delicadamente

Complicidad en una suntuosa, y a la vez, tímida mirada. Motas de polvo invisibles que atraviesan ultrajanates el espacio vacío entre dos rostros, dos rostros tan sensibles a la luz tenue de tres velas ya casi consumidas.
Inunda una humeda sensación entre las cortinas blancas que arrastran por el suelo varios palmos y nada mas se observa en esa habitación, solo la cruda piel de ambos rodeandose en seda dibujada con la llema de los dedos.
Casi todas las curvas se sienten culpables, solo la que descansa bajo el monte de la diosa Venus sigue aun acelerada, silenciosa, ferviente y viva.
Pecados de un cuerpo firme y desconocido que se cierne sobre una inocente criatura de ojos castaños, desvergonzada, con el temor de que ronde el arrepentimiento en su ser.

Ahogados en horas muertas se resbalan entre besos llenos de frenesí, se adentran en excesos atrevidos, se desean con mas ganas que necesidad, arrastrados por la pasión.
La vuelve a mirar en el momento exacto en el que ella necesita sentirse acompañada para disfrutar del extasis mas humano que jamás conoció.

Respira.

No se mueven, pero se sienten y tan cerca ademas, que apenas se separan varios centrimetros. Los justos, para que el la bese a su antojo mientras ella cae rendida ante sus encantos.
Es demasiado inusual para ser cierto.
Una de las velas ya se consumió, cuando lo haga la ultima lo harán ellos tambien y quedaran inmoviles y frios ante un tiempo que pasa sin benevolencia.
Mustios recuerdos amparados por caricias inertes ante una mirada complice del tiempo que se les escapo entre los dedos junto a la inocencia.

4 comentarios sobre “delicadamente”

  1. Me puse a leer tu texto acompañado de musica instrumental (de piano)y me deje llevar.. viaje entre sus palabras y sentí a ese ser a centímetros de mi..que bonito entregarse de esa manera a alguien y que bonito como lo describes. Muchas gracias!!

    Saludos!. Elbereth 🙂

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delicadamente

Complicidad en una suntuosa, y a la vez, tímida mirada. Motas de polvo invisibles que atraviesan ultrajanates el espacio vacío entre dos rostros, dos rostros tan sensibles a la luz tenue de tres velas ya casi consumidas.
Inunda una humeda sensación entre las cortinas blancas que arrastran por el suelo varios palmos y nada mas se observa en esa habitación, solo la cruda piel de ambos rodeandose en seda dibujada con la llema de los dedos.
Casi todas las curvas se sienten culpables, solo la que descansa bajo el monte de la diosa Venus sigue aun acelerado, silencioso, ferviente y vivo.
Pecados de un cuerpo firme y desconocido que se cierne sobre una inocente criatura de ojos castaños, desvergonzada, con el temor de que ronde el arrepentimiento en su ser.

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