Filosofía para todos (5): Ferécides de Siros.

Ferécides de Siros fue un filósofo griego presocrático del siglo VI antes de Jesucristo. Fue maestro de Pitágoras. Primero llega la presentación, porque en todo análisis del pensamiento, inmersos en la tarea de filosofar con los mejores, es necesario una presentación previa para conocernos los unos a los otros y saber quiénes somos los unos y quiénes son los otros; para comprender quiénes tenemos ideas liberadas y quiénes sólo tienen filosofías dogmáticas nada más. Ferécides nació en la isla de Siros, una de las Cícladas, en la Olimpiada número 45; fue hijo de Babis y tío materno de Pitágoras, a quien dispensó sus enseñanzas. Junto a Anaximandro fue uno de los primeros pensadores griegos en haber escrito en prosa y es considerado uno de los Siete Sabios de Grecia (como sucedía también con Tales de Mileto) según Dogenes Laercio. Visitó Egipto para aprender teología y una ciencia de la naturaleza más exacta. Le eran atribuidos poderes de predicción, que demostró en el caso de un navío que naufragó, de un seísmo y del asedio de una ciudad llamada Mesene. Su muerte es también legendaria: o murió después de haber salvado a Éfeso gracias a su poder de predicción, o se suicidó en Delfos, o murió de una enfermedad o comido por los piojos y fue enterrado por Pitágoras en Delos. Enseñaba en una gruta.

Primera observación lógica. Enseñar filosofía dentro de una gruta es como querer conocer la verdad dentro de las oscuras sombras. Quiénes filosofan dentro de las grutas sólo predican el lado oscuro de la vida. ¿Y qué sucede con el lado luminoso de la existencia? Por eso descatalogo del conjunto de los sabios (por muy Sabio de Grecia que fuera) a quien se oculta para enseñar lo que, a la luz del día, es incapaz de explicar. Si tuviérmos que conocer la existencia humana a través de los pensamientos previstos dentro de las oscuridades del alma humana estaríamos dando vueltas solamente alrededor de unos símbolos opacos. La claridad del alma humana necesita de la Luz (divina por cierto) y no de la Oscuridad (diabólica para más señas). Si alguien cree que estoy llamando diabólico a Ferécides quizás esté acertando pero ese no es mi problema ni lo planteo como problema. La oscuridad es desconocimiento. Eso es lo que afirmo. Porque las grutas son excelentes (y basta con saberlo a través de «Luz Celeste») para expresar amor dialogando con el ser humano que llevamos dentro; pero no para convencer a quienes no saben interpretar esta clase de amor. La gruta es una interioridad de nuestros sentimientos pero no una exterioridad de nuestras ideas que pueden nacer dentro de una gruta pero luego necesitan un espacio abierto, un espacio de luz, para arraigar en quienes escuchan porque, al mismo tiempo, lo están observando con total claridad. Cosa que muchos maestros del filosofar humano deberían haber aprendido a diferenciar para hacerse inteligibles.

Ferécides plantea sus ideas inmersas en una profunda ironía pero la pregunta exacta es ¿la ironía forma parte intrínseca de la sabidurías o solo es un complemento de la misma? Debemos responder con claridad. La ironia no es sabiduría en sí misma, no es elemento esencial de la filosofía; luego, por deducción, podemos llegar a descubrir que los irónicos (tan abundantes en la filosofía de la Grecia Antigua como hoy en día) tienen mucho de apariencia complementaria (que no deja de ser un elemento filosófico pero de carácter muy secundario) porque se entretienen en manifestar mayor sagacidad que la del rival con el que compiten en lugar de ser claros y concisos. Podemos utilizar la ironìa en mayor o menor cuantía pero si predicamos que la ironía es lo fundamental para expresar los pensamientos es que estamos quedándonos únicamente en lo aparente (que sí forma parte del filosofar cotidiano) pero olvidamos la esencia de lo que traspone lo meramente temporal. Para llegar a filosofar con exactitud meridiana no podemos quedarnos únicamente en la exposición colateral de ironías (elemento muy aconsejable en multitud de ocasiones) sino ir más allá de la ironía para, usando este recurso, consolidar una sólida estructura idealística. Algunos se quedan rezagados en el conocimiento de los demás, e incluso de ellos mismos, porque usan la ironìa de manera tan desmedida que se quedan atrapados en ella y no consiguen liberarse de la mediocridad. Lo irónico es válido y valioso pero no es, nunca, la verdadera demostración de un ser inteligente. Es el caso de Agustín Roncero. Si se quiere llegar a expresar bien con los demás y a empatizar bien con los demás (sobre todo con las mujeres que no usan tanto la ironía como los hombres o la usan de otra manera más inteligente) cuando solo somos apariencia externa (ironía nada más) nos puede suceder lo que al citado Agustín que, a la hora de la verdad, es un conformista con «lo que sea» en lugar de ser un verdadero pensador.

