Una vida en el mundo (Novela) Capítulo 12

Violet.

Es mi hija y sólo tiene 13 años. Una niña. Es todavía una niña nada más. Estamos en el jardín, sentados en el duro y seco asiento de madera. Intento hablar con ella pero no responde… nunca responde a mi llamada… y sólo se queda mirando al infinito mientras estrecha su deshilachada muñeca de trapo contra su pecho. Se ha convertido en una autista. El cabrón que la violó me pasó el problema a mí. La dejó medio muerta y yo terminé de matarla asesinando lo que llevaba dentro. Le hablo y no responde… nunca responde a mi llamada. Sólo canturrea, estrechando su deshilachada muñeca de trapo contra su pecho.

– Esta niña tiene sueño tiene ganas de dormir, tiene un ojito cerrado, el otro no lo puede abrir. Duérmete mi niña, duérmete mi sol, duérmete pedazo de mi corazón.

Me he jurado a mí mismo, y que Dios me perdone si quiere perdonarme, que por lo que me queda de hombre tengo que atrapar al cabrón que la violó para caparle como a un cerdo. Sé que lo tengo que hacer.

– Violeta. Escucha Violeta. Quiero jugar otra vez contigo…

Pero ella sólo tiene 13 años de edad y no responde. Sólo canturrea, estrechando su deshilachada muñeca de trapo contra su pecho.

– Arrorró mi niña, arroró mi sol, arrorró pedazo, de mi corazón. Esta niña linda ya quiere dormir; háganle la cuna de rosa y jazmín.

Busco, con la mirada inquieta, esa inquietud de ella mirando al infinito. ¿Qué hay en el infinito que no puede responder? En el jardín sólo estamos ella y yo… y el silencio… ese profundo silencio de ella que me hiela el corazón porque un hijo puta cualquiera me la violó. Sí. Sé que yo la terminé de matar pero ya estaba casi muerta cuando la recogí convertida en un silencio. Luego se prolongó su silencio y se prolongó su ausencia. Me levanto del duro y seco banco del jardín. Quizás regalándole una rosa ella pueda sonreír. Pero sigo escuchando que sólo canturrea, estrechando su deshilachada muñeca de trapo contra su pecho. La rosa ni tan siquiera la ha querido coger…

– A la nanita mi niña no llores ni tengas penas yo te daré mi cariño porque soy una madre buena.

Tiene solamente 13 años de edad. Sé que tiene solamente 13 años de edad y por eso quiero darle ese pedazo de vida que el cabrón del violador le ha arrebatado pero… ¿quién soy yo?…¿qué es ella además de un silencio acusador que no habla porque tiene el vacío como existencia? Busco una referencia para poder entrar en sus pensamientos. Pero… ¿qué clase de pensamientos puede tener una niña de 13 años que, de repente, ha dejado de ser mujer porque ni tan siquiera la he dejado ser mujer que era lo único que le quedaba? ¿Y el cabrón? ¿Qué estará pensando ahora el cabrón que me la convirtió en una pesadilla? Recuerdo el estigma…

– ¿Quién, al final, será humano?

Dolorosa pregunta. Dolorosa pregunta para un padre que quiere volver a ser padre pero que ha perdido el rumbo porque el rumbo se le ha desviado…

– ¿Quién, al final será humano?

Quiero responderme a mí mismo pero no puedo. De pie, frente a ella, la miro por ver si descubre que es el dolor lo que me está haciendo que la mire… pero ella no responde a mi mirada… porque está ausente… o porque está presente en otro mundo mudo, silencioso, acusador… mientras sólo canturrea estrechando la deshilachada muñeca contra su pecho.

– A la nanita nana mi niña duerme. Con los ojos abiertos como las liebres. Ea la nana. Ea la nana. Duérmete lucerita de la mañana.

