La herencia de Madame Canaris – Capítulo 4- (Novela)

– Es usted demasiado puntual, «Joro»…

– Es que necesito ir ganando puntos para poder ganar la partida.

– ¿Se toma esto como un juego? ¡Son solamente las nueve y media de la mañana y estábamos citados a las diez!

– Exacto. Estamos jugando una partida de mus contra el misterio y es necesario ir ganando más puntos que él para que el tiempo no nos derrote.

– Ves a alguien cuyo papel crees que tú podrías hacer, y de inmediato no te gusta como lo hace y no te gusta la obra.

– ¿Cuántas copas ha tomado ya, Brandy?

– ¡Solamente una! ¡Le juro que solamente una!

– ¿Y por qué no la olvida ya de una vez por todas?

– Estoy intentándolo, «Joro», pero es más fuerte el dolor.

– Todo el mundo necesita justicia.

– ¿Qué me insinúa?

– Que el olvido forma parte de esa justicia.

– ¡Pero es que la odio!

– ¿Odia a alguien tan insignificante como Marijane Meaker que solamente es capaz de escribir unos pocos libros para gentes raras?

Marlon Brandy necesitaba desahogarse…

– Yo sólo tenía 18 años de edad y estudiaba Literatura en la Universidad de París. Recuerdo que era el año de 1955 y Patricia Highsmith vino a la Facultad a darnos una conferencia sobre su personaje Tom Ripley. Yo sólo tenia 18 años de edad y ella ya tenía 34… pero me enamoré como un idiota…

– Alguien que es capaz de enamorarse no es un idiota jamás; pero quiero que piense una cosa. ¿Quién era Tom Ripley? Solamente un personaje amoral del todo. ¿Usted cree que un personaje así es merecedor de elogio alguno?

– Pues todo el mundo lo elogió.

– ¿Y cómo está el mundo, Marlon?

– Podrido por todos los sitios. No puedes confiar en nadie.

– Entonces…

– Lo sé. Tengo que olvidarlo todo de una vez y para siempre. Me parece que otra vez lleva razón, «Joro».

– No es que lo diga yo. Lo dice la Biblia. La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos. Si quiere comprobarlo busque en Romanos 1.18. Así que deje ya de tanto odiarla y olvídela para siempre. Deje en manos de Dios ese tema porque si usted odia se acerca a la muerte.

– Voy a hacerle caso, «Joro».

– Entonces hablemos de algo más interesante. ¿Dónde vivía normalmente la Madame?

– En el pequeño pueblo de Le Touquet de la Picardie…

– Eso me suena a «El Tocado de la Picardía».

– ¡Déjese de bromas ahora, «Joro»! ¡Estamos ante un asunto de muchísimos millones de euros! Madame Canaris era la personas mas adinerada de toda Europa además de que poseía innumerables posesiones por todo el país francés.

– Yo no me estoy tomando nada a broma, Brandy. Solamente es que tengo una corazonada y, además, ¿no le parece impresionante lo de «El Tocado de la Picardía» para una película de pícaros?

– ¿Qué me está usted insinuando?

– Que me da la primera impresión de que algo de picaresca hay en todo este lío. Claro que no tengo por qué estar en lo cierto… así que lo consultaré con la persona que mejor entiende de mis corazonadas…

– ¿Algún confesor privado tal vez?

– Tal vez. Solamente que tiene nombre de mujer.

– ¿Y lo sabe eso Angeline?

– Incluso mejor que yo.

– Siempre he pensado que los españoles érais muy conservadores y ahora resulta que sois más liberales que los propios franceses.

– Es que el misterio nos engancha de verdad desde cuando El Cid ganó una batalla estando más muerto que vivo.

– ¡Jajaja! Los españoles os tomáis demasiado en broma a vuestros propios héroes.

– Pero nunca a nuestras propias heroínas. Tenga usted muy en cuenta esto porque se lo voy a demostrar.

– ¿Y ahora qué hacemos?

– Ahora yo tengo que hacer un corto viaje de unos pocos días.

– ¿No dijimos que íbamos a trabajar juntos?

– Y vamos a trabajar juntos pero es mejor que, a veces, tengamos que investigar cada uno por su cuenta para no despertar sospechas.

– No sé a donde quiere ir usted a parar…

– ¿Se refiere a mi viaje o a lo que voy a intentar hacer?

– No entiendo nada…

– Deje que yo haga mi labor y haga usted la suya. Dentro de muy pocos días nos volveremos a encontrar.

– ¿Y qué hago yo ahora?

– Investigue todo lo que pueda sobre la ocupación de los territorios franceses por parte de los nazis de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Busque, sobre todo, nombres de personajes alemanes importantes que estuvieron en dicha zona. Necesitamos una amplia información para seguir ganando puntos en esta partida.

– ¿Solamente tengo que hacer eso?

– De momento sí. Es muy importante. Pero quiero pregutarle otra cosa.

– ¿Relacionada con Patricia Highsmith?

– Nada que ver con Mary Patricia. Espero que eso ya esté en su olvido para siempre. Me estoy centrando en nuestro problema.

– ¿Qué quiere saber ahora?

– ¿Madame Canaris tenía algún abogado privado?

– Sí. Solamente confiaba en un solo abogado.

– ¿Cómo se llama ese señor?

– Benoit de la Colette.

– ¿Benito el de la coleta?

– ¡Jajaja! ¡Le prometo que nunca jamás volveré a pensar en lo que no debo!

– Podemos.

– ¿Qué podemos?

– Pensando en Benoit de la Colette podemos avanzar bastante. ¿Dónde vive ese tipo?

– En el mismo Toucquet de la Picardie. Y es cierto que usa coleta.

– Muy bien, Marlon, usted dedíquese estos días a investigar todo lo que le he dicho y no se preocupe por mí. Estaré de viaje por unos pocos días pero le doy mi palabra de español que volveremos a encontrarnos para intercambiar informaciones.

– ¿No será peligroso que viaje usted solo?

– No voy a viajar solo.

– ¿Necesita a mi mejor hombre?

– Necesito a mi mejor mujer.

– Espero que no tenga complicaciones con Angeline si se entera de esto.

– Haré que lo entienda. Estoy seguro de que lo entenderá y que no pondrá ningún obstáculo. Le recomiendo que sonría más veces de lo que hace.

– Si todos los hombres fuesen como usted estaría sonriendo las veinticuatro horas del día.

– Excepto cuando estuviese soñando…

– ¡Jajaja! ¡Buen viaje, «Joro»!

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