La herencia de Madame Canaris -Capítulo 5- (Novela)

– Hola preciosa, cómo te está yendo el día.

José Roberto besó en la boca a su bellísima esposa.

– Tengo una sorpresa para ti, José Roberto.

– ¡Me has comprado un nuevo balón de fútbol!

– No. ¡Jajaja! Muchos más jugoso que eso.

– ¡Me has comprado una pelota de playa!

– ¡Jajaja! Tampoco. Algo más sabroso.

-¿Me has comprado una esclava para abanicarme cuando me entre la modorra?

– ¡Jajaja! ¡Te he preparado un cocido madrileño!

– Pues entonces vamos a comer que se hace tarde.

– Pero si sólo son las doce del mediodía…

– Pero resulta que tenemos que hacer un viaje.

– ¿Un viaje en estos momentos? ¿Es que nos vamos a alguna isla del Caribe?

– Eso lo dejo para después de que nos hayan pagado los 200.000 euros. Ahora nos vamos a Le Toucquet de la Picardie; así que mete una poca ropa en la maleta porque salimos en cuanto nos hallamos comido el cocido madrileño.

– ¿Y los cafés?

– En el camino siempre encontraremos alguna cafetería que otra.

– ¿Y por qué te ha entrado el extraño capricho de viajar precisamente a Le Toucquet de la Picardie?

– Cosas del guión.

– ¿Me estás diciendo que vamos a ser los protagonistas principales de alguna película de esas que tanto te gustan ver?

– Algo parecido, pero por el camino te lo cuento. Ahora consultemos la Guía Michelín para saber cuántos kilómetros separan Le Toucquet de la Picardie de París.

– Siéntate un momento y descansa. Yo misma consultaré la guía.

José Roberto se sentó en el sofá y encendió el televisor. Era el Noticiario del Mediodía.

“Sigue todavía sin saberse cómo murió uno de los dos herederos gemelos de la mayor fortuna de Europa. Todavía no hay noticias que aclaren la muerte de Piolín Canaris. Fuentes de la policía señalan que las investigaciones siguen su curso. Mientras tanto se está intentando localizar al otro heredero, Violín Canaris, el hermano gemelo de Piolín, quien todavía se encuentra en paradero desconocido. Nos hemos trasladado al pueblo de Le Toucquet de Picardía para hablar con el abogado privado de Madame Canaris, el honorable Benoit de la Colette Saint-Julien D’Arc, pero no ha podido aclararnos nada porque todo está pendiente de las pesquisas policiales y tiene prohibido comentar nada sobre el asunto de los dos testamentos”

– ¡Ostras, Angeline! ¡Se apellida Sain-Julien D’Arc!

Ella contestó desde la cocina…

– ¡Debe ser, efectivamente, muy honorable! ¿Es por eso por lo que viajamos para Le Toucquet de la Picardie?

– Sí. Pero mete poca ropa en la maleta porque, si todo nos sale bien, en dos o tres días regresamos.

– Teniendo en cuenta que vamos a la Picardie no me olvidaré de meter el picardías que tanto te gusta.

– Siempre supe que tienes buen gusto.

Ella apareció con los dos platos de cocido en sus manos…

– Tú no te quedas atrás. Por eso te gusta tanto el cocido madrileño y por eso te va a gustar más que nunca.

– ¿El cocido o tú?

– ¡Jajaja! A mí déjame ahora a un lado. Me refiero al cocido.

– Haré un esfuerzo.

En el televisor se estaba emitiendo un anuncio sobre cremas de belleza para las mujeres.

– ¿Estás viendo? Cualquier mujer puede ser hoy una diosa… aunque tú ya lo eres desde que te conocí.

– Apaga ya ese cacharro y vamos a ponernos las botas.

– Muy bien. Si has metido un par de botas has hecho muy bien porque las vamos a necesitar. Por todo el norte y noroeste de Francia está nevando.

– Voy a consultar la Guía Michelín mientras se enfrían un poco los platos.

– Caundo lo tengas me avisas.

José Roberto Ortero de Jumilla apagó el televisor y se quedó, por unos momentos, pensativo mientras observaba una mancha oscura que había en el techo del comedor. Le recordaba cierto momento de su vida en el que estuvo a punto de meter la pata con otra chavala distinta al bombón que tenía por mujer… pero supo escapar del peligro…

– ¡Ya lo tengo! Entre París y Le Touquet, dejando aparte lo de la Picardía, hay un total
de 238 kilómetros con 900 metros si vamos por la A16.

