La Calle De Los Siete Agujeros

Juanita la Larga salió a pasear, a eso de la medianoche, por la calle toledana De los Siete Agujeros. A la vuelta de la primera esquina tropezó con el Primero de ellos y !zas!… !Le salió al encuentro un enorme, enorme lagarto muy verde y muy feo que se la quiso comer toda entera!. ¿Qué es lo que hizo entonces Juanita?. !Catapum!… !Le soltó un bolsazo que le arrancó todos los dientes de arriba y la mitad de los de abajo!.

Juanita la Larga siguió su camino silbando una tonada; muy romántica ella.

Doscientos metros más allá… !caramba, carambola, carambolita!… !El Segundo Agujero!.

No había nadie por los alrededores y Juanita metió la cabeza dentro del agujero. !Chispas!. !Un par de ojos llameantes la estaban mirando intentando hipnotizarla!. Pero Juanita, sacando rápidamente la cabeza de allí, tomó un chinarro de la acera y… !!pedrada va!!. Los ojos llameantes desaparecieron como por ensalmo.

Ahora ya Juanita la Larga comenzó a cantar a todo pulmón, mientras caminaba, aquello de «!Al pasar la barca/me dijo el barquero/las niñas bonitas/no pagan dinero!».

Pronto… muy pronto… muy pronto… yo diría que prontísimo… se encontró con el Tercer Agujero donde le esperaba un goloso dragón de color amarillo que se relamía de gusto. !Menuda sorpresa se llevó cuando Juanita la Larga le dobló la nuca de una colleja que le atizó!.

Y así siguió nuestra niña caminando…

Pocas manzanas más allá, Juanita la Larga escuchó un alegre sonido de cascabeles… ¿De dónde vendría aquella música tan linda que hacía palpitar su corazoncito?… Hasta que… !de pronto!… !El Cuarto Agujero!. !!Y de allí venía el lindo sonido de los cascabeles y allí que metió la mano!!. Pero… !oh, qué sorpresa!… !!Dos enormes serpientes aparecieron enroscadas en su brazo derecho!!. Sin embargo, Juanita no se asustó ni se puso nerviosa y… !rápidamente ató a las dos serpientes de cascabel enlazándolas por sus cuellos y las tiró a una alcantarilla!. La Luna comenzó a reir. !Ja, ja, ja, ja!. Juan ita le contestó !Ja, ja, ja, ja! y después, sujetándose bien el bolso que había estado a punto de perder con el ataque de las serpientes, siguió su camino.

Ya eran las dos de la madrugada cuando encontró !El Quinto Agujero!. !Nada!. !Allí no había nadie ni nada!. !Más vacío que la cabeza de chorlito de Perico el de los Palotes!. Y sin pensarlo dos veces siguió andando contenta a la pata coja.

Hablando de pata coja… ¿Sabéis que encontró en el Sexto Agujero de la Calle toledana?. !!Nada más y nada menos que a un enorme flamenco rosado, más horrible que la bruja de su vecina!!. El horrible pato rosa abrió su picote para tragarse a Juanita la Larga, mas ésta acertó a sujetar, con las dos manos, el pico del flamenco rosa y se lo retorció como si fuese una manivela. El enorme y horrible flamenco salió disparado del Sexto Agujero y escapó a toda velocidad, como alma en pena, por las callejuelas más oscuras de la ciudad y con el pico como un sacacorchos.

Allí, en la zona más oscura de La Calle De Los Siete Agujeros, estaba el Séptimo. Un silencio sobrecogedor hacía ponerse los pelos de punta a los gatos negros que cruzaban, como locos, de un lado para otro por las aceras. !Pero Juanita no!. !Ni corría ni se le ponían los pelos de punta!. Y allí se quedó esperando a saber que era aquello que, desde dentro del Agujero, producía tanto silencio a su alrededor y tanto miedo a los gatos negros y a las lechuzas que tiritaban en las copas de los árboles.

Era… !!Ni más ni menos… que un Diablo de Tasmania!!. Este Diablo, mil veces más feo y feroz que el lobo de Caperucita… !!surgió repentinamente desde dentro del Agujero emitiendo un horripilante rugido!!… Pero Juanita la Larga no se asustó y le dio una patada en los cataplines que dolió tanto al Diablo que no tuvo más remedio que meterse el rabo entre las piernas y desaparecer de allí dejando, en su huida, un apestoso olor a caca. !!El Diablo de Tasmania se había cacado!!.

Y así siguió caminando Juanita la Larga, una vez superados los Siete Agujeros de la calle, durante toda la madrugada de aquella hermosa noche.

Y colorín, colorado… Juanita se ha salvado…

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