Ellas

Era tan tarde que la noche parecía mezclarse con el infierno. En su habitación rugían los fantasmas. Nada más despertarse cayó en la cuenta de que debía llevar mucho tiempo tiritando. No era porque tuviera frío, en realidad estaba sudando.

Era tan posible que «lo de siempre» volviera, para devorarla, que permanecía sobre ella un escudo muy pesado que le tapaba los ojos. Se levantó de un golpe y se puso a dar vueltas por la casa. Estaba acostumbrada a la ansiedad, pero esa noche notaba que había algo más y estaba asustada. «No tienes nada que hacer», escuchaba.

«No tengo nada que hacer», pensaba ella. Pero sí que lo tenía. Debía ponerse en marcha para la lucha. Debía levantarse, alzar la mano, defender sus derechos, debía entender lo que la estaba pasando. Debía comprender que no merecía el castigo que se estaba imponiendo. Algo iba mal, había cosas que no encajaban en su mundo. Estuvo largos minutos con la mirada perdida y a continuación se dirigió al escritorio y comenzó a escribir:


«Hoy voy a contar mi historia. No porque sea diferente ni especial, si no porque es mía y para mi es sin duda, importante.
Me llamo Ancia, tengo 34 años y estoy sola.
Pero no sola de no tener familia y amigos. No, de eso tengo.
Tengo un marido maravilloso, que me adora y al que no amo. Porque es imposible amar a alguien cuando tu misma deseas destruirte .Tengo un hijo precioso, al cual adoro.
Un trabajo, un buen trabajo que odio con todas mis fuerzas. Amigos… Lo tengo todo pero en el fondo no tengo nada.
Estoy sola. Me siento sola. Me refiero de esa soledad que te congela el corazón y el alma a las cuatro de la mañana, la que te impide respirar y solo tienes ganas de que todo acabe.
Winston Churchill lo llamaba, su perro negro. Los médicos lo llaman depresión. Yo lo llamo, esa puta mierda que me ha tocado.
Hace siglos a la gente como yo, que aparentemente lo tenia todo y de pronto, boom.Se volvían apáticas, perdían las ganas de vivir.
A ellas ,se las encerraba en los asilos, antiguos psiquiátricos. La familia se avergonzaba de tener un débil mental. Así nos llamaban. Débiles mentales.
Un depresivo no es imbecil, no. Suelen ser mas inteligentes que el resto, porque ven el mundo en su crudeza, en su bestialidad y no pueden engañarse como el resto.No son capaces de ponerse un pañuelo en los ojos y fingir que todo esta bien.
Antes nos encerraban de por vida, ahora nos drogan, y la prisión acaba siendo tu propia mente. Los tiempos cambian, los métodos también, pero el resultado es el mismo.

Nunca fui una niña feliz, crecí acomplejada, insegura, insatisfecha.
Nunca nada era suficiente y yo no fui brillante en nada.
Odiaba mi cuerpo, como el 90% de las adolescentes, pero no era nada reseñable.
No se decir cual fue el detonante de todo. No puedo llegar a localizar el punto en el que mi vida cambio, en el que todo dejo de tener sentido. Solo se que me vi envuelta en relaciones que no me llenaban, porque prefería mil millones de veces estar con alguien horrible, que me maltrataba a estar sola. Además secretamente eso me gustaba, porque era lo que sinceramente creía merecer.
Los años pasaron, inexorablemente. Nunca fui capaz de mantener una relación sana, con alguien que realmente me valorase, porque en el momento que daba con un tipo asi,le hacia la vida imposible, le amargaba , le volvía loco y el pobre tenia que dejarme por su propio bien.
Y de nuevo, yo tenía motivos para odiarme. Era un círculo vicioso.
Lo curioso es que siempre he tenido éxito, no se muy bien porque. Quizás porque soy inteligente, y cuando tengo el día bueno, que son pocos, pero los hay, soy divertida, exuberante, dulce. Y eso atrae. Pero ese hechizo no dura mucho.
Enseguida me vuelvo una víbora, insegura y destructiva.
Eso es para mí odiarse, destrozar a todo y a todos a tu alrededor. Porque estas enfadada con el mundo, insatisfecha contigo misma y todos han de pagar.

