Yo quiero seguir en las calles.

Yo quiero seguir en las calles, envuelto en la neblina de los anónimos; abierto el corazón a esas madrugadas con miradas de mujeres perdidas, farolas encendidas a cuya vera poder encender un cigarrillo y combatir el sentimiento escribiendo un poema en el dorso de la mano de un imaginario vagabundo; yo quiero seguir siendo ese que camina sin saber dónde está el final de todos mis caminos, yendo hacia el infinito de las compañías aisladas, las compañías del lucero y el perro vagabundo, poder sentarme a soñar cuentos en los bancos de los parques madrileños y comenzar el día leyendo los misterios de extenderse entre los gritos del silencio de esos seres que se pierden en el vacío de la noche anterior nada más que comienza de nuevo el amanecer porque no recuerdan en que estación de tren estuvieron vivendo sus últimas historias.

Porque he intentado hallar eco a mi presencia dentro de los cómodos y cálidos aposentos de los santos, de esos que se enamoran de los cantos y las alabanzas sin saber nunca lo que es mojarse hasta los huesos… y he sentido el sabor rancio de los viejos señores sin más aprendizaje que las cómodas butacas de los salones de los grande Actos; porque he buscado hallarme en los cursos de aprendizaje de las letras doradas y he sentido la ausencia, la inexistencia y el abandono del palpitar de mis latidos. Como si el corazón se me hubiera secado de repente. Por eso yo quiero ser otra vez el que sigue en las calles, tomando el café de cada mañana muirando las miradas de alguna que otra chiquilla que está buscando algo sin saber qué es, perdiéndome entre las sílabas de las crónicas de un periódico donde puedo ser hasta yo el que ha escrito algo como «No necesito más presencia que este mensaje de sentirme aislado pero teniéndote a mi lado, en mi corazón». Y quiero ser, de nuevo, la ausencia, el olvido, esa sensación de no existir para seguir siendo el que siempre quiere ser, cigarrillo en mano, como un mendigo que encuentra en los pasillos del metro de Madrid ese sentirse de nuevo más que un simple estar vacío. Salir de los Salones de Actos done el orgullo de los grandes es, en realidad, una sequedad de sentimientos. Prefiero estar en la barra de alguna taberna bebiendo un poco de café y mirando a los ojos al alcohólico, a la prostituta, a cualquiera que quiera cruzar una mirada de ayuda, de socorro silencioso, en una de mis sonrisas; y después, salir de neuvo a la calle y volver a ser el que camina para poder existir, el mismo que camina para ser verdadero sentimiento, el que sube y baja las escaleras de cualquier pasillo en vez de estar en los dorados sillones de esos oradores que hablan tan lindo sobre un Dios lejano, un Dios que no es el Dios que yo busco…

Yo quiero seguir en las calles porque no sirvo para estar con seres que no saben reír y para seguir siempre soñando, creyendo que en este mundo podemos encontrar ese hogar en el que nos hemos criado… el cielo… la calle… esas experiencias únicas e inolvidables de saberse vivos entre los ruidos del tráfico, el sonido del bastón de un ciego que tropieza con los cubos de la basura que están orillados, lejos de la presencia de los más pudientes, y poder sobrellevar el cansancio hasta el límite de este existir en la vida para ser alguien, para ser primero que alguien un ser humano, sin tanta santidad sobrante sino siempre con bastante santidad por conseguir. No quiero nunca rellenar poltronas sino sentir el suelo bajo mis botas al caminar. Que mis religiones sean siempre el viento, el sol, la lluvia, la nieve, la dureza de cualquier persona de un oscuro lugar donde pasar desapercibido y no ser reconocido por alguien a quien alguna vez incluso pude haberle ayudado a ser feliz. Yo sólo quiero la poesía de la luna de Madrid cenando con Ella en cualquier lugar… pero con amor… sólo por amor… y nada más que para el amor.

6 comentarios sobre “Yo quiero seguir en las calles.”

  1. Realmente bueno Diesel!! Sensacional, de hecho al leer tu texto me he sentido muy identificado porque tus palabras expresan muy bien los sentimientos que me han asaltado durante mis cuatro días en la calle casi sin comer y durmiendo una media de 5 horas, saliendo por la noche y volviendo por la mañana querido amigo, solo por amor. Saludos!

  2. Diesel, «embobaita» me dejas cada vez que leo algo como esto…
    A mí me dice un señor:» Yo sólo quiero la poesía de la luna de Madrid cenando con Ella en cualquier lugar… pero con amor… sólo por amor… y nada más que para el amor» …..y tienen que llamar al O61!!
    Nunca dejes de decirle esas cosas tan lindas a tu «chavalilla»
    Abrazo

  3. Gracias a los dos. A veces basta con decir un simple «gracias» para ser verdadero el agradecimiento sin tener que añadir más palabras que algunos pueden confundir con la vanidad. No me importa si se confunden o no se confunden conmigo pero os doy solo unas «gracias» de verdad.

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