Atiendo atentamente las incordancias de su pensamiento. Tiene algunos pensamientos avanzados para su triste edad. La perenne cuestión de las edades es saber si vamos hacia dentro o vamos hacia fuera. Me acompaña su ausencia. Solamente me acompaña su ausencia. Hay un profundo sentimiento de soledad y un futuro doloroso. Yo la escucho. Después la hablo esperando un respuesta que nunca llega. Pienso, observando su no presencia, que el futuro siempre es un análisis que realizamos desde el presente voluntario a través de nuestros sentimientos. ¿Me comprende? ¿Sonríe de verdad cuando toca a su deshilachada muñeca de trapo o se siente atrapada bajo la nostalgia del tiempo perdido en el pecado? ¿Pecado? ¿Qué pecado puede tener un despertar sufriente del pasado infantil? Me dirijo a ella y le digo que no estoy de acuerdo con ese sentido amargo que siempre se ve en sus ojos y en su mirada. Es un tema que me gustaría poder hablar, alguna vez, con ella. Pero ese momento no llega nunca. ¿Cuáles son sus sentimientos internos? Sus sentimientos externos ya sé que son un vacío, una ausencia, un no estar presente en nada de la vida. Busco ser coherente de cara hacia el futuro. Pero… ¿qué se yo del futuro de ella si sólo es una niña de 13 años de edad que, de repente, ha dejado de ser lo que le hemos arrebatado entre el cabrón del violador y mi cobardía? Me mortifico y para dejar de mortificarme me dirijo a ella pero sin la entereza suficiente para poder superar este reproche continuo. No puedo superar la profunda sensación de eterna culpabilidad. El único motivo que me hace estar junto a ella es poder devolverle todo lo que le hemos quitado. Pero quizás ella no lo necesite ya. Por un momento he visto un reflejo de lucidez en su mirada como si me hubiera comprendido; pero solamente ha sido por un momento tan pasajero que no sé si ha sido realidad o ha sido lo que yo deseo que sea realidad. Y, de nuevo, se convierte en una fugacidad inexpresable y sigue atemporal. Nada de lo que le rodea es ya parte de ella aunque yo lucho por querer volver a jugar como antes. ¿Es posible que el mundo se haya acabado para ella tal como yo quería que no se hubiese acabado nunca? Fin del monólogo. Ella sigue canturreando mientras aprieta, más fuerte que nunca, la muñeca de trapa deshilachada contra su pecho.

– A dormir va la rosa de los rosales; a dormir va mi niña porque ya es tarde. Mi niña se va a dormir con los ojitos cerrados, como duermen los jilgueros encima de los tejados.

Me acerco a ella para poder sentirla más cerca pero cada vez está más lejos… más lejos… más allá de mi propia conciencia. Sigo jurándome a mí mismo que no he de pasar a solas este calvario porque al cabrón del violador le voy a buscar… por supuesto que le voy a buscar no para razonar nada con él sino para acabar con la parte de él de la que tanto se siente orgulloso y de la cual yo me siento tan culpable. Culpabilidad. Ese es el gran problema. La pulsión y compulsión de los sentimientos. El rechazo del subconsciente que la tiene abstraída en un presente que sólo es ausencia. Angustia suya. Culpabilidad ajena. Lo más preocupante es que se ha quedado enraizada en esta situación traumática de su formación personal. ¿Cómo hacer que supere este síndrome que me la ha apartado para siempre? Yo sé que la edad de un ser humano es una acumulación de experiencias transmisibles desde los demás cuando se está en período de formación. Pero con ella esto es tan relativo que, en verdad, no existe más que ese cúmulo de pulsiones, compulsiones latentes, lo inconsciente de la persona, una serie de parámetros que a ella ya no la relaciona con los demás. ¿Qué somos los demás para ella? Yo mismo lo he intentado descubrir un sinnúmero de veces pero el dolor no me deja poder entenderlo. ¿Y ella? ¿Entiende ella su dolor o simplemente está produciendo dolor en vez de hablar para condenarnos como culpables sin hacer caso de nadie?

– A la nana nanita nanita ea a la nana nanita ea apagar ese lucero que se despierta apagar ese lucero que se despierta aaaaaa… aaaaaa que se despierta.

