Entrevista con un mameluco (Entrevista)

Me encuentro en la ciudad más grande de Nepal, Katmandú para los que no lo sepan, buscando a algún personaje interesante a quien poder entrevistar. No busco a ningún budista porque los budistas me aburren con sus salmodias y monsergas pseudo religiosas y pseudo filosóficas. Yo no fui jamás un hippy de los años 60 del siglo XX sino alguien que soñaba con la ocasión de poder decir que el famoso Mayo del 68 me importó menos que una «señora» de La Ballesta y eso que lo que es a mí las «señoras» de La Ballesta madrileña o no madrileña me han importado menos que un carajillo; así que, buscando un lugar donde poder tomarme un carajillo, deambulo por las calles de esta ciudad tan «adorada» por aquellos hippys de cabellos largos y de ideas cortas (y es que pensando en ellos se me viene a la memoria Schopenhauer y me entra la risa). Sin poder aguantarme las ganas de reír he llegado, sin darme ni cuenta ya que iba comiendo mi bocata de chorizo, hasta El Templo de los Monos y, a pocos metros de la entrada, he encontrado lo que buscaba: ¡un mameluco!. Así que presento mi carnet de periodista al mameluco y éste se pone enormemente contento y empieza a hacer morisquetas cuando le digo que voy a entrevistarle y va a ser conocido en el mundo entero. Unas lágrimas han aparecido en los ojos del mameluco.

Diesel.- ¿Por qué llora usted, mameluco?
Mameluco.- Lloro de felicidad.
Diesel.- ¿La felicidad también sabe de lágrimas?
Mameluco.- Si no hay lágrimas no hay entrevista…
Diesel.- No se me enfade usted tan pronto, señor mameluco, porque le prometo que esto de que usted está llorando lo voy a poner en la entrevista. ¿Se le ha terminado ya el llanto?
Mameluco.- El llanto es mi canto.

Aprovecho sus últimos lagrimones para sacar dos limones…

Diesel.- ¿Te apetece un limón?
Mameluco.- Prefiero un melón.
Diesel.- Pues como melón no llevo en mi macuto de viajes porque terminaría por pudrirse con este calor tan agobiante del año 2014 después de Jesucristo… ¿me puedes decir cómo nacéis los mamelucos mientras nos sentamos en el suelo?…

Nos sentamos en el suelo los dos.

Mameluco.- Como todos los demás. Nacemos de nuestras madres.
Diesel.- Eso es muy interesante para una revista como «Nature», pero, mira por donde, yo no soy de esa revista y lo que te estoy preguntando es por vuestros orígenes y no por la forma que tenéis de nacer.
Mameluco.- Es que yo creía…
Diesel.- Pues deja de creer tonterías y dime cuales son vuestros orígenes.

Otros cuantos lagrimones surgen de los ojos del mameluco y necesito esperar diez segundos para que conteste.

Mameluco.- Nacimos como esclavos turcos del Asia Central.
Diesel.- ¿Puedes ser más concreto?
Mamelucos.- De las zonas del Mar Negro.
Diesel.- Más concreto, por favor, y no te pongas tan nervioso que no pasa nada de nada por decirlo.
Mameluco.- Del sur de Rusia y de las regiones del Caúcaso. Nacíamos como esclavos y los traficantes rusos nos vendían a los ayyubíes.

Le hago una señal para que descanse un poco porque le veo muy emocionado; así que aprovecho para relajar la tensión.

Diesel.- Muy interesante eso de los ayyubíes. ¿Quiénes son los ayyubíes? Yo si lo sé pero prefiero que lo cuentes tú que eres el importante en la entrevista porque en una buena entrevista el periodista es secundario y no como sucede con algunos, como Jesús Hermida, que se las dan de demasiado interesantes y opacan al entrevistado. ¿Puedes decirme quiénes son los ayubbíes?
Mameluco.- Los ayyubíes eran del linaje de los sultanes de Siria y Egipto y de origen kurdo. Todavía hay alguno que otro saltando de risco en risco por los Montes Zagros.
Diesel.- Eso también es muy interesante pero me lo conozco de memoria porque hace años estuve con ellos en una fantástica aventura tras la muerte de Sadam Hussein.
Mameluco.- ¿Has estado con los kurdos?
Diesel.- Pues sí. He estado con los kurdos y gracias a Dios que puedo contarlo.