– ¿Y cuánto calculas que podemos tardar en llegar?

– Calculo que aproximadamente unas 2 horas con 57 minutos.

– Casi 3 horas de viaje.

– Eso es.

– Añádele la media hora que nos vamos a detener para tomar los cafés.

– Hablando de detenernos… ¿estás pensando en detener a alguien?…

– ¡Jajaja! Todavía no. Es demasiado pronto para eso. Y ahora vámonos ya.

– Espera un momento… te faltan el arroz con leche y la manzana de Eva…

– ¿Arroz con leche y manzana de Eva?

– Sé que te encanta el arroz con leche.

– Eso sí es verdad… pero… ¿la manzana de Eva qué significa?…

– Que es la única que te puedes comer…

José Roberto se dio cuenta de que Angeline había aprendido a ironizar gracias a las enseñanzas de él.

– Entonces… ¿no me queda otro remedio?…

– No. Tú ya no tienes cura.

– No he tenido jamás ni cura ni obispo ni arzobispo ni papa tan siquiera. Algunas veces he tenido algún cardenal que otro.

– Porque eres muy bueno jugando al fútbol y alguna patada has recibido de vez en cuando.

– Las menos posibles, preciosa. Nadie ha visto a un futbolista capaz de dirigir a todo su equipo recibiendo menos cardenales que yo…

– ¡Jajaja! Reconozco que no tienes cura.

– Por no tener no tengo ni sacristán, ni tan siquiera monaguillo.

Ella ya no quiso reír más, se levantó y trajo, en pocos minutos, los dos platillos de arroz con leche y una verde manzana.

– ¿Tú no quieres manzana?

– Prefiero un buen plátano.

José Roberto volvió a darse cuenta de que había sido demasiado buen maestro en esto de ensañarla a ironizar…

– Deja de pensar, José Roberto, que el Peugeot Sport nos está esperando.

Pocos minutos después ya iba la pareja camino de Le Touquet de la Picardie con ella siempre al volante de automóvil.

– Escucha esto, bombón. El topónimo Picardía tiene sus orígenes en la geografía e historia de la región situada al norte de París. Atestiguado por primera vez en el año 1248, se deriva de la palabra picard, es decir, picador que significaba labrador. Los parisinos llamaban picards a todos los agricultores que vivían al norte de las zonas forestales de Senlis y el Valois, cuyos habitantes eran leñadores, y en el propio norte se llamaba picards a todos aquellos que no hablaban el flamenco. Arras, Boulogne, Calais y Tournai pertenecían a las villas picardas; sus estudiantes formaban, en París y Orleans la «Nación Picarda».

– Si me gustas del todo, José Roberto, es por la gran cultura que posees.

– Poseer es un don que nunca debemos rechazar.

– Sobre todo cuando ese don se llama Angeline… ¿no es cierto, truhán?…

– Reconozco que sabes muy bien lo que es un don, preciosa.

– De acuerdo… pero… ¿por qué no me hablas algo de lo que tenemos que hacer en Le Touquet de la Picardie?

– No suelo anticipar informaciones a nadie pero tú siempre eres una excepción para mí…

– Desembucha ya y no me andes con rodeos…

– No tengo ni idea de lo que vamos a poder descubrir en Le Touquet pero necesito hablar inmediatamente con ese abogado.

-¿Te refieres a Benoit de la Colette Saint-Julien D’Arc?

– Si, Angeline. Si él era el abogado de Madame Canaris puede ser que nos de alguna buena información.

– Yo nunca me fío de ningún abogado, José Roberto.

– Creo que este tal Benoit de la Colette puede ser fiable.

– Recuerda que el refrán dice “quien confía en abogados todos sus años robados”.

– ¡Jajaja! ¡Buen refrán, Angeline! Pero recuerda este otro que dice “con un abogado al lado por el trasero te han dado”.

– Si vuelves a decir algo parecido te dejo de inmediato en medio de la A16 y que te recoja alguna francesita porque yo no estoy dispuesta…

– ¡Perdona… perdona nena perdona… pero no pude evitarlo!

