Las cartas del cajón.

Despiértame cuando sea tarde, para que al menos me dé lugar a arrepentirme. Llévate contigo este lastre, yo no puedo soportarlo mas. No me creo, no te creo. He dejado de confiar en la vida, he perdido la fé. No me rindo, o eso pienso, pero para mantener el calor, a veces tienes que quitarte el abrigo.
A mis años la primavera ya no huele a margaritas, ni a amapolas. Y cuando digo años, me refiero a la edad del alma, no la del cuerpo.
Lo siento, de veras. Por no haber sido, no haber dicho, por no haber hecho. Perdóname, pues tampoco diré, tampoco seré y tampoco haré.
Pero recuerda durante todas las noches de tu vida, que en tus labios llevas mis besos y en tu piel mis caricias.

Perdóname, pero la culpa no fué mia. El destino nos jugó una mala pasada, nos puso a uno al lado del otro pero en dimensiones diferentes.
Mi amor no entiende de distancias, ni edades, ni situaciones. Por eso no te olvidaré en mi vida y una parte de mi será eternamente tuya, aunque esta historia tenga que acabar antes de empezar.
Toma esto como el beso que nunca te dí.
Se que me quieres y ya con eso, con solo saberlo, me conformo y soy feliz. Pero si te pido un abrazo, no me des mas, solo eso.

4 comentarios sobre “Las cartas del cajón.”

  1. Bien conjugados los pensamientos en esta reflexión que me parece de digna calidad. La calidez no tiene por qué ser excluyente para que una reflexión sea buena sino todo lo contrario. Y tu reflexión tiene ambos ingredientes: calidad y calidez. Si al beber del cáliz de los sentimientos somos capaces de sentir ambas cosas es que estamos escribiendo bien…

  2. Como dice la canción frente a frente » si te vas no me digas dónde, porque si te vuelvo a encontrar te volveré a querer y tal, vez mucho más».
    Pero no creo que debas conformarte con saberlo, porque lo gratificante es sentirlo y tal vez estes buscando en el lugar equivocado… o a destiempo.
    Saludos desde Tenerife.

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