Párrafos

Deambulo lentamente entre las cosas inmateriales de la tarde. Pero esta tarde ha sucedido algo, pues me he encontrado un libro. Un libro abandonado, junto a un contenedor de basuras que cada día aparece olvidado.
Parece un libro viejo, posiblemente usado, la cubierta descolorida de tanto contemplarlo. A ciencia cierta no lo sé, pero quizá alguien lo haya pisado, o también, quizá, amablemente, sido haya manoseado; los libros son, están, permanecen cerrados, para abrir y descubrir, y quizá luego, al tiempo, discurrir.
Quizá venga éste de una buena familia, de una buena casa con calefacción y bonitas estanterías y magnifica biblioteca llena de narraciones parecidas a ésta, aunque sea de ficción.

Su lugar de origen debe ser un taller de impresión que tiene aquí anotada en la cubierta sus referencias en caso de pérdida o extravío.
Me he inclinado para cogerlo, con cierto afecto por cierto. Ya no me da vergüenza; bueno, un poco sí que me da, pero muy poca, casi ninguna casi nada, pues según cuentan, quien tuvo retuvo, tal y como se suele decir por ahí en el mundo de las letras y el de los hechos, quizá sea el mismo mundo según las expertas y los expertos.
¿Y si me ha visto alguien que me haya visto? Poco importa, pues a nadie le importa un libro abandonado junto a un contenedor de basuras tan útil y necesario, en peregrinación a ninguna parte.
Hoy sopla el viento, mañana ya se verá. Es uno bastante frío que recorre los sitios. Y precisamente hoy me he encontrado un libro, tirado, abandonado. Creo que no puedo pensar adecuadamente, me duelen las sienes, el frío me tiene aterido por las sienes y no sé de qué trata el libro por dentro. Con este viento cortante cuesta pensar y leer, cuesta crear ideas para conocer un poco mejor el contenido en su interior está escrito, aquí el libro, artefacto de papel cartón, poca o mucha difusión.
En cierto modo este libro debe andar buscando a alguien que lo pesque en estos mares de asfalto, y poder escuchar o auscultar, tal lectura como píldora medicinal, en voz baja, bajo una lámpara bombilla enroscada y asertiva, alguien con quien leer un rato cada día, sólo un rato y no más.
Por el rumbo de esta tarde se ha presentado este frío, al parecer quiere quedarse, mañana ya se verá qué es lo que hará.
Quisiera sentarme en algún banco y hojear unas páginas para ir haciéndome una idea, pero el frío en las sienes me atonta un tanto y así no se puede.

El frío no me deja pensar con claridad, pero sí con rareza, de momento parece que el frío no quiere que disfrute de mi hallazgo hallado junto a un contenedor de, según algunas definiciones.
El frío viajando en el viento no me deja pensar, no me deja discurrir a través del porvenir vespertino, empero intentaré buscar un lugar para poder sentarme acomodar, y así echar un vistazo a estas hojas en blanco, llenas y escritas, en ellas un cuento, o un ensayo.

¡Pobre libro…!, nos manifiesta esta lamentación en exclamación.
¿Y si hubiera llovido…?
Si no lo hubieran abandonado. Si no lo hubiera encontrado, esta narración no habría nacido, no habría visto la luz, nada de esto habría ocurrido.

3 comentarios sobre “Párrafos”

  1. ¡Hallar un libro! ¡Coger un libro y abrir, como con miedo y con sorpresa, sus páginas! En cualquier momento de frío y de ansiedad, encontrarse un libro es comenzar a vivir una aventura. Es muy bueno tu texto, Volski, pero sobre todo hace meditar sobre qué puede contener en su interior cualquier libro que nos encontramos o que raptamos a la vida para pedir luego un tributo al conocimiento. Si alguien me dijera que un libro carece de importancia me limitaría a decirle que leyese este texto.

  2. Voy a preguntarme y responderme a mí mismo. Pregunta: ¿para qué sirve un libro? Respuesta: ¡para ser liberado!. Entre los párrafos podemos encontrar mucha abundancia de vida. Es lo que descubro cuando leo tu texto, amigo Volski.

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