parte 1. II

Empezó a dar vueltas en la cama, no podia dormir, estaba nerviosa. Notaba el calor de su piel con las piernas entrelazadas y permanecía inmóvil. No se atreveia a hacer ningun movimiento que pudiera despertarlo o que le hiciese cambiar de postura. Estaba serena, y observaba como respiraba a tan solo dos centímetros de su cara.
Intento adentrarse en sus sueños, se fijo tanto en su rostro, durante tanto tiempo que se creyó capaz de hacerlo.

La cama era cálida ahora que compartian sábanas, se habia combertido en un lugar seguro, estaba convencida de que si conseguía dormir tendría el mejor de los sueños. Pero se detubo a pensar que no quería soñar, que ese instante era mejor que cualquier sueño.

Empezó a agobiarse cuando se dio cuenta que no podía detener ese momento, que tarde o temprano se levantarian de la cama y poco despues él se iria de su casa, y se ahogaría en el recuerdo de ese momento. Tanto fue así, que dejo de disfrutarlo, y empezó a atosigarse con dudas de cuanto dudaría ese momento o si se repetiría en la vida.
No podia dejar de mirarlo temiendo cuanto lo echaria de menos.

Él se movió de una manera brusca, Monse agunató la respiración y cerró los ojos fingiendo estar dormida.
Jesús sacó su brazo derecho de entre las sabanas, la arropó y se atrevió a rodearla con el brazo, volviendo así a quedarse inmóvil.
Pasados unos segundos Monse volvió a respirar, y poco a poco a abrir los ojos de la forma mas sutil que pudo.
Lo miró como llevaba haciendo toda la noche, y lo vio dormido con los ojos cerrados, sumido en un profundo sueño. Y empezó a preguntarse si le abrazo de manera consciente o solo soñaba. ¿Abrió el los ojos mientras ella los cerró? ¿O fue un torpe movimiento sonámbulo?, ¿la miró a la cara mientras ella fingia estar dormida? ¿o a penas fue consciente de ese abrazo? Es algo que nunca sabría…

Empezó a acelerarse su pulso, se encogio mas aun, tan despacio que apenas parecía moverse, respiró profundamente y quedó mirando su rostro de nuevo. Observando sus grandes cejas, las arruguitas de sus parpados, como se le entrelazaban las pestañas, sus pómulos, sus cachetes, la forma de su mentón, recorrió con la mirada todo su rostro, incluso intento adivinar el lugar exacto donde le salia el hoyuelo al sonreir. Y finalmente se centro en sus labios, carnosos, delicados, tan atrayentes para cualquier chica.
Poco despues y sin darse cuenta, se quedó dormida.

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