Y se inicia en mi interior un verdadero enjambre de acusaciones, calificaciones desmedidas, descalificaciones justificadas, razonamientos en los que la razón es lo menos importante porque, al observarla cómo estrecha la deshilachada muñeca de trapo contra su pecho, me surge un verdadero arsenal de explosiones emocionales totalmente descontroladas y que nunca soy capaz de filtrarlas por el cedazo del raciocinio. ¿Raciocinicio? ¿Quá clase de raciocinio me queda salvo el de atrapar al cabrón del violador y caparle como se capa a los cerdos? ¿Qué satisfacción puede tener un cerdo de tal calibre cuando se justifica diciendo que obedece a su “sinceridad absoluta” porque de alguna manera quiere escapar de su culpabilidad? Yo no puedo entender otra cosa más que ella es solamente una niña de 13 años de edad, o era una niña de 13 años de edad, que se ha quedado sin referencia alguna porque la hemos ido matando brutalmente con su acción y con la mía ¡No! ¡No puedo filtrar mi firme decisión, quizás la única que me queda, por el cedazo del raciocinio. ¿Qué es eso de su “sinceridad absoluta” sino una verdadera retahíla de cosas impensadas? ¡Tampoco me queda a mí ya nada que pensar salvo buscarle y convertirle en el ser castrado en que el convirtió a mi Violeta!

– Violeta… ¡quiero jugar contigo!…

Pero o no me escucha o no sabe ya lo que es jugar. Toda la familia y las amistades que comienzan a intentar hacerla comprender que debe madurar sus comportamientos salen inevitablemente “apedreados”. Y hay que tener en cuenta que los seres humanos tenemos un límite de sufrimiento y que ir más allá es caer en el masoquismo innecesario. Yo no he tomado la decisión de irme a la cacería del cerdo por ninguna clase de razonamiento. Me he decido cazarle porque tengo el corazón completamente helado. Porque sé que la justicia no hará justicia más que para comprender… pero… ¿qué es lo que hay que comprender cuando intento jugar con ella y su mirada ya no pertenece al mundo de los juegos? ¿Y todo esto qué es? Eso es lo que a veces creo que ella se pregunta… si es que ya se pregunta algo… mientras sigue canturreando con la deshilachada muñeca de trapo estrechada contra su pecho.

– Ella baila sola esa canción aunque no haya olas ni coral, aunque no ragalen ya una flor.

Y siento, o presiento, o quizás sea verdad, que está sola; sumergida en algun profundo sueño de ausencias. Y siento, o presiento, o quizás sea verdad, que está sola; perdida en alguna extraña dirección de sus miradas hacia el infinito. Por eso necesito profundamente saber que la justicia no puede ser justa cuando el cerdo se jacta y yo quedo impotente. ¡No! Debo conseguir atraparle para que el impotente pase a ser él. Y aunque mi culpabilidad no desaparezca nunca… al menos me quedará la sensación de que en alguna parte de la ausencia de ella emerjo yo como quien toma la obligación de cerrar su ausencia con el poder de mi presencia en la vida del cerdo que se jacta porque no sabe que ya estoy sobre él, que ya sé en dónde se ha refugiado y que ya sé en qué momento de mi soledad dejará de ser ese fantasma que no me deja dormir cada noche. Conozco que es un colombiano oculto en la sombra de las drogas, que consume drogas hasta ponerse hasta el culo pero que, cuando le meta el puro que tengo encendido por el culo, va a comprender que ha llegado su fin. Y su fin ya no será otra cosa que quedar castrado. Por lo pronto será mi primer paso para redimirme ante la soledad de ella, ante la usencia de ella, ante la inexistencia de ella.

– ¡Voy por ti, cabrón!

Estoy en el Aeropuerto…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Estoy en la isla…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Estoy en su chalet…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Estoy ante su tragedia…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Se pone de rodillas…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Se arrasta como un cerdo…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Ya nadie ni nada puede detenerme…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Y después un rugido animal…

– ¡Voy por ti, cabrón!

Al final silencio… un profundo silencio…

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