Tú serás

Tú, que permites que tu cuerpo
nunca sea sombra sino luz
porque tienes el alma entera
bajo el cobijo de la doncella enamorada.
Tú, serás la perfección amante
de mi prometido viento deslizado
como rápido trueno y firme rayo
penetrando en la fórmula de tu romance.



Tú serás distinta a las olas del mar
porque otra música soñada serán tus dedos
cuando señales sin negarme nada
las huellas de mis pasos por la tierra
e, inmenso abono blanco de sentires,
besaré tus flores con mis ojos
en el silencio de la tarde admirando
tu cuerpo entero y desarmado.

Tú serás la pensada enredadera
callada en la mitad de toda mi voz;
prensada en los abrazos de los cálidos
momentos estrechados y nerviosos
como perfumes latiendo en las horas
de mis caminos palpitados bajo el fuego:
beso a beso, sin prisas y sin pausas,
amándonos en las noches estrelladas.

Tú, que te insinuas en el misterio
de la presencia del tacto ardoroso,
repasarás las manos por mi frente
para yo tenerte dentro de mi memoria
y desenredada de todos los hilos
tejidos por los vientos del ayer…
tú serás una espera de pecho desguarnecido
al que cubriré con pétalos de versos.

Hecha materia cristalina y, disfrazada
de sueño propio o de ficción,
en alma verdadera has de convertirte
buscando el lecho para toda tu presencia
en el constante soñar de mis visiones.
Tú serás, soñada por los cuatro lados,
la boca que beso todas las mañanas
como azul pasaporte de mi pensamiento.

En tu pecho ardiente de amapolas
el cielo de todos mis quereres
hará arder la conciencia tuya
como talle de pájaro tomado
en su vuelo circular y transparente;
y, envuelta en el amor violento,
desnuda quedarás de tus calladas
horas del reposo encantado.

Tú serás una aventura no ignorada
bajo el sol de las ondas rompiendo
el cenit esplendoroso del camino.
En las luces del poema enfebrecido
se alzará el milagro de la rosa
tomada por el clavel de mis afanes
y dócilmente en las auras del Destino.

Derechos los pasos hechiceros de mi voz
penetrará la brisa de la tarde
en toda la suprema materia
de los bordes primaverales del susurro
y al trasluz del secreto descubierto
el atardecer calmará su pena
en la alberca de fuego de tu boca
para convencerte de que es cierta mi esperanza.

Tú ondearás en el mástil de la tarde
como siglo de poemas inflamados
en el cuerpo yaciente del esperma
acontecido en todos mis cantares.
Allí soplará el viento su aventura
de poesía rota en mil pedazos
por el cristal de la dulce agonía
del deseo, el anhelo y las caricias.

Tú serás, entonces, todavía más liberada
de la sentencia de todas las condenas
y sometida al placer de mi capricho
un nicho viviente abrirás en los surcos
de todo mi pálpito colindante.
Tú serás en ese instante, a quemarropa,
el último disparo de la tarde
que impactará en la diana de mi sueño.

Levantada de las arenas del desierto
despertará toda la explosiva energía
del momento crepuscular y anaranjado
y, en medio del violento segundo,
cercado el sollozo de los placeres,
arderás por todo el continente
de las venas y arterias del poema
convertido en beso y en tormento.

Quedarán señales de tus huellas
como pruebas del paisaje rojo
en que, convertida la tarde brumosa,
la hojarasca llevará en sus entrañas.
Y entonces tú estarás tan dentro, tan interna,
que concurrirán todos mis empeños
en la dicha entera de poseer
la carne de tu mundo alboreado.

Tú serás el infinito inacabable
del intenso empuje de mis besos
y los glóbulos sangrientos de la calma
guardarás entonces sin remedio.
Dos vidas unidas por los hilos
de un antiguo pero nuevo e indesmayable
sueño de materia por los suelos
envueltos en tus huellas ardientes.

El aire inhumano en lo alto
del mundo con flores ha de quedar
y una nueva compañía de susurros
brotará de la fuente de tus cantos
porque te tengo ahora toda entregada
a la voz de todas mis canciones
centradas en el horizonte de tu cuerpo
como dedos de hombre decisivo.

Los pájaros huirán a la floresta
para dejarnos a solas simplemente,
enhebrados en el destino de la noche
que acerca su lienzo nacarado
para convertirlo en antorcha alocada
que prende su nueva llamarada
en todo el espacio del ambiente
incinerado de recuerdos y vivencias.

Y tú serás entonces, encantada
por el fuego de la firme recompensa,
un pétalo de viento enloquecido
que me arrastra al fondo del abismo
para hundirme en todas tus raíces
y me emerge de repente raudamente
para siempre en el círculo concéntrico
del esplendor de tu cuerpo y tu mirada.

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