– Ya en serio, José Roberto. ¿Qué piensas sacar en limpio entrevistándote con ese tal Benoit de la Colette?

– Siempre que se empieza una investigación es muy importante empezar por un “pez gordo”. Podemos. Además podemos.

– Y supondo que ese tal Benoit de la Colette será bien gordo. ¿Me equivoco?

– Pues no te equivocas, bombón. Será bien gordo. Eso te lo aseguro aún sin conocerlo todavía. Por eso nos interesa empezar a hablar con él.

– Me convence este inicio, José Roberto. No sólo eres muy culto sino que también eres intelectualmente muy intuitivo. No tengo duda alguna de que destacaste cuando estudiabas en la Universidad Complutense de Madrid.

– Intenté pasar desapercibido pero no lo pude evitar a pesar de que no usaba coleta para no ser demasiado visible.

– ¿Por culpa de las chavalas de buen ver?

– Tú lo has dicho.

– No sé si enfadarme o partirme de risa… pero te creo…

– ¿Estamos ya en Amiens?

– Acabamos de llegar a Amiens. ¿Por qué?

– Porque lo prometido es deuda y yo cumplo siempre con lo prometido. Tenemos que descansar media hora tomándonos unos buenos cafés y como tú te mereces siempre lo mejor de lo mejor, chavalilla, pues busca el Restaurante Mercure.

– ¿Dónde está eso?

– Se encuentra en el 21-23 de la Rue Flatters. Pon el GPS y te resultará muy fácil llegar.

– ¿Por qué precisamente el Mercure?

– Porque además de ser muy elegante es allí donde estuve escribiendo el artículo sobre Mary Patricia Plangman.

– ¿El de la revista mensual “Las Quimeras de Mercurio”?

– Exacto. Ese mismo. Como resulta que me gusta mucho ponerme en situación elegí el Mercure por lo de Mercurio. ¿Vas comprendiendo mejor mi manera de pensar?

– Demasiado. Es demasiado. Te la estoy comprendiendo mejor cada segundo que paso a tu lado.

– Pues no lo pienses mas y adelante…

Aparcando el Peugeot Sport muy cerca del Restaruante Mercure de Amiens poco después ya estaban tomando, tranquilamente, sus cafés con leche.

– ¿De verdad es importante hablar con ese abogado, José Roberto?

– La inmensa mayoría de la gente siempre piensa que es mejor pirmero ver y después creer; pero existimos algunas personas que preferimos primero creer para después ver. Los cristianos somos de esta última clase de personas. Si creo que es importante hablar con Benoit de la Colette es porque estoy seguro de que vamos a ver algo importante. Todo lo importante te lleva siempre a algo importante. ¿Vas comprendiendo, Angeline?

– Lo voy comprendiendo. ¿Es porque eres independiente y autónomo?

– Sí. Yo nunca he necesitado coleta para ser un buen torero. ¿Qué me dices a eso?

– Pienso y actúo igual que tú desde mucho antes de conocerte.

– Pues yo mucho antes de conocerte ya creía en tí y te veía tal como eres en realidad.

– ¿Y qué te parezco?

– Que eres el mejor y el más bonito de mis sueños hecho realidad.

– ¿Y las demás? ¿Qué sucede con las demás?

– Si te digo que no hubo ninguna más… ¿te lo crees?…

– Como la excepción confirma la regla te sigo creyendo.

– Entonces te contaré algo. El abogado Benoit de la Colette era el único en que confiaba Madame Canaris; así que algo interesanrte nos puede contar de la vida de esta señora. Si captamos algo interesante de su vida podemos comenzar a comprender qué es lo que está pasando con el asunto de su herencia. ¿Me sigues el hilo?

– Te sigo el hilo.

– Pues deseo que seas como Ariadna y no sueltes ese hilo nunca porque creo que me voy a meter en un laberinto como el de Creta. Es importantísimo que no sueltes el hilo para que yo pueda salir de él.

– Te voy a ayudar en todo y hasta el final porque eres mucho más guapo que Teseo. Por supuesto que no necesitas ninguna clase de coleta para ser mejor y más grande que el mismísimo Manolete.

– Gracias, Ariadna.

– Pero espero que no nos atrape el Minotauro.

– Si te refieres a Violín Canaris eso mismo espero yo; pero primero tenemos que saber dónde se encuentra.

