Un paseo cualquiera

Alberto, pelo roñoso y pintas de indiferencia, de esas que parecen no haberse duchado en días, sale a la calle como el que anda al baño. Arrastra los pies y mete las manos en los bolsillos de su antigua chaqueta de militar, lo único que guarda en recuerdo de su padre. Sale por dar un paseo, por hacer algo, para que cuando su vieja, infatigable, le pregunte que si ha perdido el tiempo de nuevo ese día pueda responder algo. Pues no, mamá, he dado un paseo, que te enteres. Y la vieja entonces no pone cara de «este se echó a perder», al menos no tanto. Alberto quiere a su madre, pero le daría un bofetón a esa cara. Aunque luego se da cuenta de que todo es culpa suya.

No ha caminado ni diez pasos cuando tropieza con el cristal del restaurante italiano de siempre. Pero todo, casi todo, menos el camarero, está pintado de rosa. Que caray… oohj, lo había olvidado. Pero si resulta, cupidín de mí, que hoy es 14 de Febrero, piensa.
Y en la mesa pegada al cristal hay una pareja. Un hombre no muy guapo, pero con cara de bonachón, y gafas de pasta. La chica sí que si. Que hermosura. Tiene el pelo muy gracioso, le cae apenas por las orejas, y la sonrisa es contagiosa. Nadie lo intenta evitar. A Alberto le recuerda a una chica ya conocida de antes, de cuando la guardería. Aquella que siempre ganaba a todos los juegos, nadie sabía por qué.
– Que cosa más cursi, hay que estar pedórramente enamorado para parecer tan acaramelados, miralos a los dos… puaj.
Y prosigue el paso arrastrado, y en calle, que calla a pesar de un frío vientolejo que más que soplar, escupe, se escuchan ahora sólo los pasos del amigo Alberto, seguro de sí mismo y de sus actos. Acaso sea el único que camina hoy, día de san valentín, y todos los ositos estén con sus ositas en casa. Ah, y una papelera de metal, de esas que suenan del carajo cuando les pegas, se pone a tiro. Mejor imposible
– Malditos cursis enamorados…
exclama Alberto, y le pega otra patada.
…que envidia…

Un comentario sobre “Un paseo cualquiera”

  1. Jajaja… este Alberto me hace recordar a un vecino de similares caracteristicas, solo que este hace de cada día una fiesta. He disfrutado tu relato, gracioso ritmo que no me solto hasta terminar de leer. Congratulations, saludos.

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