El mameluco se vuelve a emocionar y suelta otros cuantos lagrimones mientras yo aprovecho este nuevo lapsus para exprimir uno de los dos limones y refrescarme la garganta. El otro limón lo arrojo a un cubo de basura encestando a la primera.

Mameluco.- Ya estoy recuperado de nuevo…
Diesel.- Perdona la indiscreción pero… ¿qué hacían los ayyubíes con vosotros?
Mameluco.- ¿Tengo que contar las intimidades?
Diesel.- No. No trabajo para revistas de ese tipo. Me hicieron una oferta desde «Mango» pero la rechacé porque ni soy de esa clase de periodistas ni soy de esa clase de personas. Así que no me cuentes intimidades que, además, podemos fácilmente imaginarlas.

El mameluco sonríe aliviado antes de contestar…

Mameluco.- Recibíamos preparación militar y educación islámica en una escuela de El Cairo.
Diesel.- ¡Joder con los ayyubíes! Perdona la expresión pero es que veo que no perdían el tiempo para adoctrinar en nombre de Alá y su profeta. ¡Joder con los ayyubíes! ¿Y qué más hacían con vosotros?
Mameluco.- ¿De verdad que no puedo contar las intimidades?
Diesel.- De verdad que no trabajo ni para «Mango» ni para «Interviu». Soy de los periodistas serios de verdad cuando estoy serio de verdad. ¿Qué más?
Mameluco.- Recuerdo que cuando se completaba nuestra formación tanto militar como islámica por todo ese cachondeo de la guerra santa contra los infieles que es en verdad un cachondeo en el que nadie que tenga dos dedos de frente y un gramo de luces puede creer porque ninguna guerra puede ser santa y mira que somos ignorantes si nos lo llegamos a creer.
Diesel.- Abrevia, por favor.
Mameluco.- Pues sucede que además de adiestrarnos para la guerra santa que es una estupidez porque no puede existir ninguna guerra que sea santa y eso sólo se lo creen los faltos de inteligencia, salíamos ya como hombres libres.
Diesel.- ¿Después de haberos comido el coco con lo del islam y la guerra santa?
Mameluco.- ¡Exacto! ¡Así actúan desde que Mahoma se lo ordenó! Claro que lo de Mahoma también es otro cachondeo.
Diesel.- Concéntrate ahora en lo que te pregunto porque lo del cachondeo de Mahoma me lo sé de memoria. ¿Qué pasaba después?
Mameluco.- Que aunque nos decían que éramos ya libres nos enrolaban, de inmediato, en el cuerpo de los mamelucos reales.
Diesel.- ¡Joder con los ayyubíes! Perdona la expresión pero es que los pavos no pierden el tiempo en sensibilidades ajenas. ¿O no es cierto?
Mameluco.- Para los musulmanes las sensibilidades ajenas, incluídas las de las mujeres de sus harenes, no cuentan para nada. Lo sé por experiencia propia. Ni las lágrimas de mis ojos les conmueven. Tú sin embargo sí que eres humano.
Diesel.- No hablemos de mí porque entonces no acabamos en todo el día. ¿Qué os ofrecían los ayyubíes para que pudiérais subsistir?
Mameluco.- Tacaños son un huevo como lo han sido toda la vida pero, como les convenía utilizarnos de grupos de choque e incluso como escudos humanos, recibíamos unas tierras para poder mantenernos; y, ademá, un caballo y equipamiento. El caso es que teníamos que estar preparados para la guerra cuando a ellos les saliera de los huevos.
Diesel.- Hagamos un descanso para almorzar y luego seguimos. No te preocupes porque esto lo paga la Redacción.
Mameluco.- ¿Qué Redacción?
Diesel.- La que me ha contratado para esta exclusiva de carácter mundial. Por cierto… ¿cómo te llamas para poder ponerlo en la entrevista?…
Mameluco.- Mam el-Uk’o.