El viajero de las ideas que sólo usa la ironía, está demostrando que sabe utiizar un recurso dialéctico pero adolece de verdadera sabiduría porque se encierra en sí mismo y no busca las instrucciones de los otros hombres que pueden ser sus maestros. Es la egolatría de los que, como Ferécides y el citado Agustín, se quedan en sus propias mentalizaciones pero carecen del sentido suficiente (y la diplomacia es uno de esos sentidos suficientes) para poder triunfar. Cuando Ferécides escribió «Las cinco cavernas» está dando lugar a la exposición de su propia impotencia (al igual que Agustín Roncero) que muestra solo los atisbos de un recreador en lugar de un verdadero creador. Recrear significa saber poner adornos a lo que pensamos y decimos pero, antes de ello, lo que de verdad importa es saber crear un corpus suficiente para manejar la inteligencia en vez de usar la astucia que muchas veces guía al fracaso. Ferécides fracasa porque olvida algo muy elemental: a los seres humanos les gusta el humor y hasta la ironía solamente cuando va a acompañada de inteligencia suficiente como para entender nuestras ideas. Es por eso que «un sombrero sólo tiene valor cuando debajo de dicho sombrero existe la inteligencia». En el caso de que debajo del sombrero existe la vulgaridad, dicho sombrero (que es la personalidad intelectiva de quien lo lleva) no vale absolutamente nada. La comicidad no está reñida con la sabiduría pero sí es opuesta a lo meramente aperente. No se puede ser agradable a los demás si nos mostramos solamente como los desagradablese irónicos de la vulgaridad.

Humorismo filosófico. Muchos desconocen lo que es el verdadero humorismo filosófico que enriquece a un conjunto de ideas aplicando la ironia de manera adecuada y bien medida.Uno de los que desconocen esta forma de filosofar es Ferécides y, en el mundo actual, podemos citar al Gran Wyom¡ng que, queriendo ser un humorista de la filosofía vital de los seres humanos, se queda en nada poque ni es un humorista verdadero ni es un verdadero filósofo sino un personajillo que maneja las ironías (a veces hasta usando la escatología más vulgar) sin ninguna clase de medida inteligente. Y es que, la ironía aplicada a la filofofía humana debe ser solamente un accidente (un recurso espontáneo) y no un agente (una esencia de nuestras ideas). Explico. Las ideas nos visten mientras que las ironías nos revisten. Lo que nos convierte en filósofos de la existencia son las ideas, las mismas que nos dan categoría principal mientras que los complementos o recursos secundarios (las ironías forman parte de estos complementos o recursos secundarios) nos refuerzan la personalidad pero no nos dan una verdadera personalidad de pensadores sino que nos transforman en cómicos sin pensamientos valiosos. Las ironías deben ser complemetnos siempre que se usen dentro del contexto general al que se están refiriendo, pero la sustancia de un pensador humano (un filósofo de la vitalidad humana) es, sin duda alguna, el conjunto de sus ideas bien expuestas, bien claras, bien cosntruidas, bien expresadas. ¿Qué es en realidad la inteligencia de un comunicador de ideas? La verdad de un comunicador social y ser un periodista que informa, forma y entretiene; algo que muchos intrusistas (intrusos que acaparan los medios de comunicación como el Gran Wyoming que ni sabe lo que es comunicar ni sabe tan siquiera medir las ironías o por eso mismo no las mide para disimular su falta de conocimiento periodístico) deberían aprender si es que desean tanto ser filósofos de la existencia humana.

