DESAFIO A LA INOCENCIA DE LA FANTASIA

Bajaba como sin dirección alguna con los zapatos rotos y la mandíbula apretada; lo seguían a la espera de su última reacción estertórea…
¿el buscaba algo?, ellos sí, era evidente, mas aquel era solo una entidad desconocida.
Pues, solo llegó a un lugar donde poder apoyar su cuerpo tímido y dejarse llevar: permitir a su alma huir de aquel cuerpo mal herido y abusado.
Confundido miraba a la gente a la espera de un rostro familiar, deseaba sentirse acompañado por primera vez en su corta vida. Mas, no conoció a nadie en sus setenta años de viajes, era alguien que había olvidado su lugar de nacimiento y sus hábitos cotidianos como también su nombre y sus días vividos.

A pesar de que todos lo veían como si estuviese expresándose con sus últimas palabras, a el le parecía estar aprendiendo nuevas sensaciones, nuevos mundos, nuevos miedos y nuevas miradas. El sentía aun la humedad de la placenta después de haber nacido hace un par de minutos: pensaba en lo corta y poco organizada que le había resultado su vida. Pues en su camino adjuntaba datos y emociones vividas al azar, nunca recordaba lo que hacía hace dos días o acaso la noche anterior.
El solo pensaba en lo que vendría y por inercia olvidaba sutil y elegantemente todo lo vivido.
Sin embargo, me referiré a esa última tarde en que empezó a recordar varias cosas hasta llegar a la locura total internándose en su selva mental paranoica.

El sujetaba su cámara fotográfica enfocando el infinito de los ojos de un gato, buscaba el lugar donde le llevaría aquel camino sinuoso al que le invitaba el felino a pasear; de pronto, vinieron al pobre hombre como espasmos propios de un epiléptico los recuerdos de lo vivido y conocido…

Se encontraba adivinando acciones cenestésicas del más haya; parloteaba palabras y freses enteras estructurándolas en discursos, como un orador apasionado busca el popularismo y a la vez oculta su sentimiento de dictador, pronunciado en lenguas extranjeras enredando la débil mente de sus oyentes.
Aquesta tarde según sus recuerdos mal llevados como legajos de anales intuitivamente rasgados a la bibliomancia, el estaba en un parque rodeado de niños no mayores a cinco u ocho años que lo escuchaban hablar diferente a su idioma que igual poco asimilaban. Lo miraban con ojos acribilladores de preguntas y sospechas, unas miradas de miedo y otras sostenían algo de gracia burlona.
Aplaudieron como gesto de diversión y afán de petición morbosa, lo hicieron con entusiasmo y algarabía exaltando a la gente que se encontraba alrededor.
El viejo anacrónico, acalorado por su discurso inherente a la utilidad, alzó los brazos y siguió exclamando como un egregio frente a inocentes primigenios pseudo-espectadores.
De lejos una señora asustada miraba el cruel espectáculo y enseguida arrancó a su hijo de la pequeña multitud formada; lo mismo hicieron varias personas más inducidas por su moralina y recelo de espanto…

Una perfecta toma en blanco y negro logró capturar del hemisferio oriental al gato que permaneció inmutable sentado en el angosto balcón, viendo al extraño con ganas de preguntarle muchas cosas, entre ellas: el día de su muerte…
Miró la película entera de la cámara mientras incongruentemente se esfumaba el último recuerdo que había tenido.
Dejó su cámara en la mesa y se desvistió para darse un baño. Solo ansiaba sentir el agua helada caerle en la espalda y arrancarle la piel helándole los huesos. Una vez en el baño abrió el grifo dejando caer las primeras gotas tiritantes al suelo…
Verde era el color de ojos que lo observaba entre las tinieblas que venían de su recámara con amor y venganza a la espera de un «te amo».
Al rato que perdía la sensación del cuerpo entero le venia otro recuerdo…

La noche con aquella mujer que conoció en algún lugar cercano a un hotel, por que ese era el lugar de donde le venía el recuerdo débil de su interacción sexual, le resultó repugnante.
Eran las dos horas con catorce minutos de la mañana y estaba totalmente desnudo en un dormitorio con las ventanas abiertas de par en par, con un frío que lo invitaba a morir.
Sin embargo aquel cuerpo femenino desnudo lo abrazó fuerte sin dejarlo escapar y neutralizando la sensación aterida que estaba creciendo en el.
Lo botó contra la cama haciéndolo su presa y devorándo la última parte de su ser; la verdad no recuerda ni su rostro ni su nombre, lo único que le vino a la mente fue el montón de carne ardiente que lo rodeaba y lo extraño que sentía su cuerpo al ser unido de una forma tan poco natural ( «para el») como fue aquella madrugada.

Cerró de golpe el grifo y sujetó una toalla arropando con ella su espalda y pecho dirigiéndose a la cocina donde había dejado hervir algunas hoyas con agua y algo de yerbazo. Al entrar, el sitio parangonéabase a un sauna nocivo donde se perdía la cordura, la capacidad muscular y las reacciones emocionales. El humo y el gas invadía por completo la casa ya que había dejado surgir esa loca idea desde hace ya varias horas y una de las hornillas se apagó por los gotas de agua que caín seguidamente.
Arrastró una silla rústica de madera hacia el centro de la habitación sentando su cuerpo desnudo allí.
Se adivinaba difuminado a tientas un cuerpo cadavérico y mal alimentado espiritualmente que sujetaba una cabeza a punto de caerse de hostilidad al amor. Todas sus ideas se evaporaban junto a su infantil mortal experimento, sus palabras las ahogaba antes de salir y como resultado del olvido y el vacío, una lágrima seca escapó de su espíritu desairado evaporándose y tornando las nubes rubicundas y tenebrosas.
El viejo anacrónico reprimió su miedo y simplemente abrió las ventanas dejándose el también escapar por una de ellas, viendo a su alrededor cientos de aves ansiosas de su cuerpo. ¡Aves de muerte! y ¡Aves de gloria a María!.

Aquella fue la última tarde que tendría recuerdos que el creía eran pesadillas.
Así pues, lo hayamos caminando desnudo sin rumbo ni obligación. Al parecer hayó algo agradable en la banca del parque que miraba hacia la pila vacía y muerta, ya que se sentó y esperó que la muerte lo llevara…
Despedazaron su piel y lo llevaron como si se tratase de un instrumento, pieza por pieza hacia algún lugar que no existe.
El ocaso de esa tarde no bajó por una semana, como esperando que la noche esté preparada para no volver a espiar a aquel extraño personaje inolvidable para la existencia, mas, inexistente

INMORAL ETEREO
QUITO – ECUADOR

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