Del color del cielo, cuando esta añil.

Este no es mi sitio, y sin embargo aquí estoy, detrás de cada paso, con los dedos atados a falacias y con la sangre podrida.
¿Con que derecho me enveneno y me traiciono? Ser cuerdo es fácil, o eso me hago creer. Y es que prefiero creer mis mentiras que las tuyas.
Capricho el momento de pensarme, es tu antojo por lo platónico y tu ansia de poeta de vivir en caos.
Yo estoy perdida, lo sé. Así que no pretendas que me encuentre por que mientras huya de mi misma este no será mi sitio.
¡Ay… Dios..! Que desde hace días ya ni evito soñarte, que me deleito con la idea de derretirme en tu piel, despacio, disfrutándote en el silencio de mi imaginación.

Amo tu manera de odiarme, tu manera de discutírmelo todo, de desautorizarme y la forma en la que tienes de dar por hecho que me equivoco y tu no.
Es irritante la manera en la que te quiero y aun así no lo evito, por que tu piel me llama sin tener en cuenta la distancia, por que deje en tu almohada las lagrimas que no derrame al irme, por que me perteneces, aunque no estés conmigo me da igual. El mundo y sus asuntos tiene demasiados problemas como para juzgarme por egoísta.
Amo amarte en la locura de lo imposible de ser el único que ha conseguido entrar en mi alma, sin entrar en mi cuerpo.
Y créeme, juro desafiar al mismísimo destino y pienso mirar tus ojos tan de cerca que mi respiración bailará al compás de la tuya. No tocarte, mirarte hasta que el tiempo nos agote, hasta que te quieras marchar o hasta que me harte. Tentando al Karma, con la cara de deseo y los labios de tu boca dibujados en mi sonrisa, hasta que me quieras o hasta que me odies.
Lo juro, por que yo si cumplo mis promesas… mas tarde o mas temprano.
Y será el castigo mas dulce y tormentoso.

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