La ironìa. por definición propia, porviene del griego ‘eirōneía’, que significa (como yo he estado explicando), disimulo o ignorancia fingida. Es la figura literaria mediante la cual se da a entender lo contrario de lo que se dice. También se aplica el término cuando una expresión o situación parece incongruente o tiene una intención que va más allá del significado más simple o evidente de las palabras o acciones. El término griego del que prcede el vocabo ironía (eironeia) proviene de eiron, el pícaro o simulador, que finge ignorar aquello que conoce. Sócrates hizo uso hábil de la ironía para desenmascarar a los sofistas. Se acercaba a ellos, como un humilde aprendiz, y les interrogaba sobre cuestiones que, en teoría, dominaban. Poco a poco, con sus preguntas hábiles ponía de manifiesto la ignorancia de los presuntos sabios y presumidos sabiondos. Hoy en día aproximadamente la mitad de los cómicos o que dicen ser cómicos simplemente son irónicos nada más pero, si les quitamos las máscaras de sus ironìas, se quedan en ignorantes sin ideas importantes dentro de su cerebro.

Debido a estas carencias inteelctuales, los cómicos que filosofan solamente con ironías, para no ser descubiertas sus «lagunas» mentales pasan, rápidamente, al sarcasmo. ¿Y qué es el sarcasmo dentro del contexto de la comunicación humana de las ideas sino la expresión más patética de los fracasados? Entremos otra vez en las definiciones para dejar este punto bien claro antes de seguir adelante. Tomen buena cuenta de lo siguiente que entresaco de Wiquipedia.

El sarcasmo es una burla mordaz con la que se pretende dar a entender lo contrario o manifestar desagrado. Fijaos bien que se define como burla mordaz y no como gracia humorística porque hay un abismo de diferencia entre ambas cuestiones. El término también se refiere a la figura retórica que consiste en emplear esta especie de ironía. En este otro sentido entramos en un contexto bien diferente o incluso opuesto puesto que el sarcasmo, cuando se basa en la inteligencia literaria, es una crítica indirecta, pero la mayoría de las veces expuesta de forma evidente. Es el caso, por ejemplo, de una farsa teatral; y os recomiendo leer mi obra titulada «El señorito de Vélez» para que podáis comprobar la diferencia entre humor teatral y burla mordaz. En este contexto, el sarcasmo (que sirve para corregir desviaciones en la conducta de los seres humanos) no se ha de confundir con ironía que no tiene sentido alguno. El sarcasmo propio de la farsa teatral ha sido proverbialmente descrito como «La forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio» (una frase que se atribuye a Oscar Wilde, aunque realmente se desconoce su procedencia). ¿Y qué se le puede pedir a Oscar Wilde si fue toda su vida solamente un borracho, un drogadicto y un homosexual? Yo no la defino de la misma manera que él (que se siente atacado porque le afecta a su forma viciosa de vivir) sino como «la forma más elegante de humor y la más alta expresión de la conciencia de un verdadero autor teatral cuando es sano de mente y noble de corazón».

Volvamos con Ferécides de Siros. La contribución de este maestro de Pitágoras al primer pensamiento presocrático es la negación de la creación ex nihilo, sabiendo que ex nihilo es una locución latina traducible por «de la nada» o «desde la nada» En filosofía y teología suele emplearse en la expresión «creatio ex nihilo», haciendo referencia a aquello que se crea a partir de la nada (cosa que no pueden entender muchos pensadores y filósofos de la actualidad porque no sólo no saben lo que piensan sino que, además y sobre todo, no saben lo que dicen. Desde el ámbito cientñifico, el concepto fue utilizado por la teoría sobre la generación espontánea (que da risa leerla o escucharla porque no saben en realidad basarla en la existencia de Dios sino que siguen buscando los cinco pies al gato sin darse cuenta de esta gran realidad) para explicar, por ejemplo, la aparición de larvas de insectos y de gusanos en la materia en descomposición, sin darse ni cuenta de que es en la misma materia en descomposición donde están, ya impresos por la obra de Dios, el desarrollo de gérmenes de vida que existen en su interior aunque no los podemos ver. Algo tan sencillo no lo saben descubrir porque resulta que desconocen que existe «alma» en toda materia; «alma» invisible creada poor Dios para que genere materia visible a través de los llamedops milagros que. de esta manera, son racionalmente definidos y explicados.

