Vendiendo el alma (El retrato de Dorian Gray/Oscar Wilde)

¿Quién no ha leído o ha oído alguna vez la frase «vender el alma al diablo»?. ¿Quién no ha leido o ha oído alguna vez algo sobre «El retrato de Dorian Gray» del homosexual Oscar Wilde (declarado homosexual por él mismo). Bueno, no es de la homosexualidad de lo que va esta mi crítica literaria. Es de «vender el alma al diablo».

El libro «El retrato de Dorian Gray» nada más salir a la venta pública fue considerado por los primeros críticos como empalagoso, nauseabundo, afeminado, sucio y contaminante (eso es lo que dijeron los primeros críticos ingleses al leer las primeras tiradas del libro). Y acertaron.

Yo, que he leído dicho libro, sé que es cierto que es una obra plagada de hedonismo (o sea vivir los placeres por los mismos placeres sin ética alguna), y que es una novela que distorsiona la moral de los lectores.

Siempre se ha estado opinando (a partir de unos descubrimientos que hiceron los periodistas críticos de El Daily Chronicle) que existía, de manera muy hábilmente escondida, en sus páginas un elemento que martirizaba la mente de los lectores y lectoras. Esta discusión viene ya desde el día 30 de junio de 1890 (cuando fue sospechada por los citados periodistas).

Pues es también cierto. La fama de Oscar Wilde esta basada en el homoerotismo (o sea el erotismo de los homosexuales). Aquí no voy a hablar de los homosexuales porque es un área social del cual no me interesa nada hablar ni me importa en absoluto su existencia ya que, aun conociendo dicho mundo por las lecturas y algunas cosas que he visto en la vida, no es para mi nada grato escribir ninguna novela o relato o cuento o poesía que trate de la homosexualidad. Paso olímpicamente de ese tema.

Pero a quienes querráis leer el libro (si no lo habéis hecho ya) yo os pongo en atecedentes de lo que es dicha obra; un joven narcisista que se mira al espejo y se ve tan guapo tan guapo tan guapo que vende su alma al diabo por quedarse siempre guapo para toda la Eternidad. Pero sucede que el diablo es traidor para sus seguidores a los que abandona siempre al final. Y al final Dorian Gray es abandonado por el diablo y al mirarse al espejo se horroriza del aspecto monstruoso en que se convirtió su rostro.

Bien. A quien le guste el tema que lo compre. Yo no se lo aconsejo a nadie de mi familia ni a nadie que considere mi opinión como valiosa. Libertad es Libertad y Aviso es Aviso… pero que cada cual tenga su propia responsabilidad en estos temas.

5 comentarios sobre “Vendiendo el alma (El retrato de Dorian Gray/Oscar Wilde)”

  1. Demasiado tarde, ya lo leí jaja. En fin, no me acuerdo como se llamaba el personaje que siempre tenía una opinión para todo, la cual siempre cínica a la par que irrisible a pesar de su retórica. Pero vamos, cada vez que volvía a aparecer, era un poco odioso leerlo. No sé si Wilde intentaba que lo odiase por sus opiniones, pero vamos, sea así o no, lo cierto es que lo consiguió.
    A mi el libro me pareció bueno, tampoco una maraviiilla, pero bueno. En cuanto a Wilde, tiene más que dar aparte de este tan famoso libro, como el cuento de la rana y la princesa que aparece en Tesis.
    En fin, si es bueno o malo es subjetivo. Para gustos los colores.

  2. Quiero romper una lanza por Oscar Wilde, ya que yo he leído el libro hace más o menos un año y a mi me gustó, aunque, por supuesto, respeto tu opinión.
    El retrato de Dorian Gray es una obra muy sincera, Wilde puso mucho de sí mismo ya que en una ocasión dijo: prefiero la belleza a la inteligencia porque no necesita ser explicada. Estoy segura de que él quería ser eternamente joven y bello, como Dorian Gray.
    Recordad que en el libro Dorian no comienza siendo un narcisista, es al aceptar posar como modelo para un cuadro, donde conoce a un extraño caballero que comienza a hablarle sobre la brevedad de la belleza, al ver el cuadro terminado le dice que nunca será más joven y hermoso como ese día que quedará para siempre inmortalizado en el retrato. Es entonces cuando Dorian expresa su deseo de que sea el cuadro el que envejezca en su lugar. Y no solo envejece en su lugar sino que el cuadro también empieza a mostrar la fealdad que estaba tomando su alma. Dorian jamás se arrepiente, confina el retrato a una habitación cerrada donde el cuadro no pueda ser visto por nadie, y sólo cuando comprende el mal que le hizo en su vida no ver su belleza ajada por el tiempo ni por su mala vida es cuando dice: la oración a un dios justo no debería ser Dios perdona nuestros pecados sino, Dios castiga nuestras inquinidades. (Sin duda, una gran frase). En el libro Dorian no ve nunca su rostro deformado, salvo en el cuadro. Su rostro envejece y se deforma una vez que Dorian muere.
    Espero que no te siente mal, como y he dicho solo quiero romper una lanza en favor de un libro que a mí sí me gustó. Un abrazo.

  3. El retrato de Dorian Gray se encuadra entre los clásicos modernos de la literatura occidental. Oscar Wilde quería alertar sobre los peligros de la autocomplacencia, que en el caso de este libro se refería al aspecto físico, pero que en la realidad puede darse en cuestiones como las habilidades que uno posee, o los conocimientos, etc. Bien está tener una alta autoestima, pero el exceso de autocomplacencia es lo que lleva a que se afee el interior, a que el espíritu se bloquee y la evolución se paralice.

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