El acordeonista

Cuando toca el acordeón el dios de la música se mete en su cuerpo y lo domina. Se abstrae escuchando sus propias melodías y todo lo que ocurre a su alrededor es ajeno a él. Su cerebro se divide en dos, una parte para cada mano. Pero su alma se marcha lejos de su cuerpo, que se mueve al son de la música que toca, sin moverse de la silla. Vals, polcas, tarantelas…todo sale del movimiento rítmico de sus dedos y sus brazos. Sus manos se mueven con agilidad por las teclas y aunque da la sensación de que las acaricia, toda la fuerza de su cuerpo se concentra en ese movimiento.

Mientras la música sale del instrumento, sus pies marcan el ritmo. Se mueven como si tuvieran vida propia, independientes del resto de su cuerpo.

La habitación se llena de imágenes pertenecientes a los lugares de donde provienen los ritmos que toca. Cuando se le escucha uno puede imaginar un puente de París un día de lluvia. La melodía es lenta, triste y melancólica; y se acompasa al ritmo de la lluvia. La gente camina por el puente a paso rápido. Algunos llevan paraguas y otros no. Todos pasan de largo por delante del acordeonista, que no para de tocar, a pesar de la lluvia. Se refugia debajo del soportal de un edificio y toca y toca sin parar.

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4 comentarios sobre “El acordeonista”

  1. Creo que es imposible escuchar un acordeon sin pensar al menos un poquito en Paris, en una calle lluviosa, como tu dices, o en cualquier otro lugar.
    Siempre me gustaron los vals tocados por un acordeón, sobre cuando visité Lisboa, ¡estaba lleno de acordeonistas!. Creo que a su sonido siempre lo acompaña, al menos en mi cabeza, el sonido del ambiente de una calle, de pasos de gente, de pajaros que vuelan y canta, incluso de otros algo molestos como un coche que pasa. Por que el accordeon es un instrumento que suena mejor que en ningún lado en calle, en el accordeonista que toca con un estuche debajo lleno de pequeñas monedas. Un saludico

  2. Estando sentados en un banco en uno de los puentes de Paris, teníamos a un acordeonista enfrente tocando un vals. Sólo faltaba la lluvia, pero aquel músico y aquella música añadieron mucho encanto al momento.
    Los músicos callejeros de las ciudades deberían estar subvencionados.
    Muy bien expresada en tu texto la emoción que su propia música les causa.
    Saludos.

  3. Gracias por distraerme y hacer que me concentrara en esos detalles que se perciben solo estando ahi. Aun escucho esa melodía y esa lluvia golpeando el cemento. ¿Que historia existira detras de ese acordeonista? ¿Quien habra sido y como habra llegado cerca de ese puente Parisino? Aunque el texto solo nos acerque a esa sensacion al tocar en el musico, uno se pregunta o al menos yo, que hizo y quien fue. Un saludo a distancia Oceano.

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