UN MOMENTO DESPUÉS…LAURA.

Azul. El azul se mezcla y contamina con un blanco vago, desvaído. Un blanco de tul evoluciona, danza, sonríe, me hace un guiño de magia de boulevard sobre el azul inmenso. Me estremezco, octubre entra en mi piel a través de mi ligera ropa estival, siento frío. Entro en la casa en busca de un jersey.

Parece que fueran costumbre estos movimientos desde hace siglos, cuando apenas llevo ocupando este lugar una semana. Sin embargo la soledad oscura de esta vieja casa de piedra, la alegría vivaz del patio, el olor dulce y goloso de la higuera cercana, pero oculta tras un patio contiguo, forman parte de mi ser rememorando pasados remotos que se esconden en órficas espirales de mi inconsciente. Seguramente constituyen una parte de mi literatura vital, la poesía alimenticia con la que se nutren mis galerías, la que me ha llevado a este lugar de mágico destierro a pregonar como un Dios las vidas infames de sus autores.

Desde la ventana de mi habitación, un inmerso pasado de caducos muebles y estaciones a donde he ido a buscar mi jersey, veo como Machado vuela y se dispersa por el aire. Se me fue mi primera lección.

Una muchacha, en el patio de al lado, recoge una hoja que, como caída de la propia higuera, se ha deslizado a sus pies.

-‘¡Se me voló Machado! ‘ Le grito desde la ventana abierta.

Ella me mira sin entender.

‘ ¡Hola!, esa hoja es mía.’
‘¿Es tuya?’
‘Se me voló. Las dejé en el patio y se me volaron todas.’
‘Allí hay otra. ¿Quieres que la coja?’

Pregunta y, sin esperar respuesta, trepa hasta las ramas de la higuera, donde una hoja perdida cuelga entre sus primas hermanas.

‘¡La tengo!’

‘ No hacía falta, se volaron muchas más. Será imposible encontrarlas todas.’

Su cara verdea entre las hojas del árbol y yo contemplo esta nueva perspectiva de su indecisión.

‘¿Qué hago con ellas?’

Me pregunta, mostrándome las hojas huérfanas, y, mientras yo aún paladeo la novedad de esta visión, ella se desliza hacia las ramas más altas, a nivel de la tapia, y salta al patio de la casa.

Me asusto, sólo entonces me doy cuenta de que le he pedido que las traiga, pero aún así, la forma en lo hace es inusual. No sé como, he bajado al patio. Le toco los hombros y luego le cojo las manos y, aun jadeante de la carrera, le pregunto si está bien.

‘Sí, sí…Perdona, lo hice sin pensar… Es que estoy acostumbrada a …’

En ese instante en el que el siglo se detiene en nuestros ojos, la sonrisa romana de Laura me reencuentra con todo mi pasado.

No sé porque mágica bondad de los dioses he vuelto a recuperar la dulce juventud garcilasiana de Laura, la gratitud de sus rasgos, aquella belleza renacentista que siempre emanaba. Conocí a Laura hace 400 años, cuando aún era joven y no me avergonzaba gritar su nombre en los anchos páramos de mi patria, pues, al pronunciar todas sus letras, la vida, que la estación me arrebataba, volvía a mis labios y yo, rápidamente, la bebía. Nunca la amé. Amarla hubiese sido como amar el presente efervescente, bullicioso y, de repente, sólo gas que se esfuma en el aire. Simplemente añoré amarla, que es el placer más inconmensurable que pudo legarme su presencia de ola matutina, brillante espuma que roza la playa cuando aún el sol no ha tenido el privilegio de hacerlo. Y ahora, cuando los siglos han pasado ocupándome en esta amena querencia, la presencia restaurada de Laura me manumite del olvido que supone la exclusividad de su recuerdo.

8 comentarios sobre “UN MOMENTO DESPUÉS…LAURA.”

  1. Todo un deleite haber podido leer tu texto impregnándome de sensaciones y de imágenes. El juego de la memoria, la hoja y la mano…parecen moverse en movimientos que se aproximan, en mitad de un equilibrio, donde encuentro tu «profundo pensamiento» como un hilo conductor del mejor relato. Me gusta la calidad con la que sabes hacer de tu «memoria» una fuente que deja brotar flujos creativos en diferentes direcciones. Para mi, ese relato personal siempre es prioritario. La reflexión poética o el texto en prosa condiciona el cómo lo puedo ver y el cómo transcribir en metáforas. Me cuesto mucho lanzar al lago una piedra tras otra, y que dialoguen los «seres de luz». Curiosamente acabo de escribir una pequeña obra de teatro que estrenamos el miércoles…Todo lo contrario de lo que nos hace coincidentes, pero…era un compromiso. Desde elpequeño escenario de la vida, estás invitado. Un saludo.

  2. «Curiosamente acabo de escribir una pequeña obra de teatro que estrenamos el miércoles…Todo lo contrario de lo que nos hace coincidentes, pero…era un compromiso. Desde elpequeño escenario de la vida, estás invitado. Un saludo.»

    Si es una invitación real y no metafórica, me encantaría. Siempre y cuando el espacio y el tiempo no nos sean demasiado relativos.

    Un saludo

  3. muy lindo texto lo disfrute, muy visual y me transporto a la sonrisa de esa Laura y su sonrisa. Me quedo con «simplemente añoré amarla, que es el placer más inconmensurable que pudo legarme su presencia de ola matutina…» muy deacuerdo. Saludos y un abrazo.

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