Filosofía para todos (1): Introuducción.

Si la Política es el Arte de gobernar los pueblos, la Filosofía es el Arte de gobernarnos como personas. ¿Y qué es la persona? La persona es el ser humano, hombre o mujer, que piensa, medita, razona y expresa antes de actuar. En este sentido la Filosofía es anterior a nuestras acciones porque se elabora en nuestras mentes antes de que actuemos en algún sentido ante las problemáticas que van surgiendo en nuestro convivir diario para con nosotros mismos y para con la sociedad. Ser filósofo o ser filósofa es, en el sentido exacto y verdadero de la palabra, ser seres vivos que demuestran sus principios y sus valores al llevar a cabo algún acto porque usan el raciocinio unido a la sensibilidad. Con la Filosofía nuestro cerebro se pone al servicio de nuestro corazón y, todo ello, gracias a que poseemos alma. Cuerpo, alma y espíritu: las tres claves esenciales para entender lo que es la Filosofía y ser filósofos y filósofas de nuestras existencias.

Según las páginas de Wikipedia, en Internet, la Filosofía (del latín «Philosophia», y este del griego que significa «amor por la sabiduría») es el estudio de una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje. Al abordar estos problemas, la Filosofía se distingue del misticismo, el esoterismo, la mitología y la religión por su énfasis en los argumentos racionales por sobre los argumentos de autoridad, y de la ciencia porque generalmente lleva adelante sus investigaciones de una manera no empírica, sea mediante el análisis conceptual, los experimentos mentales, la especulación u otros métodos a priori, aunque sin desconocer la importancia de los datos empíricos.

Si a la persona se la mide según sean sus comportamientos sociales, está claro que la Filosofía es fundamental para medir a la persona. ¿Qué soy? ¿Qué es el mundo? Tenemos una respuesta en la página de «Profesor en Línea»: La filosofía es un conocimiento, un saber de los tantos que posee el hombre, que resulta de una actividad que se llama filosofar. Hay algunos que sostienen que no se puede enseñar filosofía, pero sí a filosofar. Pero ¿qué es esto de filosofar y de dónde surge? El hombre comienza a filosofar cuando pierde todas las certezas que tenía, cuando todo a su alrededor se tambalea y no tiene a dónde agarrarse para no caer. Esto es así porque la filosofía pretende ser un saber sin supuestos; es decir, que no parte de nada anterior a sí mismo. Todos los otros conocimientos del hombre parten de un conjunto de supuestos que no se discuten. La filosofía, en cambio, pretende ser autónoma, no depender de nada. Por lo tanto las preguntas que la filosofía se plantea, y que trata de responder, son las más fundamentales para el hombre: ¿Qué soy yo y qué es el mundo? Dentro de estas preguntas esenciales se hallan contenidas una cantidad de preguntas derivadas, como qué es la vida, qué es el bien, qué es el amor, qué es la felicidad. Cuando se trata de contestar a estas preguntas en forma sistemática y objetiva; es decir, prescindiendo de preferencias personales, se está filosofando, se está haciendo filosofía.

Estoy de acuerdo en lo esencial del párrafo, pero tengo que puntualizar que algunos detalles del mismo no concuerdan con mi forma de ser y mi manera de expresar mi forma de ser. En primer lugar no debemos ya decir, por más tiempo, que la filosofía es un saber de los tantos que posee el hombre, sino un saber de los tantos que posee el ser humano, porque resulta que al hacer hincapié en decir hombre se está eliminando a las mujeres. Debido a que soy comunicador social de la ONG MUAD (Mujeres Unidas Apoyando al Desarrollo) entiendo que mi obligación no es de hablar de los hombres sino de hablar de los seres humanos, puesto que mi experiencia me ha demostrado que he conocido a muchísimas mujeres que tienen tanta sabiduría e incluso mucha mayor sabiduría que la gran mayoría de los hombres. Luego la Filosofía (aunque haya sido dominada durante la mayor parte de los siglos de la existencia humana por los hombres) debe ser considerada como producto de la mente humana y creo firmemente que la mente de las mujeres es tan humana como la mente de los hombres. En muchos casos incluso más.

