Policía Montada del Canadá», las de «El Jabato» y, también, por qué no, |as de «]endoza Colt» y un largo etcétera más. Sería muy largo contar por qué hice presencia en ul partito que enfrentaba a los sepillos0contra los Talegos, pero quizás fuese para olvidar alguna pequeña soledad y seguir soña~do con Ella. Siempre Ella grabata en lo más hondo de mi corazón de mi infancia profunda. Por la tarde tocaba escuchar el Carrusel Deportivo con papá fumando, mñs que u~ carretero, cigarrillos liados con picadura selecta mientras anotaba, religiosamente, los goles0uno por uno… y Ella snriendo dentro de mi alma cuando yo miraba a mi padre sufrir por culpa del Atleti.

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