Es totalmente incierto, Marian. No tengo ningún resentimiento pero soy un ser humano y como ser humano también siento dolores porque si no fuese así sería un monstruo. No estoy resentido, de verdad puedes creerlo, con nadie sino que con algunas personas prefiero no compartir nada de lo que en su día compartí porque, insisto, no soy un monstruo sin sentimientos y como tengo sentimientos tengo mucha alegría y me gusta mucho la vida pero también tengo dolores que ya están en el pasado pero prefiero no vivirlos de nuevo así que por eso despejo mi corazón contando verdades que sucedieron no por revancha, no por resentimiento, no por nada sino para hacerme un gran bien a mí mismo…
Archivo por días: 4 abril, 2012
mi pequeña princesa
Madrid… ¡claro que sí!.
Claro que sí que mi ciudad es Madrid. Claro que aquí, en Madrid, la lluvia es lluvia y el sol es sol y también los gorriones son verdaderos. Posiblemente alguien dude de cual es la ciudad más bonita del mundo. Cada ser humano tiene un corazón distinto pero quienes hemos vivido existencias verdaderas y principales es que somos de Madrid… ¡claro que sí!… la ciudad más bonita del Mundo.
Quien piense que la barriada de Abrantes no significa nada se confunden. Escribo desde Madriz (sí he escrito Madriz terminado en z y no ha sido un error ortográfico sino una forma de hablar con el corazón), porque, como en Madrid sí que existe la calle de la Libertad (¡y cuánto luchamos por conseguirlo algún día!) nos permitimos el lujo de escribir Madriz. Y es que hoy, a las siete y media antes del meridiano, juego naipes sobres las mesas imaginarias con el as de corazones de las vidas humanas. Porque la ciudad libre, la ciudad que más me representa mi corazón (que se escribe con z de Madriz) es Madrid.
Tres Pensamientos: Infancia, Hábitos y Juventud.
No matéis nunca jamás las ilusiones de los niños y las niñas ni su imaginación a la hora de jugar y soñar.
Los hábitos no hacen ni a los monjes ni a las monjas; pero los hábitos sí hacen a los escritores y a las escritoras.
Para poder ser eternos es necesario no crecer nunca más allá de la sana juventud de nuestros cuerpos ni de nuestras almas.