jugando al escondite con la muerte (una historia real)

Hanna, mi perrita doberman estaba embarazada, pero no le tocaba dar a luz todavía, le habíamos preparado un confortable nido para el parto en nuestra casa de “caño roto”, Madrid.
Se aproximaban las 12 de la noche y mientras descorchábamos una botella de champaña, bajando el volumen del jazz, les decia a mis clientes: Por favor vallan acabando, hoy cerramos antes, cumplo 18 años y hemos quedado en la discoteca Alcalá 20, para celebrarlo. Lo cierto es que íbamos allí a diario (era un antiguo teatro, bien conservado, con esas inmensas arañas relucientes y tanto terciopelo rojo, te transportabas a los años 20, era todo un contraste con la música rokanrolera, que pinchaba nuestro amigo “el nani”

Cuando nos dispusimos, por fin a apagar las luces, Hanna, emitió un alarido espeluznante, estaba hecha un ovillo dentro de la barra del pub, había comenzado el parto, como era primeriza, tardó muchísimo en que saliera el primer cachorro, yo la ayudé quitando la telilla que le envolvía, el segundo vino mas deprisa y el tercero y el cuarto, lo cierto es que estuvo toda la noche pariendo y tuvo la friolera de 12 dóberman, todos sanísimos, 4 de ellos marrones, (ella y el padre eran negros), fueron increíble, los 3 meses siguientes, tuve que hacer las veces de mama canina, puesto que Hanna no daba abasto con sus fieras, no tenia tetillas suficientes, así que cada 3 horas yo la ayudaba con biberones, fue muy bonito, pero lo increíblemente triste es, que gracias a su parto no fuimos al Alcalá 20, y al día siguiente se supo que habían muerto abrasadas 86 personas me sentí fatal, puesto que yo tenia que haber estado allí, murieron varios amigos nuestros, entre ellos el “nani” y su novia, mi amigo Javier fue a identificar varios cadáveres, y me contó un hecho increíble, el “nani” como yo de 18 años, consiguió salir a la calle y cuando vio que su novia de 16 años no había salido, se salto el cinturón de policía y bomberos y entro a buscarla, pereciendo los dos, solo que según Javier todos los cadáveres estaban con una gran crispación reflejada en el rostro, excepto el “nani” que transmitía paz e incluso se podía apreciar, el atisbo de una sonrisa.

Este es uno de los muchos momentos en que la vida, ha jugado conmigo a la muerte, TENGO UNA PROPUESGTA ANMIG@S DE VOREM, podríamos en una sección reflejar hechos que nos han ocurrido en verdad, “la realidad supera siempre a la ficción”

3 comentarios sobre “jugando al escondite con la muerte (una historia real)”

  1. Muchas veces nos salvamos de la muerte por cosas tan inesperadas que nos hacen pensar durante toda nuestra vida. Alcalá 20 quedó en la memoria de muchos que vivimos aquella experiencia. El recuerdo de El Nani, para tí, debe ser siempre una especie de sentido vital muy profundo. Es lo que me pasó a mí mismo con el recuerdo de Angela (aunque fue una experiencia diferente). La vida, en realidad, es un verdadero juego de escondites. Salir vivo de «casualidad» es algo que también me ha ocurrido algunas veces en la vida. Sería interesante poder leer textos de experiencias vividas en ese sentido.

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