Muchos estaréis diciendo, porque no fuiste al psicólogo? La terapia ayuda.
La terapia ayuda, si. Pero cuando tu realmente quieres que te ayudes esto es como un alcohólico. Vivo en el fango y me gusta revolcarme en el, porque siento que es mi sitio.
He ido al psicólogo, a muchos. Pero nunca he llegado a ir a la segunda consulta.
No me gustaba nada lo que me decían:
-Ancia, tu no tienes culpa de nada. La culpa es de tu padre/ madre/ pareja…

Eso me revolvía el estomago. Claro que era mi culpa! Mi mundo, mis reglas.
Si no era culpa mía, que sentido tenia entonces que todas las cosas horribles me pasaran a mí y que el resto pareciera tan feliz. Pareciera, una buena palabra. Ahora se que las apariencias engañan pero entonces para mi ser y parecer eran un todo…»

Marianela y Sandra.

9 comentarios sobre “Ellas”

  1. ¡Muy bueno! Es un excelente relato y yo lo sitúo en el lugar de los impresionantes… porque impresiona mucho al leerlo. Una historia de verdad acongojante pero, a la vez, llena de espléndidos racionamientos. A veces el mundo es incapaz de entender lo que pasa por la mente de personas lúcidas que hacen confesiones a la luz de la vida. Este relato es digno de leerse y de comentarse con gran detenimiento. De momento me ha impresionado. Más tarde volveré a analizarlo más despacio y a dejar más impresiones escritas. Y es que las impresiones escritas en este relato ayudan a comprender esas cosas que muchos no se pueden explicar pero que están dentro de los seres humanos. Por eso es tan humano. Felicidades por el texto. Se merece mi aplauso.

  2. Vamos por partes, Marianela. Los fantasmas de las noches infernales sólo producen miedo cuando no tienes suficiente Fe como para ignorarlos. La protagonista del relato, al parecer, necesita una pequeña ayuda. ¿Qué clase de ayuda?

  3. Quedarse encerrada en la casa solitaria no es una solución para combatirlos. Los fantasmas se esconden en los recuerdos familiares. Es necesario salir a la Luz para descubrirlos y hacer que desaparezcan para siempre.

  4. ¡Muy bien narrada toda la historia! Dando todos los pasos necesarios para poder ser comprensible y, sobre todo, creíble. Escribir una historia es fundamental. para escribir una historia no hay que olvidarse de los detalles significativos tanto a nivel externo como a nivel interno. Me parece que este relato lo consigue.

  5. Hay una terapia que nunca falla. Es la Fe. Si pones Fe en tu vida tu vida se convierte en Felicidad. Las demás terapias sólo son sucedáneos que nada solucionan llegada la hora de la verdad. No consiste en saber dónde está la raíz del problema y no hacer nada más que eso. Ese es el fallo de la Psicología. Sin embargo el Cristianismo verdadero no busca la raíz sino eliminar a la raíz. Esa es la gran diferencia.

  6. Al final cerráis vuestro relato con algo muy positivo: no es culpa de Dios que pasen cosas horribles sino que las apariencias engañan. Esa Gran Verdad con la que habéis terminado el relato es digna de ser muy bien comprendida. Me gustó la historia y cómo la habéis sabido desarrollar.

  7. Muy bueno, visceral.

    Da hasta miedo leerlo, hace estremecer la descripción del infierno nocturno alimentado por el vacío existencial.

    Viajar hasta ahí hace preferir la vida anodina, la que consume el cerebro inconsciente con eficiencia.

    El principio me ha hecho ponerme a buscar en Internet, gracias a eso he encontrado algo que me ha parecido interesante y que creo que merece la pena compartir (hay que copiar y pegar en el navegador en enlace):
    http://books.google.es/books?id=A8x-GVoFSykC&pg=PA51&lpg=PA51&dq=M%C3%BAsculo+Mental+de+Expulsi%C3%B3n+Voluntaria+de+Reservas+Mnem%C3%B3nicas&source=bl&ots=vrkOMCXzwk&sig=RoGplQ-S43D3jdVedlftAfyCXAM&hl=es&sa=X&ei=LPXSUpzTJMyb0wWIkIDoAw&ved=0CDEQ6AEwAA#v=onepage&q=M%C3%BAsculo%20Mental%20de%20Expulsi%C3%B3n%20Voluntaria%20de%20Reservas%20Mnem%C3%B3nicas&f=false

  8. Escribís «No tengo nada que hacer», pensaba ella. Pero sí que lo tenía. Debía ponerse en marcha para la lucha. Debía levantarse, alzar la mano, defender sus derechos, debía entender lo que la estaba pasando. Debía comprender que no merecía el castigo que se estaba imponiendo. Algo iba mal, había cosas que no encajaban en su mundo. Estuvo largos minutos con la mirada perdida y a continuación se dirigió al escritorio y comenzó a escribir. Exactamente yo digo ESO ES.

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