Tomando la aspirina (Aspirina para dos/Woody Allen)

Lo primero que debo aclarar es que este libro es una obra teatral estrenada en el Teatro Marquina de Madrid, el 29 de abril de 1980, con los siguientes actores: Nicolás Dueñas (como Allan Fox), Loreta Tovar (como Nancy), Antonio Iranzo (como Bogart), Andrés Resino (como Dick Christie), Yolanda Farr (como Linda Christie) y África Pratt (como Susan, Susan Lake, Vanessa, Chica go-go. Intelectual y Bárbara).

Voy a hacer una crítica a esta obra de Woody Allen titulada «Aspirina para dos», versiñon de Juan José de Arteche (colección Escena de la Editorial MK) de manera lo más objetiva posible e indicando que no existe jamás la objetividad total en nada de los que podamos escribir; pero doy mi palabra de ser totalmente sincero.

Empiezo por señalar que es una obra teatral en 3 Actos: el primero de ellos consta de dos Escenas y los dos siguientes de una Escena cada uno de ellos). ¿Qué puedo decir del primer Acto?. Woody Allen juega con la figura del actor Humphrey Bogart y Mary Astor usando sus voces de la parte final de la película «El halcón maltés» que, para empezar, me parece un juego «imaginativo» para el que hay que estr muy bien preparado como escritor.

El argumento es un matrimonio en proceso de divorico. Un divorcio que se plantea desde el mismo inicio de la obra (lo cual me parece demasiado brusco pues creo que sería mejor utilizar al menos una escena para desencadenar acciones que guíen a quien lee el libro o ve la obra a hacerse una composición de lugar. Así que, de principio, este es el primer fallo que encuentro en «Aspirina para dos».

Allan se pone en «comunicación imaginaria» con Bogart. Cada uno de los componentes del matrimonio se plantea su futuro oor separado pensando desde el suicidio hasta el mayor disfrute posible de la vida. Se me queda corta la proposición pues son dos extremos y en una obra que se haga pasar por genial hay que saber llegar a dichos extremos (o no llegar nunca) a través de una serie de circunstancias argumentales que en esta obra no aparecen por ningún lado. Bogart, además, no aporta mucho al dilema pues es empleado por Woody Allen sin la fuerza y profundidad necesaria que siempre tuvo este actor tan apreciado por mí.

La primera pregunta que nos podemos hacer es si Dick y Linda, que aprecen demasiado espontáneamente y sin preparación alguna, sirven para algo determinante. Yo leo el libvro en esta parte y, por más que lo intento, no puedo ver esa determinación eficiente. Luego son como dos actores «fantasmas» que no aportan nada a la cuestión argumental o por lo menos nada que pueda sorprender al lector. No me impresiona mucho y es que Woody Allen quizás sea (para sus seguidores) un gran cineasta pero como autor teatral deja mucho que desear porque ¿quiénes son Dick y Linda y qué medios utiliza Woody Allen para hacerles entrar en escena en un momento que debería ser mucho más crítico y preparado. No. Así no se hace una primera escena teatral para mi gusto.

Los diálogos entre Allen, Dick y Linda me parecen flojos, muy flojos, tanto al principio como durante su desarrollo. Me parecen diálogos faltos dse interés. Aparecen algunas frases absurdas (como «me he estado acostando con la guía telefónica») que intentan ser chistes pero carecen de chispa necesaria para hacer reír o sonreír porque sólo son productos de la real neurosis de Woody Allen. Chistes sin gracia (y es que a mí siempre me pareció que Woody Alen no es en realidad un humorista sino sólo un cínico irónico que no es lo mismo pero tendría que ocupar mucho espacio de texto para desarrollar este asunto). El autor intenta ir elevando la tensión de la escena con algunas insinuaciones de Dick y Linda pero… ¿cómo se puede elevar una tensión que no existe?… y es que Woody Allen no para de presentar una especie de esperpento en esta «Aspirina para dos». La relación de Susan Lake con el argumento me resulta innecesaria e insustancial porque le falta chispa para ser comedia, le falta interés para ser drama y le falta fuerza para ser tragedia. Eso no se consigue con cortas frases absurdas.

En la segunda escena otra vez vuelve a repetir el juego de Allan «imaginando» hablar con Bogart, lo cual me parece una repetición innecesaria si se ha fracasado en la primera ocasión a no ser que de verdad utilice a Bogart en plena expresividad, lo cual no lo hace. Falta interés y sobre todo clímax para atrapar al lector o al espectador. Cuanod se utiliza a Bogart hay que hacerlo con mucho más interés. Algún chiste irónico de Bogart(simplemente referencial) no es suficiente para toda una obra de teatro. Woody Allen sigue sin conseguirlo en esta segunda escena. El verdadero Bogart no hablaba así y cuando se utiliza a un actor concreto hay que usarlo en su verdadera expresividad o sino uutilizar a otro. Falta emoción y entramos en una atonía desesperante a m edida que discurre la segunda Escena del primer Acto. Aaprece Susan también a destiempo y demasiado pronto para mi gusto particular y además añade una voz en «off» de Linda que sigue mostrando flojedad para el argumento. Las voces en «off» en una obra teatral sólo deben usarse para servir de puntos reflerenciales muy importantes y no como lo usa Woody Alen. La voz en «off» es un detalle que debe romper la continuidad del diálogo para enlazar acciónes entre sí y Woody Allen no hace eso. A mí me interesa un teatro (comedia, drama o tragedia) que tenga mucha mayor profundidad en los diálogos. Poco a poco Wody Allen intenta hacer gracioso el argumento a trávés de diálogos sin gracia. Lo cual es sólo absurdo.

