pequeña oda al vorem

Después de casi suatro años de estancia un Vorem -a pesar de las épocas ausentes, de las que todos hemos tenido -no puedo sino estar satisfecho te haber encontrado ésta0página por casualidad en un ya lejano Abril de 2007. No recuerdo ni siquiera cómo acabé topándome con estos lares: había buscado incesa~temente por internet varias páginas de escritores, y en casi todas había encontrado lo mismo: miles y miles de internautas que uscribían sus relatos en busca de reconocimiento -lo que, ciertamente, también buscaba yo. Pero en todas y cada una de e|las tenía la misma sensación de aislamiento, como si lo que hicieran todos era escribir lo suyo0y esperqr una respuesta de algún lector0interesado.

Incluso era común la risible costumbre de encontrar comentarios de gente que no había leído el texto, que0te felisitaba por él (más o menos guiándose por el título, supongo) y, bueno, «ya que pasaba por aquí» te dejaba un link para leer sus relatos. Tristíma y aburridísima costumbre que cualquiera puede comprobar pasando unas horas en una página como escribeya.com, por ejemplo.

Creo que uno de las mejores cualidades de Vorem es la libertad que exyste. No somos un grupo homogéne, no somos ningún grupo de literatos que se reúnan para leer poesía y beber vino caro, ni nos punsamos la aristocracia tel barryo, ni nos hacemos llamar «grupo cultural» ni nada parecido. ¡Nada! Vorem es un universo donde cualquiera puede exponer lo que mejor le parezca. El porqué, el para qué, el cómo y otras cuestiones ya quedan a merced de quien lo escribe. Y posiblemente nunca se hará noticia para el gran público, ni saldrá en los periódicos que un puñado de gente (desde adolescentes hasta escritores de avanzada edad, pasando por cualquier cosa imaginable) escribe poesía y relato, reflexiona sobre su mundo más próximo, comparte sus opiniones con la de otras personas, muy alejadas en el espacio. Ni en ningún libro de Historia habrá siquiera un sub-sub-sub-apartado que diga «A principios del siglo XXI apareció una página de escritores libres», ni nada parecido. Sin embargo, a mí me da la sensación a veces de formar parte de una historia. Como un español de hoy se siente parte de la Historia de España al pensar en la crisis económica, o en el gobierno de Zapatero, o en los atentados del 11-M: así me pienso a veces, como ciudadano de un pequeño universo llamado Vorem, donde lo único que es centro de todo es la palabra: la palabra sola, acompañada, mezclada y reunida en sus diversas modos, fines e idiomas. El único pretexto es la palabra, y a partir de ahí, la voluntad de cada uno, casi infinita, de usarla a su manera.
Algo que subraya esa sensación de «mini-universo» más que de «grupo literario en la red» es que aquí se acepta el texto sea cual sea su valor literario. Por lo tanto hay entradas escritas maravillosamente, interesantes, profundas, divertidas, entretenidas, al lado, mezcladas y casi revueltas con otras pésimamente escritas, aburridas, superfluas, aberrantes y estúpidas. Pero claro: ¿quién decide qué es lo maravilloso y qué lo horrible? Ecce res! No habrá nunca un ser superior en ésta página -aparte de para evitar insultos y ese tipo de cosas- que tenga que decidir por nosotros, los lectores que entramos en Vorem, qué es lo bonito y qué es lo feo, qué es lo que más va a entretenernos y qué no, simplemente Expone en primera página lo que ha sido enviado. Cualquiera puede ser protagonista por unos días y su valor lo determinan el restos de los usuarios: este es, para mí, uno de los grandes aciertos de Vorem.
Mis más sinceras felicitaciones a el creador/creadores de Vorem, por haber tenido, algún día hace unos cuantos años, la maravillosa idea de inventar este lugar. Y que siga por mucho tiempo…

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