Las otras dos objeciones con las que discrepo son eso de perder la certezas para poder empezar a filosofar y ser objetivos. Con ninguna de esas dos cuestiones estoy de acuerdo porque si perdemos las certezas no estamos capacitados para plantearnos cuestiones que resultan transcendentales y nos quedamos hablando (no filosofando sino solamente hablando) de temas triviales, banales, sin importancia alguna para la persona humana. Una persona humana que comienza a filosofar sin ninguna clase de certezas es una persona que no tiene consistencia alguna en lo que propone demostrar y eso invalida a dicha persona como ente que filosofa. Sin certezas no hay ningún tipo de seguridad en lo que se dice y si esa seguridad apriorística no existe, no se puede desarrollar la filosofía de un ser humano. Como existen esas certezas es por lo que afirmo que no se puede ser objetivo. Es imposible ser objetivo cuando de filosofar se trata porque todos los seres humanos somos subjetivos dentro de nosotros mismos. Lo que es necesario tener en cuenta, y en eso sí concuerdo con lo expuesto por dicho «profesor en línea» es que, sin dejar de ser subjetivo porque eso es imposible, debemos filosofar sobre cuestiones planteadas de manera objetiva, lo cual sí es posible.

La objetividad que se plantea ante una discusión filosófica no es una ausencia de subjetividad de los filósofos (hombres o mujeres) sino un conjunto de subjetividades que buscan una respuesta final lo más objetiva posible. Si no existiese la subjetividad sería imposible mantener controversias y debates filosóficos porque todos seríamos iguales y pensaríamos exactamente lo mismo; lo cual es totalmente erróneo y hasta falso. La tan cacareada objetividad de los filósofos y filósofas es una entelequia y es necesario saberlo para poder entender, con total claridad, qué es la Filosofía y qué busca la Filosofía.

Cuando los seres humanos comenzamos a filosofar, por muy jóvenes que seamos (digamos durante la adolescencia) ya tenemos un gran cúmulo de conocimientos dentro de nuestro pensamiento luego es totalmente equivocado y falso que tengamos que partir de la anda, del cero absoluto, para comenzar a filosofar porque eso es del todo imposible. Siendo yo un adolescente ya tenía en mi interior una gran cantidad de conocimientos y, aunque algunos pertenecían a la categoría de las dudas razonables, había también muchos que eran realmente certezas y con los cuales comencé a filosofar. Recuerdo «Confesiones de un pequeño filósofo» de José Martínez Ruiz, «Azorín». Begoña Ortega lo ha expuesto con gran claridad.