Veamos el segundo Acto. Se efectúa dos semanas después de la crisis magtrimonial ppr lo cual no debe escribirse de estas manera tan anodina. El inicio es alocado y descompuesto, no tiene ordenamiento secuencuencial teatral y esta parte puede èrtenecer a un teatro «abstracto y oscuro» lo cual se traduce en pesadez y aburrimiento pues ni es, además, oscuro ni abstracto como debería ser. Al intorudicr los personajes de Gina y de Vanessa tampoco les da importancia suficiente y yo pienso que todo actor, aunque sea secundario o terciario, debe ser relevangte e importante. O Woody Allen no piensa lo mismo que yo o está fracasando. Sigue sin interesarme la obra. El tema sexual lo interpreta Wody Allen de una manera vacua y a mí me parece que, aun siendo elegangte escribiendo, cualquier tema sexual, en una obra de teatro, debe tener garra y fuerza ezpresiva; lo cual yo n o descubro aquí. Intenta Woody Allen hacerlo a través de Vanessa pero consigue sólo un monólogo (y yo aprecio mucho a los monólogos en una obra teatral) dislocado y sin esa verdadera fuerza ezpresiva dse la que os hablo. Woody intenta darle carácter a este monólogo y se queda a medias (lo cual es un fracaso a la hora de usar un monñologo). Mientrtas aparece Linda parece que intenta crear un poco de tensión teatral pero vuelve a fallar y eso por culpa del guión y nop de los actores ni de las actrices. Woody Allen no tiene suficiente talento teatral si ha escrito todas sus obras teatrales igual que esta «Aspirina para dos». Introduce, de repente, a una desilusionada o desilusionado que intenta suicirdarse y el lector se puede preguntar ¿en qué momento existe la circunstancia para ello?. No. Es repentino o como producto de un argumento que no nos enfoca hacia ese desenlace, lo cual es síntoma de que no se ve drama en ese momento pues un drama hay que ir preparándolo hábilmente en los diálogos anteriores. Sigue la obra sin tener fuerza expresiva aunque los actores lo intenten una y otra vez. No se lo gra porque lo que está mal es el guión. Aunque una obra teatra sea muy corta lo menos que tiene que tener (y más en caso de que sea tan corta) es clímax muy elevado y a este clímax no llega Woody Allen. «Aspirina para dos lleva ya un total dse 36 páginas sin haberlo logrado y a estas alturas ya se debía de haber producido dicho clímax pues ya estamos en el segundo Acto. Yo no introduciría personajes secundarios de puro relleno y r¡eso es lo que está haciendo Woody Allen sin ninguna clase de sentido claro. Después, viendo que le falla el intento, ya no introduce personajes preconcebidos, lo cual me parece una especie de temor al fracaso pues todo autor teatral que se precie de ello debe arriesgar hasta el máximo… pero la personalidad pusilñánime del propio Woody Allen se lo impide.

El tercer Acto, antes de leerlo (y segú he podido comprobar leyendo las dos escenas del primero y la escena del segundo) suena, desde sus inicios a fracaso. Un tercer Acto muy atropellado donde comete varios errorres; uno de ellos es que dos hombres que están dándose confidencias meintras se encuentran borrachos no lo hacen con monosílabos o frases muy cortas sino con mucha verborrea por el simple hecho de wue los borrachos hablan así. Woody Allen hace lo contrario. Además no sé por qué aparece el persoanje de un tenista (Jimmy Connors) si no le da chispa al argumento. Cuando se introducen persoanjes reales en alguna obra tetral o cualquier otro tipo de texto es para darle interés al argumento y no por simple capricho «espectacular» que aquí no tiene nada de espectacular. Al final algunas frases de Bogart (al cual recurre como último intento) enganchan un poco al lector pero ya es demasiado tarde pues la obra llega a su final.

Resultado: no me gusta la obra y no la recomienod a lectores que busquen vivencias intensas en un argumento de esta clase que, precisametne, es un argumento que tiene muchas posibilidades tanto para la comedia, para el drama o para la tragedia. Nuinguna de las tres cosas logra Woody Alen pues ni hace reír, ni hacer llorar, ni hace pensar al lector o al espectador que al final queda totalmente defraudado. !Señor Woody Allen, si quiere usar otra vez a Bogart fíjese, por ejemplo, en mi corto texto escrito en Vorem.com titulado «un Humphrey en el salón» y se dará cuenta de que este persoanje le podría haber dado mucho mayor resultado si le hubiese marcado con profundidad, gravedad e incluso ironía… pero con fuerza interpretativa.

Lo único que destaco de la obra es alguna palabra (que no frase completa) suelta y que no usa lenguaje obsceno en ningún momento. Por lo demás será una genialidad para los seguidores «a muerte» de Woody Allen pero para mi entender no tiene nada de genialidad y es sosa y aburrida o, en palabras del pueblo llano y sencillo de los madrileños castizos… es un «bodrio». Y que no se me enfade Woody Allen por ello ni tampocos sus fieles seguidores que lo tienen encumbrado como un verdadero astro de Hollywood. Para mí no tiene sustancia alguna.

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