En teología, el concepto «creatio ex nihil» se usa por oposiición a «creatio ex materia», que signfifica creación a partir de materia preexistente. Lo cual deja bien claro que existe una materia preexistente que no la vemos porque forma parte de Dios y no existe la nada como valoir absoluto; porque ningún tipo de vida nace da la inexitente nada absoluta sino del existente Dios invisible que se hace visible a través de toda su Creación. Incluso la mitología griega, aunque desconoce la existencia de un solo Dios único y verdadero, atribuye la existencia del mundo a un o o varios dioses que lo crearon a partir de la materia preexistente, pero la Biblia saca de este error a quienes somos verdaderos cristianos porque nos enseña que sólo hay un Duios que crea todas las cosas desde la materia no existetne pero que sí existe dentrd de Él. La que llamamos Palabra, aunque sea en principio invisible y se haga visible después.

As que, antes de pasar a los últimos puntos de la filosofía de Ferécides, el cual al menos sí concibe una creación de la nada por parte de un Dios desconocido por él, hay algunos pasajes bíblicos que demuestran cuanto estoy afirmando: «Te ruego, hijo, que mires al cielo y latierra y, al ver lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia» (Segunda de Malaquíaas 7:28). Está clarísimo que no hemos nacido de ningún otro animal inferior a nosotros, a través de ninguna evolución darwiniana o superior a la darwiniana, sino desde la nada que habita dentro de Dios pero que es materia aunque sea invisible en principio hasta que Dios hace el milagro y la convierte en visible; «todas las cosas fueron hechas a través de la Palabra y con ella se hizo todo lo existente salido de la nada» (Juan 1.3). También está claro que existía desde la eternidad la Palabra de Dios y que la Palabra de Dios no es la nada sino la composición de Dios que es, por el contrario, el Todo. La Palabra de Dios es el Todo Universal de donde nacen todas las cosas de la nada. La nada no es la Nada sino que es esa Palabra invisible pero real, materia no visible pero materia preexistente cuando Dios la hace visible a través de sus milagros, así que los seres humanos como todos los demás seres vivos y todas las cosas del Universo somos producto de un milagro de Dios y no de ninguna evolución animal. «El Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (Romanos 4:17). No existen para los humanos porque no las vemos hasta que no aparecen; pero sí que existen en el interior de Dios, luego es una materia invisibe pero preexistente en la mente de Dios, que las diseña a través de su Espíritu y las hace realidad a través de su Palabra. Y así se demuestra en Hebreos 11:3: «En la Palabra de Dios se formó el mundo, de manera que lo visible nació de lo invisible». Ne existe la Nada y, por lo tanto, la Nada no crea nada. Existe ese Todo Universal que es la Palabra de Dios de donde nace todo lo existente a través de la Creación de materia que, en principio es invisible, para luego ser materia existente. Esos son los milagros de Dios desde el acertado pensamiento cristiano.

Siguiendo con Ferécides, resutla que es un pensado que, en medio de su trsite realidad, eneña su filosofía mezclándolas con los mitos pues no puiede concebir a un Creador Todopoderoso capaz de haberlo creado todo. Así es cómo Ferécides ofrece una historia del mundo que procede de la racionalización del panteón griego. Ya intentar racionalizar dicho caos del panteón de los dioses y las diosas de la Antigua Grecia es dar un gran apso adelante. Par Ferécides elñ rey de los dioses no es Zeus sino Zas (que significa el que vive) porque, enm el fonod, está intentando explciar que los dioses y las diosas solo son creaciones humanas mientras que Zas es superior a una creación humana. No es cierto que Dios haya sido una crteación humana como tantgo pregonan los ateos (sean comunsitas o no sean comunistas) sin darse cuenta de que ya el mismo hecho de hablar de Dios es síntoma ¡de que pensamois en Dios aunque ellos lo nieguen mientras están hablando de su8 existencia. Es el contrasentido y la incohrencia de los ateos que, en su caos mental, llegan a decir «Gracias a Dios soy ateo». ¿Comprendéis lo ilógico de un pensamiento que dice ser racional negando lo que da por sentado que existe porque lo cita como existente para decir que no existe?. Pero Ferñecides sitúa por encima de Zas a su padre Chronos ya que nos está queriendo explicar que todos y todas comos hijos e hijas del Tiempo. Sobre el Tiempo, sus divisiones y subdivisiones hasta llegar al Tiempo de Dios, os recomiendo que no dejéis de ller mi Ensayto titulado precisamente «El Tiempo, sus divisoes y subdivisiones» para que comprendáis muchas causas y consecuencias que nadie más, hasta ahora, os han hecho saber.

