Haendel y El Mesías

George Frederic Haendel no fue un predicador, ni tampoco fue un teólogo ni un misionero… pero pudo haber sido cualquiera de estas tres cosas. Lo que sí alcanzó a ser en la realidad fue un genial compositor musical del siglo XVIII y de todos los tiempos. Algo a la altura de Beethoven, Mozart o Bach. Este genial músico cristiano protestante ocupa un lugar destacadísimo en la música clásica y su figura ha pasado a ser patrimonio de la Humanidad sobre todo por su oratorio El Mesías, que va muchísimo más allá de su imaginación cristiana. Sigue Leyendo...

Conversaciones…

Acaba de salir mi jefe de la sala en la que trabajo, hemos estado más de una hora hablando sobre la vida…y la muerte, sobre la existencia…

He conocido a muy pocas personas en mi vida como Félix. Hoy, como algunas otras veces, me ha emocionado, así que dejo que mi emoción aflore…y repienso cada frase, y os escribo.

La conversación ha sido tan intensa, hemos hablado de los posicionamientos de algunos autores, como Camus, Ortega, Sábato, etc. (lejos, desde luego, de ser una conversación académica o similar), sin duda, lo más interesante han sido las lecciones vitales, las anécdotas, como siempre… Sigue Leyendo...

TU Y ELLA sin mi.

tu boca negra escupe ilusiones que no existen
y no existiran jamas
sin embargo te empeñas en hacerlas realidad
aun cuando tu mente no las considera verdad.
no logro entender tu necesidad
de confundirme y hacerme llorar.
mientras tanto tu te difuminas en otro lugar.
te pierdes en ella cuando no estoy ahi.
y mi presencia es un fantasma que te empeñas en disuadir.
si no existo y no estoy porque me mantienes ahi?

Cuando Cupido se aburre

Me he sentido imbecil, para no variar. No se si creía en los flechazos, pero hoy por un momento casi caigo, y fue un “casi” eterno. Me enamore y desenamoré en cuatro horas. Algo así como la experiencia del “cegador”, con la que perdí un año intentando digerir lo imposible, embotellada a presión en cuatro puñeteras horas.
Ha sido intenso, sí.
Él sonreía. Encantador. Nadie nombraba a Irene. Sólo a una tal ex de Burgos con la que no había acabado bien. Contestaba con evasivas o directamente ni contestaba a las preguntas indiscretas que Susana le lanzaba, mientras nos guiñaba el ojo como si le hubiera entrado ceniza.
Tres horas y dos cafés después yo estaba mareada por el humo.Yo fumando como un carretero, mientras él, encantador, seguía sonriendo y contando batallitas. ¡Qué entusiasmo, qué vidilla de repente! Entonces, ¿hay alguien? Sigue Leyendo...