– Ya es la hora de seguir, José Roberto, tenemos todavía más de una hora de camino.

– Está bien y como no podemos esperar dejo sobre la mesa el importe de los cafés mas una buena propina.

– ¿Por qué no esperas a que venga el camarero?

– Porque no me gusta que me den las gracias cuando hago un acto de generosidad.

– Por eso me gustas mucho más que cualquier otro por mucha coleta que lleve.

– ¿Es que hubo otros?

– Ninguno se me acercó a menos de dos metros de distancia. Es como si siempre hubiese estado protegida por “Romy”.

Salieron del Restaurante y subieron, de nuevo, en el flamante Peugeot Sport para continuar su camino; siempre ella como piloto y él como ayudante de la piloto.

– Es fantástico esto de ser copiloto de una chavala como tú.

– ¿Encendemos la radio para ver qué pillamos?

– Enciéndela. Puede que pillemos algo.

Angeline Castells Rouge encendió la radio…

“Queridos oyentes de Radio Europe 1. Últimas noticias del asunto Canaris. Según una fuente muy bien informada, pero que ha preferido e insistido en guardar su anonimato, nos hemos enterado de que Violín, el hermano gemelo del fallecido Piolín, ha estado viviendo, desde que nació, en la ciudad alemana de Aplerbeck; pero la policía ni confirma ni desmiente este dato”

– Hemos pillado algo muy importante, chavalilla.

– ¿No está Aplerbeck en las cercanías de Dortmund?

– Eso es. Puede ser una buena pista que nos la guardamos en la recámara mientras cumplimos con nuestra labor en Le Touquet.

– ¿Puedes anticiparme algo?

– Calma, princesa, calma. Parece que el asunto es mucho más interesante de lo que yo mismo estaba creyendo.

– Una inmensa fortuna de tal calibre no deja nunca de ser muy atractiva.

– En cuanto a lo de atractiva te prefiero siempre a ti… pero 200.000 euros son 200.000 euros.

-¡Jajaja! ¿Tan seguro estás de que vamos a triunfar?

– Si tú no me fallas nunca estoy seguro de que vamos a tener el éxito que buscamos.

– Ni te he fallado nunca ni te fallaré jamás.

En ese momento, cuando José Roberto besó el bello rostro de Angeline, los dos guardaron silencio mientras hablabla el locutor de la emirosra de radio.

“Queridos oyentes de Radio Europe 1. ¡Regresamos a 1970! ¿Es verdad que los viejos rockeros no mueren nunca? Posiblemente hasta sea verdad. ¡Aquí viene Miguel Ríos con su rock de todos los tiempos! ¡Un dia hubo una fiesta aquí en la prisión / la orquesta de los presos empezó a tocar / tocaron rockanroll y todo se animó / y un cuate se paró y empezó a bailar el rock / todo el mundo a bailar, / todo el mundo en la prisión / corrieron a bailar el rock. / El 47 dijo al 23 / parate mi cuate vamos a bailar / ven aquí volando a rocanrolear / que el rock de la carcel va a comenzar, el rock / todo el mundo bailar / todo el mundo en la prisión / corrieron a bailar el rock. / El Gato sabia dar al saxofón / y el Hércules sonaba duro al trombón / Mary batería se decide a tocar / y toda la cárcel se puso a bailar el rock / todo el mundo a bailar / todo el mundo en la prisión / corrieron a bailar el rock. / Un amargado no quiso bailar / se fue a un rincón y se puso a llorar / llegó el carcelero y le dijo, si / el rock de la cárcel es para bailar, el rock / todo el mundo a bailar / todo el mundo en la prisión / corrieron a bailar el rock. / El tronco dijo al bolo es mi oportunidad / no hay quien me vea y me puedo pelar / tú haz lo que quieras pero yo no voy / yo no quiero dejar de bailar el rock, / todo el mundo a bailar / todo el mundo en la prisión / corrieron a bailar el rock.

– Adelante, princesa, adelante… podemos…

– ¿Podemos vencer?

– Podemos vencer a los de la coleta.

– ¡Jajaja! ¡Admiro tu independencia! ¡Admiro tu autonomía! ¡Y admiro tu gran valor!

– Tres admiraciones son siempre mejor que una.

– ¡Jajaja!

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