Me entra la risa y me marcho con él en busca de un buen restaurante. Elijo el «Mahaaja» porque nos sirve una mesera muy maja y nos hartamos de comer sopa de miso. Original, única, excelente tanto la mesera muy maja como la sopa de miso que resulta que es una pasta aromatizante fermentada, hecha con semillas de soja, cereales y sal marina. Y como no tengo presupuesto suficiente le aviso al mameluco que con la sopa de miso ya tenemos suficiente pero él, agradecido por la entrevista que vamos a continuar, me dice que lo comprende y que él paga la cuenta; con lo cual estoy totalmente de acuerdo, después de soltar un par de lagrimitas para dar emoción al asunto, porque así tengo para tomarme un café cuando me quede otra vez más solo que la una en un país extranjero como tantas veces me ha sucedido. Volvemos al punto de encuentro…

Diesel.- ¿Algún contacto más de aquellos lejanos tiempos y que sea digno de decir que fue interesante?
Mameluco.- ¿A qué clase de contactos te estás refiriendo?
Diesel.- No te pongas histérico perdido. Me refiero sólo a contactos históricos.

Mameluco rememora con nostalgia…

Mameluco.- Todo comenzó en el Irán oriental con la dinastá Samánida…
Diesel.- Para el carro un momento, lanzado; que vas demasiado lanzado me parece a mí. ¿Te refieres a Samánida o a Sasánida? ¿Conoces la diferencia?

Maleluco vuelve a la realidad…

Mameluco.- He dicho Samánida pero… ¿exitió también la Sasánida?
Diesel.- Por hacerte un favor para que no pases ante los demás como un inculto, resulta que las dinastías Samánida o Samaníes, que en persa se dice Samaniya, fueron una de las primeras dinastías de emires iraníes que ejercieron su poder en las provincias orientales de Irán después de la conquista árabe. Se los recuerda principalmente por su labor de mecenazgo, fundamental en el desarrollo de la literatura persa post-islámica, también conocida, y yo la conozco a la perfección gracias a mi inmensa capacidad de conocimeitnos literarios que poseo, neopersa. Te estoy hablando de un tiempo comprendido entre los años 819 y 999. Mientras que la Sasánida fue fundada por Ardacher I tras derrocar al último rey arsácida, Artabán IV y, dicho sea de paso, Artabás fue un futbolista del Real Oviedo de España que no hay que confundirlo con Artabe que también jugó en el mimso equipo… ¿por dónde iba yo?
Mameluco.- Por Ardacher I y Artabán IV si no me estás tomando el pelo.
Diesel.- No te estoy tomando el pelo, mameluco. El caso es que la Dinastía Sasánida terminó cuando el último Shahanshah, que quiere decir Rey de reyes para los musulmanes que se creen esa tontería, sasánida Yazderg III, muerto en el 651, perdió una prolongada guerra de 14 años contra el primero de los califatos islámicos. El territorio del Imperio persa sasánida comprendía los actuales países de Irán, Irak, Armenia, Afganistán y partes del este de Turquía y Siria, además de parte de Pakistán, el Cáucaso, Asia Central y Arabia.
Mameluco.- ¡Menudo pifostio hay ahora armado en toda esa zona!
Diesel.- Sí; pero ni a ti ni a mí nos importa porque ya dice el dicho lo de «zapatero a tus zapatos» y lo de «ir por lana y salir trasquilados» así que sigamos con lo nuestro y que se maten todo lo que quieran entre ellos porque a nosotros ni nos dan de comer ni falta que nos hace. A mí, particularmente, no me dan de comer ni Alá ni Jehová, sino Jesucristo. ¿Lo has entendido bien, mameluco?
Mameluco.- Completamente muy bien. Claro, concreto y conciso.
Diesel.- Pues entonces dejame terminar con mi clase magistral antes de seguir preguntándote y si quieres tomar notas tomas notas y si no quieres tomar notas no tomes notas porque tampoco me importa eso. Una vez todo aclarado entre tú y yo, te cuento que resulta que, además, durante el gobierno de Cosroes II, se anexionaron al imperio los territorios de los actuales Egipto, Israel, Jordania, Líbano y los Territorios Palestinos y mira bien que no digo nación palestina sino Territorios Palestinos para aclarar muchas dudas propias de los muchos ignorantes que hay hoy por el mundo, llegando a ejercer un «protectorado» sobre territorios actualmente correspondientes a Omán y Yemen. De todo ello deduzco que los mamelucos sois, más bien, muy antiguos; algo así como Benito poco más o poco menos.

El mameluco abre los ojos sorprendido del todo.

