Mujeriego

Estoy condenado a amar a las mujeres,
hasta que me duelen;
me encantan,
cada una es distinta.

Todas sin embargo llevan consigo
algo similar,
no puedo amarlas más allá del amanecer
que me limita,
es exasperante soñar con el futuro
al lado de una sola mujer.

No le pertenezco a nadie,
ni nadie me pertenece,
el final funesto simplemente llega,
y la historia se va,
se aleja como los recuerdos
de un anciano que se añejan,
en el olvido,
en el canto desvanecido
entre las sombras, entre el frío.

A veces me parece infinito este ciclo,
y lo es,
y así será,
no hay porque negarse a este destino.

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