El Tiempo no es una simple cronología de cosas que suceden durante medidas aceptadas como medidas. El Tiempo no tiene, en realidad, medidas y debe ser analizado a través de parámetros superiores como he conseguido establecer en mi propio Ensayo. Y todo porque el Tiempo no es una manera de vivir sino una forma de existir.

En cuanto a Ferécides es el primero de los filósofos presocráticos que niega la creación ex nihilo. Y acierta. Sólo que no tiene referencias tradicionales ni parámetros intelectuales para poder entender que lo que quiere explicar es que Dios nos ha creado de la nada y busca algún principio material para poder explicarlo. Y es cuando, llegado a este intento de explicación, que para él es irracional, es donde no llega a descubrir la Verdad aunque la está intuyendo tanto que es el primero de los filósofos griegos que enseñó la inmortalidad del alma. Por intuición está llegando casi a descubrir que el alma humana nace de la Palabra de Dios pero como desconoce la Palabra de Dios solo explica dicha inmortalidad desde un punto de vista metafísico pero no tan verdadero como lo es en la realidad de los seres humanos y nuestra unión o desunión con Dios. Y aquí aparece la figura de Jesucristo como puente de unión entre nosotros y la divinidad que existe por encima de todos nosotros.

En los tiempos actuales he llegado a conocer incluso a una compañera de trabajo (cuando yo lo hacía en el Banco Hispano Americano de Madrid) que me negaba la existencia del alma humana pero, ¡vaya paradoja!, le daba por asistir a reuniones místicas de budistas e i9ntentar comprender los libros de sus filosofías y otros filósofos «animistas» que sí hablan del alma humana. A tanto llega el desconcierto en esta vida cuando muchos y muchas llegan a contradecirse hasta negarse a sí mismos y a sí mismas puesto que si no tuviésemos alma no podríamos comunicarnos porque nos faltaría la capacidad de hablar y transmitir sentimientos o a través del sistema fónico o por gestos y señales; ya que los sentimientos no nacen en el cerebro ni en el corazón (dos elementos materiales de nuestros cuerpos humanos) sino de un alma particular de cada uno de nosotros y nosotras que, partiendo de la abstracción del vocablo «sentimiento» lo transforman algo real y concreto a través de nuestros espìritus, las «palabras» y «gestos» de comunicación que Dios colocó en Adán y Eva cuando creó a los hombres y las mujeres de la Tierra a imagen y semejanza de Él.

A Ferécides llegó a idealizarlo el mismísimo Homero quien, a pesar de su ceguera física, se movía mucho y comunicaba mucho a sus contempráneos porque tenía el alma poética, el alma de los narradores de leyendas, el alma de los creadores de mitos, el alma, en definitiva, de los artistas que llegan a descubrir la existencia de un alma de orden superior que controla y regula nuestras emociones cuando somos personas normales y nos manifestamois y actuamos de acuerdo a la Naturaleza con la que Dios nos creó dividiéndonos en dos géneros diferentes; no opuestos pero sí diferentes, no en lucha sino diferentes, no en peleas sino diferentes y no en rechazos sino diferentes. Y es que la atracción de un hombre hacia una mujer y de una mujer hacia un hombre es propia de las almas que viven sanas y sin contaminarse con los vicios producidos por las ignorancias que son ya seculares y que hay que empezar a eliminar para ser conocedores de la Verdad. Como bien podría haber dicho Ferécides aunque soy yo quien lo dice: «No debemos ser porqueros de nuestros actos sino príncipes de nuestras acciones».

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