Esto es lo que dice Begoña Ortega: «Las confesiones de un pequeño filósofo se imprimió en 1904, y fue el último libro que Azorín firmó como José Martínez Ruiz. Es la tercera parte del conjunto autobiográfico del que forman parte La voluntad (1902) y Antonio Azorín (1903), y en todas ellas el protagonista es el mismo autor de la obra. Confesiones de un pequeño filósofo narra su infancia, su colegio, sus familiares, su juventud, etc. El libro se compone de capítulos muy cortos de apenas dos páginas, en los que recuerda su vida en Yecla, pueblo en el que sucede la acción de esta obra. Sin embargo no cuenta una historia en sí, sino que se dedica a recordar y a contar su vida desde la perspectiva que tenía siendo un niño pero mezclado con observaciones que hace en el momento en el que escribe. No obstante, la obra la escribe siendo ya adulto, en el mismo pueblo en el que creció, por lo que se ve invadido por los recuerdos de aquel lugar. Resulta llamativo el punto de vista desde el que lo hace, en primera persona y como si estuviera realmente presente en el pasado. En ocasiones utiliza el tiempo presente para acercar al lector a su recuerdo, pero también lo mezcla con el pasado para insistir en la idea de que se trata de varios recuerdos. Básicamente el libro es eso, un conjunto de recuerdos de su infancia. No hay trama ni historia, el protagonista es él y los personajes las personas con las que compartió su infancia, como sus compañeros de clase, sus profesores o sus familiares. Por todo ello, como se ha explicado antes, toda la novela en sí es una digresión, ya que está escrita a partir de las divagaciones del autor, que es el mismo protagonista de la obra. Tampoco sigue un orden cronológico, de hecho no hay línea temporal, sino una sucesión de recuerdos apenas ordenados en el tiempo. En ocasiones da la sensación de que los capítulos no tienen relación entre sí, que tan sólo son ocurrencias del autor, como ocurre con los capítulos de «Las puertas» y «Las ventanas», en las que se dedica a describir la sensación que le producen dichos objetos. Pero lo llamativo de Azorín es cómo hace de algo tan simple como es una puerta un breve capítulo de su novela y cómo lo finaliza con una breve reflexión: No hay dos puertas iguales: respetadlas todos. Yo siento una profunda veneración por ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único, supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o nuestro infortunio… Algunos capítulos se pueden recoger en dos bloques: los que tratan sobre familiares, y los que hablan sobre los Padres de su colegio (religioso) y su vida en él. En la mayoría de ellos utiliza el tiempo pasado y presente. Primero hace una referencia a la realidad en la que está escribiendo (Recuerdo…) y más tarde cuando habla del personaje utiliza el verbo presente (está, lleva, creo, guardo…) También es destacable el reiterado uso del «Yo» que hace el autor, de modo que deja claro el carácter autobiográfico de la obra. En ocasiones también se dirige directamente a los lectores (os diré, como veréis…). Por último hay destacar los últimos capítulos del libro, en los que describe cómo caminando por las calles y visitando el colegio de su infancia los recuerdos han surgido y han permitido escribir la novela. Y es un sentimiento con el que el lector se puede sentir identificado: Toda mi infancia, toda mi juventud, toda mi vida han surgido en un instante. Y he sentido – no sonriáis- esa sensación vaga, que a veces me obsesiona, del tiempo y de las cosas que pasan en una corriente vertiginosa y formidable».

A esto se le llama filosofar desde la misma infancia o adolescencia; a plantearse problemas metafísicos a través de experiencias personales que le hacen ser a «Azorín» no solamente un escritor de novelas sino, también o en mayor dosis quizás, un pequeño filósofo que está digresando con sus recuerdos para formar un «corpus» filosófico que, enraizado en sus certezas, plantea una forma de ver la vida. ¿Y no busca la Filosofía una forma de ver la vida, de sentir la vida y de experimentar la vida? Si no fuera de esta manera, la Filosofía sería una materia muerta en lugar de lo que es: un motor vivo de nuestro pensamiento.

¿Qué busca la Filosofía? He aquí, en primer lugar, algo que encuentro en Internet: «Si hubiera que resumir en pocas palabras qué es la Filosofía, se podría afirmar que la filosofía es la búsqueda de respuesta a 4 pregunta principales:¿Cómo debemos comportarnos? ¿De qué está hecho el mundo? ¿Qué puedo conocer del mundo? y ¿Quién organiza el mundo?». Estamos hablando de Ética, Ontología, Epistemología y Teología. ¿Qué conducta está bien y cuál está mal? ¿Por qué el mundo es como es? ¿Qué puedo conocer del mundo y cómo? ¿Alguien gobierna el mundo?

«Filosofía para todos» no busca solamente mostrar las grandes ideas básicas de los más famosos filósofos y filósofas de la Historia de la Humanidad sino, sobre todo, plantearme un debate constructivo contra todos y cada uno de ellos y de ellas. ¿Existen los perros verdes? La inmensa población de los seres humanos de este mundo responderían, de inmediato, que no, que no existen los perros verdes. Pero es necesario pensar mucho antes de contestar a esta pregunta porque, si aplicamos bien el conocimiento humano, resulta que la respuesta adecuada es que sí, que sí existen lo perros verdes. Porque los seres humanos somos capaces de dibujar un perro y pintarlo de color verde, o fabricar un perro de peluche de color verde, o teñir todo el pelaje de un perro vivo de color verde. Quizás eso sea lo que busco con «Filosofía para todos».

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