Mameluco.- ¿Quién es ese Benito tan antiguo?
Diesel.- Dejando a los que todavía llevan boina a un lado, yo me estoy refiriendo a Bentio de Nursia, nacido en 2l 480 y muerto, en Montecasino, que no digo en el Casino de Montecarlo sino en Montecasino para seguir dejando bien claras las cuestiones históricas. (Risas).
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- Prosigamos que la noche ya se acerca y es peligroso pasar la noche en El Templo de los Monos por si llega Tarzán y se enfada con nosotros.

El mameluco no entiende nada de nada de lo que estoy diciendo ahora…

Diesel.- No te esfuerces en comprender porque no intento que seas Burroughs y que conste que no he dicho burro. Así que olvidemos a los tíos con boina. (Risas).
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!

Diesel.- Continúa con la confusa historia de los tuyos…
Mameluco.- Sí que fue en esos tiempos muy confusa porque nos vimos metidos de lleno, sin quererlo, en una lucha sin cuartel entre los samánidas persas y los entonces turcos paganos de Asia Central. Los mamelucos, por aquel entonces ya turcos perdidos del todo en medio de todo el maremagnum del islam, resultamos ser de vital importancia por nuestras aptitudes militares. De esta manera llegamos a ocupar puestos políticos muy importantes y a ganarnos la confianza en el régimen samánida. De nosotros salió la Dinastía Gaznávida.
Diesel.- ¡Atiza! ¡Otra Dinastia más! ¿Sabes algo importante de los Gaznávida? ¿Algo que pueda entretener a mis lectores y, sobre todo, a mis lectoras que me interesan mucho más que mis lectores dicho sea de paso?
Mameluco.- Sí. Una muy interesante para tus guapas lectoras. Resulta que el jefe mameluco Balka Tigin murió en 972 por culpa de un flechazo que creo que fue amoroso. (Risas).
Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajajaja!!!
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jalapa!!!

Nos pasamos unos largos minutos revolcándonos por el suelo mientras no paramos de reír hasta que nos ve una linda chavala nepalí y nos recrimina porque cree que somos dos gamberros. Así que nos levantamos del suelo y, una vez que se ha ido ya la guapa nepalí, nos vuelve a entrar otro ataque de risa.

Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- Ya está bien, mameluco, que se van a creer que nos estamos riendo.
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja! ¡¡¡Jajaja!!!
Mameluco.- ¿Puedo continuar con la vulgar respuesta a tu genial pregunta?
Diesel.- Pero otra vez sentados.

Nos sentamos de nuevo en el suelo y seguimos charlando como si nada hubiera ocurrido…

Mameluco.- Un hecho similar sucedió en el centro del Califato Abásida, Bagdad, donde en el siglo IX…
Diesel.- ¿Después de Jesucristo?
Mameluco.- ¡Exacto! ¡Tú lo has dicho! ¡Después de Jesucristo!
Diesel.- Cuenta, cuenta…
Mameluco.- La guardia califal comenzó a ser nutrida, gracias a la lealtad samánida, de mamelucos turcos. Aquí, a medida que los califas se debilitaban, los esclavos empezaron a ganar poder, dando lugar a un caso similar a lo que sucedió en el Imperio Romano con la Guardia Pretoriana. Uno de estos mamelucos de Bagdad, Ahmad ibn Tulún….
Diesel.- ¿Has dicho Tulún o has dicho Tilín? (Risas)
Mameluco.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Diesel.- Para ya de reír, mameluco, que estamos llamando mucho la atención de los peatones.
Mameluco (parando de reír).- Tulún, no Tilín ni Tolón, sino Tulún. (Risas).
Diesel.- ¡Jajaja! ¡¡Jajaja!! ¡¡¡Jajaja!!!
Mameluco.- Que va en serio, periodista, porque fue capaz de, independizando a Egipto, fundar una dinastía hereditaria, la de los Tuluníes. Pero el caso de mayor importancia sería el ejemplo dado en Egipto durante el siglo XIII.
Diesel.- ¿Después de Jesucristo?
Mameluco.- ¡Por supuesto que después de Jesucristo! ¡Lo admito como La Gran Verdad!
Diesel.- Espera un momento que vamos a fumar dos canutos…

Y ante el susto del mameluco que se cree que le voy a ofrecer un porro, saco dos cigarrillos Chesterfield y le doy uno a él como regalo por ser tan sorprendente fuente de altos conocimientos culturales. Terminamos de echar humo…

