Un balón entre dos (Cuento Breve)

Venancio se levantó de la desvencijada silla de enea. Al levantar su frágil cuerpo la silla crujió levemente mientras el gato «Ronrón» ronroneaba, plácidamente, junto a la estufa. El ambiente de la humilde cocina era asfixiante… pero Venancio no lo dudó ni un instante más, buscó el balón por toda la casa hasta que lo que encontró debajo de la pila del fregadero. Cogió el balón entre sus manos. Por unos instantes se quedó pensando en los días de partido barrial. Después salió hacia el bar de Iriondo.

Cuando Iriondo vio llegar a Venancio con el balón entre sus manos, un par de lagrimones sinceros surgieron de sus profundos ojos. Así que, ante la propuesta que le hizo Venancio, ni tan siquiera le dejó de terminar la frase. Se quitó la especie de delantal que llevaba puesto, le dijo a Martina que salía un momento para relajarse de tanto trajín y, poniendo su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Venancio, se dirigieron, ambos y al mismo compás, hacia el páramo.

Pasaron dos horas largas jugando a enviar el balón el uno al otro y viceversa. Ambos recordaban los tiempos pasados; sobre todo aquel partido en que cuando ya iban empatando a 4 y parecía que el tiempo se terminaba, lograron hacer tales combinaciones futbolísticas entre sí que colocaron un 12-4 a su favor en el casillero.

Al volver al pueblo todos guardaron silencio; pero, esta vez, Venancio supo que aquel balón entre dos, pasándoselo mutuamente por el único placer de ser amigos de verdad, era lo que le quedaba como certeza absoluta de su existencia.

4 comentarios sobre “Un balón entre dos (Cuento Breve)”

  1. No hay por qué, abuelita. Sabes que siempre cumplo las promesas cuando son sinceras. A mí me han prometido, a veces, hasta la gloria de ser escritor por 20 años sin parar… pero el tipo paró… y me dejó colgado… pero menos mal que elegí otro destino. Olvidé los 20 años sin parar para ser poeta de los 200 años sin tener que decir adiós. Ya sabes que yo no soy como Jaime Senior que era tan Senior que hasta se creía el Marqués de Ambato. En fin, abuelita, cuando necesites otro pequeño cuento, breve o largo, no tienes más que pedírmelo porque como tú bien sabes yo no soy el Marqués de las Falsas Promesas. Eso queda para los que te ofrecen el oro del moro cuando sólo tienen la plata de la gata. ¡Qué buenos refranes aprendí de ti!. Que Dios te siga cuidando.

  2. Totalmente de acuerdo contigo amiga Marian. Vivir con plena existencia y total transparencia para que nadie se equivoque en cuanto a quiénes somos, qué pensamos, qué decimos, qué escribimos, qué queremos expresar cuando escribimos y, sobre todo, cómo actuamos entre otros muchos porqués. UN ABRAZO CORDIAL MARIAN Y GRACIAS POR TU COMENTARIO Y PERDONA SI ALGUNA VEZ NO TE HE ENTENDIDO DEL TODO PEOR NUNCA JAMÁS HE DUDADO DE TI Y DE TU CAPACIDAD PARA ENTENDER QUE CIERTOS TEXTOS SON PRODUCTOS DE CIERTAS CAUSAS ANTERIORES Y QUE CIERTAS PERSONAS EXISTEN Y FORMAN PARTE DE ESAS CAUSAS ANTERIORES PERO NO SON NADIE DE LOS QUE ESTAMOS EN VOREM.COM O AL MENOS ESO PIENSO YO.

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