Madrugada

El silencio es tan pleno en la madrugada que hasta el reloj se da el tiempo para comenzar de nuevo, las manecillas del reloj de pulsera marcaban las 4 y 12, llevaba caminando cerca de hora y media. 3 cigarrillos y el insomnio de todos los días ponían a tiempo la velada más extraña para algunos. En sincronía con el paso, inhalaba el humo que rápidamente desparecía con le ir del viento el cielo poseía una oscuridad insondable como si se preparara para dejar de existir. Se sentó sobre una roca, que indicaba que su recorrido había culminado, en el reflejo de sus pupilas podía verse el agua ennegrecida y tranquila, como si miraras el cielo, el lago se extendía libremente y tocaba la tierra de vez en cuando haciendo ruidos de vida.

A la otra orilla el campo estaba cubierto de cultivos. Dicen que la milpa llega a crecer hasta 3 o 4 metros los campos cubiertos de verde y dorado es el efecto que producen las espigas del sembradío durante el atardecer, pero en las noches, las espigas se tornan plateadas y los campos parecen estar cubiertos de chispas, q avanzan a través del viento, recorriendo las extensiones de tierra formadas por pequeños montes, uno detrás de otro, si se mira con atención donde el horizonte comienza, puede verse como las chispas atraviesan la luna tan enorme y tan cerca que tocarla parece verdaderamente posible y emergen hasta unirse con los cielos. El calor caía sobre los prados, no era un calor sofocante. Extraño para estas tierras que solo saben de climas desérticos, y eso, más que la hora o la claridad que avanza, anunciaba el amanecer. La gente de estos lugares duerme pacíficamente todas las noches, y no toman café, y no miran chispas en los campos, y nunca han visto la luna. La soledad de los pueblos más alejados del mundo, puede sentirse mirando los campos y los sitios donde los hombres trabajan durante el día, las luces de las casas dejan de funcionar comenzando las 11, y todo se queda callado y oscuro. Lo que impide que estos pueblos dejen de existir, es la esperanza de la gente que cree que un día despertaran y seguramente estas tierras habrán desaparecido, llegue aquí buscando la soledad y creo que me quedare el tiempo necesario para mirar como el olvido se lo lleva todo.

4 comentarios sobre “Madrugada”

  1. Nunca he visto las espigas plateadas ni los campos cubiertos de chispas a orilla de un lago, cuando hubiera podido verlo era muy pequeña y no me dejaban andar sola. Es una lástima que me pierda uno de esos espectáculos con los que la Naturaleza nos regala siempre que puede y nos dejamos.
    Un saludo.

  2. Si, Christian. Así son los campos en las noches «soliteadas» (nueva palabra que no existe en los diccionarios y que yo defino como «soledad de campo donde lo humano trasciende de nostalgia»). Tu relato ha sido tan trasparente, diáfano y emotivo que me ha arrancado un «soliteadas» noches. La milpa. ¿Has visto de verdad la milpa crecer?. ¿Verdad que es hermosa?. Y esas chispas que avanzan… ¿las has visto endorarse en la madrugada cuando nace el sol?. Yo las ví varias veces… !y qué hermoso espectáculo!. El olvido se lo lleva todo menos la memoria. Nos queda la memoria para escribir. !Y qué bien lo has hecho ahora!.

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