Mameluco.- ¿Te lo cuento o no te lo cuento?
Diesel.- Cuéntalo con detalles importantes, por favor. ¿Qué pasó con los mamelucos en Egipto durante el siglo XIII después de Jesucristo?
Mameluco.- Los mamelucos de Egipto provenían de Ucrania y Rusia meridional… ¡y menudo pifostio se está armando también por allí!
Diesel.- Que te repito que me lo sé de memoria pero no me interesa para nada saberlo porque allá los unos con sus avaricias y allá los otros con sus ambiciones. ¿Entendido, mameluco?
Mameluco.- Entendido… pero como eres periodista…
Diesel.- Soy periodista pero estoy liberado… así que paso de todas las ideologías habidas y por haber…
Mameluco.- En un principio, eran del pueblo turco Kipchal o Cumano.
Diesel.- Digamos que Cumano para no complicarnos la existencia con nombres raros. Por cierto, quizás tú no sepas que los cumanos son un exónimo en Europa Occidental.
Mameluco.- ¡Zambombas! ¿Qué es un exónimo?
Diesel.- Sólo te lo voy a decir una vez porque yo ciertas cosas no las repito; así que pon atención o toma nota o haz lo que quieras como les digo siempre a mis alumnos; porque no me importa si ponen atención o toman notas o hacen lo que les de la gana mientras en el cole me pagan el sueldo cada mes. ¿Entendido, mameluco?
Mameluco.- Entendido del todo. Pondré atención.
Diesel.- Un exónimo, del griego «ex» o «fuera de» y del griego «onoma» o «nombre», es la denominación con la que una comunidad de hablantes se refiere a un lugar que se encuentra fuera del ámbito de influencia de su propia lengua. Por contra, se conoce como endónimo a la forma con la que los habitantes del lugar referido se refieren al mismo en la lengua autóctona. La voz es un tecnicismo propio del ámbito de la lingüística, pero como los de la Real Academa de la Lengua de España sólo sirven para echarse la siesta en los butacones pues pasa que nunca están al día. ¿Te sigo explicando lo de los cumanos?
Mameluco.- Interesante. Muy interesante todo.
Diesel.- El pueblo cumano habitó el norte del Mar Negro y el río Volga y se asentó en diversas partes de Europa central y oriental como en Hungría y Rumanía durante el siglo XIV. Hablaban el cumano, hoy una lengua muerta documentada en el «Codex Cumanicus», un manual lingüístico usado por los misioneros católicos. Sigue ahora con tu rollo…
Mameluco.- El comercio de mamelucos del Mar Negro estaba a cargo de los mercaderes genoveses.
Diesel.- ¿Has dicho genoveses?
Mameluco.- He dicho genoveses.
Diesel.- ¿De esos que siempre le echan la culpa a los españoles cuando ellos son los culpables aunque se llaman humanistas?
Mamelucos.- De esos.
Diesel.- Interesante. Muy interesante todo. Sigue.
Mameluco.- Llegado a Egipto, y una vez admitido en una escuela, llamada Hilqa o Tibaq, cuya misión consistía en convertirlo en mameluco esclavo, el joven cautivo pasaba a estar bajo un instructor que sería el responsable de su formación militar, la al-furusiya, y bajo su supervisión se le sometía a un adiestramiento especialmente riguroso.
Diesel.- ¿Y esos son los que hablan de amor hacia los demás?
Mameluco.- Son así de hipócritas.
Diesel.- Ya lo sabía yo desde mis años de infancia pero es bueno que lo sepan mis lectores y, sobre todo, mis lectoras. Continúa.

Mam el-Uk’o se toma un respiro, mete aire en sus pulmones, y continúa.

