Las chicas de los corazones pequeñitos.

No sé quiénes sóis pero yo os doy mi palabra de que nunca os he olvidado. No me pusísteis vuestros nombres pero en mis caminos nunca olvidé vustros corazones pequeñitos en todas las direcciones en que encaminé mis íntimos escritos. A veces os llamé Alba. A veces os he nombrado Rosa. O quizás también Rocío. Otras veces os apliqué nombres tan bohemios como Luna o Estrella caundo llagaba la noche y estaba tan solo que os llamaba Soledad. Yo entonces sólo tenía un despertar nuevos recuerdos. No sé quiénes sóis ni dónde estáis pero a veces os he llamado Amparo o Consuelo, chicas de los corazones pequeñitos grabados en la madera del pupitre donde yo ideaba rutas para la Imaginación. Ya sabéis por qué no pude acudir a aquel siemrpe penúltimo guateque y ya sabéis por qué a través de la magia os llevaba siemrpre dentro de mi corazón.

Bien, ahora ya solo necesito regresar. Es más. Ya estoy regresando definitivamente aunque no lo parezca. Pero mi futuro está en regresar. He vivido tantas cosas en tantas noches rotas por el insomnio que era necesario ser siempre fiel a mi único Gran Sueño para poder seguir siendo siempre un hombre verdadero y un verdadero hombre. Vustros pequeños corazones tuvieron mucha importancia para mí y mi Destino a la hora de librar mil y una batallas. Y siempre os regalé alguna imaginaria flor. Es por eso por lo que a veces os llamé Violeta… pero lo que nunca dejé de nombraros fue Esperanza. Por eso espero que hayais todas alcanzado la felicidad. Yo tuve que dejar la cima alcanzada para bajar y comenzar de nuevo a subir hacia ella. Sólo os puedo decir que Cupido ya había clavado su flecha en mi corazón cuando os conocí. Por eso os doy mi palabra que, en caso de que alguna sufriese por mi culpa, yo os doy mi palabra de hombre verdadero y de verdadero hombre que no fue mi culpa ni tampoco lo hice a propósito, porque yo era totalmente distinto a él. Quizás ahora ya hayáis podido comprender lo que sucedía…

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