A Sentence sine qua non

_____________________________________________________________ A Sentence sine qua non

Incomodidad al comer,
al dormir, al escuchar,
al aprender, al levantarme,
al saber, al vivir
o al pensar en mí.


Ya no voy a moverme,
me quedaré aquí quieto
sin hacer absolutamente nada.
Ni un dedo para recuperarme, ja,
la muerte es más tentadora, más fácil, más cómoda,
la desaparición del qué hacer de las cosas.

No veré lo mismo mañana,
ni sentiré lo mismo mañana.
Impotencia, rabia, odio,
malestar, tristeza, soledad,
errores elegidos a conciencia,
para no ser devueltos a ninguno de sus progenitores.

No más besos para mí.
Yo no soy de carne y hueso.
Hay mierda por fuera y mierda por dentro.
No pienso llamar al dentista para que me quite las muelas,
ni pienso ir al psicoanalista,
ni llamar al médico por este asma.
No pienso comprar un cuaderno nuevo
ni pienso dejar de drogarme.

No voy a llevar al gato a ningún veterinario
ni voy a ayudar a mis amigos.
No voy a reflexionar sobre lo que tendría que hacer
para recuperarme.

No pienso cambiar.
Me odio y castigo
porque es lo que quiero y necesito,
es lo que pretendo y me toca.
Adoro sentir dolor en las muelas,
asfixia en los pulmones,
angustia, miedo, tristeza,
desasosiego, vacío, esfuerzo,
rabia, asco, malestar,
me gusta sentir todo aquello que me hace sufrir
porque me lo merezco por méritos propios.

Éste debe ser mi estado natural
y lo idealizaré hasta que no haya posibilidad alguna
de salir del oscuro mundo que lo rodea.
Lucharé amando este mundo
contra todas mis buenas acciones que encuentre al paso
y sin salir de casa.

Acabaré con el Amor.
Lo castigaré y fustigaré
hasta que sangre por todos los poros existentes
de su condenada piel.
Machacaré y dejaré inutilizada la bondad,
la verdad de las cosas, la realidad,
el último intento del ser feliz del anciano que guardo.
No existirá en estas tierras un secreto asquerosamente feliz
y asquerosamente vivo.
Haré todo lo posible por destrozar, aniquilar, desgarrar
cualquier corazón que me quiera
y clavaré el mío en la Cruz con una corona de espinas.

Después de la resurección, amasaré el mundo
a mi puta manera de hacer las cosas,
desde abajo, desde el núcleo, desde el útero,
desde cero, desde la muerte, desde la nada.

Y dicho esto me volveré a la cama,
me arroparé e intentaré dormir.
Esperaré paciente a no tener vida…
para que las moscas de la mierda
puedan procrear, a sus anchas,
en el centro de mi estómago.

. A un alma perdida.

3 comentarios sobre “A Sentence sine qua non”

  1. A la entrada de la habitación el olor a putrefacción saludó cada una de mis terminaciones nerviosas, como aquel jalón de cocaína entre las tetas de la finlandesa cincuentona, mi primero. La luz era como un animal viscoso y subrepticio, viendo del otro lado de los objetos metálicos con ojos de ingratitud y desprecio. La luz es siempre tan grosera con los hijos de la noche.
    Escuché entonces el sonido de cosas cayendo en algún indeterminado rincón.

    «Al menos no estoy frente a un portal al n-espacio», pensé y cobré valor para entrar.

    Rebuscando entre los montones informes de ropa, libros y basura me encontraba con trozos de su persona: algunas fotografías carcomidas donde aparecíamos ambos en días felices, manuscritos de su autoría,recortes de periódico donde se celebrara alguno de sus muchos talentos, jeringas y condones usados; en fin, pedazos de él mismo entre la molicie de mil cerdos, como perlas.

    Ese había sido su problema, por eso nos habíamos separado: Él simplemente no podía negarse a ellos, a sus demandas obscenas y sus hábitos de chiquero y yo no podía soportar verlo entre ellos. Él siempre fue el cisne en nuestro pantano. Yo escapé antes de morir acribillado o terminar como Alicia, con las tripas de fuera a la entrada del metro Bellas Artes.

    «Una obra de arte», dijo él cuando fuimos a reconocer los restos, «los hijos de su puta madre que la destriparon son unos pinches artistas, sólo un artista tiene los huevos para hacer obras tan impactantes» y apartó la cara de la fría pared de vidrio para esconderla entre papeles y formularios.

    «Los burócratas tienen la virtud de asfixiar cualquier sentimiento», recuerdo haberlo escuchado decir alguna vez esto.

    Después de esa noche, no volvió a salir de su apartamento en el centro, una buhardilla en el último piso de la vecindad más vieja de la ciudad.

    «Una verdadera ínsula del tiempo de los césares», él así la llamaba para nuestro desconcierto.

    Lo encontré boca abajo, en el piso; probablemente había caído a un lado de la cama cuando intentaba escapar en último momento, justo en ese instante que la muerte nos congela los miembros y sentimos el feroz latido de nuestro corazón negándose a morir. En su rostro se podía leer la desesperación de un amante no correspondido.

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