Mameluco.- ¡Aquí va todo lo que yo sé de ese asunto en Egipto! Una vez recibida la instrucción militar por el sultán o sus jefes, pasaban de ser esclavos a hombres libres, si bien sujetos por lazos que recuerdan las fórmulas de servilismo del sistema feudal europeo.
Diesel.- Preciosa libertad, sí señor, preciosa libertad. ¿Te parece a ti preciosa libertad?
Mameluco.- ¡Una mierda de libertad!
Diesel.- Cuenta más por favor…
Mameluco.- Entre los mamelucos estaban los pertenecientes a una elite especial, la del cuerpo de mamelucos reales, quienes habían sido comprados, instruidos y liberados por el propio sultán, y tenían una guarnición en la ciudad del El Cairo. Su igual procedencia, el uso por ellos de la misma lengua distinta de los territorios donde se instalaban, su misma condición militar, su reconocido prestigio en el arte de la guerra y la historia personal de cada uno, similar a sus compañeros, les hicieron convertirse en un poder en sí mismo que no tardó en formar su propio sultanato. Hubo un total de 54 sultanes, la mitad de ellos barhíes turcos y la otra mitad buryíes de origen caucasiano.
Diesel.- ¿Y tú que dices de todo eso?
Mameluco.- ¡Una mierda de libertad!

Como le veo muy enfadado cambio de asunto para terminar ya con la Entrevista.

Diesel.- Dando un salto en la Historia para no ponernos pesados… ¿qué tal os fue con Napoleón, el gran héroe de los franceses que dicen que Europa acaba en los Pirineo como señalando que los españoles somos salvajes o algo parecido?

Otra vez veo lagrimones en los ojos del mameluco…

Mameluco.- Pido perdón a España.
Diesel.- No es necesario. Estáis perdonados porque sois ignorantes. Pero cuenta para que el mundo se entere…
Mameluco.- El primer escuadrón de mamelucos fue formado en 1801 por 240 soldados, que regresaron con el Ejército de Oriente de la expedición en Egipto. Numerosos mamelucos formaron parte del ejército napoleónico, entre ellos Rustam Raza, quien sería el sirviente personal y guardaespaldas de Napoleón Bonaparte. Constituyeron un escuadrón adscrito a los cazadores a caballo de la Gaurdia Imperial y sirvieron en Bégica siempre como represores contra la libertad de los pueblos conquistados con las armas y en contra de la libre voluntad de esos pueblos. Tras la batalla de Austerlitz, se convirtieron en un regimiento. Los mamelucos entraron en España en marzo de 1808, llegando a Madrid. Formaron parte de la escolta de honor del soberbio, vanidoso y cruel Gran Duque de Berg, el asesino Joachim Murat, y fueron acuartelados en Carabanchel. donde les sorprendió el levantamiento del 2 de mayo. Tras la caída del Primer Imperio. se dispersaron. Muchos de ellos fueron asesinados en Marsella durante el Terror Blanco.
Diesel.- ¿Puedes repetir esto último para dejarlo bien claro y sin duda alguna?
Mameluco.- Muchos de ellos fueron asesinados en Marsella durante el Terror Blanco.
Diesel.- ¿En la muy célebre y culta Marsella de «La Marsellesa»?
Mameluco.- Prefiero no decir nada… por no soltar una palabrota muy fuerte…
Diesel.- ¿Porque en la muy célebre y culta Marsella de «La Marsellesa» os asesinaron a casi todos?

Los lagrimones salen de nuevo a relucir en los ojos del mameluco.

Mameluco.- Sí. Vuelvo a repetir que son unos hipócritas.
Diesel.- Además de fariseos… ¿no es cierto?…
Mameluco.- Además de fariseos.
Diesel.- ¿Qué te parece «La Marsellesa», mameluco? Dicen que es el Himno más bonito de todos los que hay en el Universo de los Himnos…
Mameluco.- ¡Una brutalidad!
Diesel.- Perfecto, amigo. Eso es lo que quería yo aclarar pero tú lo has explciado mejor que nadie. Pero… como curiosidad final… ¿tú crees que Napoleón estaba como una cabra?
Mameluco.- Peor que como una cabra. ¡Estaba como una chota!
Diesel.- ¿Y eso de ponerse una mano en el pecho y la otra en la espalda?
Mameluco.- Quizás proque anuncicaba lo de «Entre pecho y espalda pastillas Valda» que lo he oído decir mucho a los españoles.
Diesel.- ¡¡¡Jajaja!!!

Le abrazo al mameluco y me despido de él. Paseo con las manos dentro de los bolsillos de mi pantalón mientras en mi mochila llevo todos los folios que, una vez llegado al Peak Point Hostel donde resido, comienzo a enviarlos a la Redacción a través de mi inseparable computadora portátil. Espero haberme ganado un buen café además de un buen sueldo y que Jesucristo me siga bendiciendo.

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