Al-daba

Una mano diminuta como el viento, pesada como el movimiento vuelo de la mariposa, una mano de hierro sin sangre, muerta la mano llamadora y golpe, rígido avisar, pues alguien llama, ¡toque!, ¡toque!, ¡toque!
Han sido tres veces, han llamado.
Espera.
Sigue esperando.

La puerta se abre chirriando.
Melodía extraña que abre y simpática una mujer asoma.
Mujer de edad señora, estatura no mucha, a la altura.
Asoma con cara de miedo, miedo a temer, asustada, pero ojos de mirada avispada.
Y la puerta se va separando, abriéndose y pide el andariego recién llegado, hospedarse quiere, está necesitado; quiere, según cuenta un alto en el camino.

Y la mujer de mirada avispada asiente.
Y se cierra la puerta con el chirriar de cerrar.
Y el hombre andante por un largo corredor oscuro, poca luz, avanza, como por su casa avanza y sigue. Como si estuviese en su.
Y la mujer, pues no, se queda ahí en el entrar.
Alza el hablar: “¿Está usted seguro, señor, de querer hospedarse, seguro usted?”, hace la mujer, sin que el hombre, abstraído como distraído, no haya bien oído.

El señor tragado por el corredor, la luz al fondo. No ha más.
Nadie sabe nada.
Nada del.
Vienen a buscarlo.

El chirriar de nuevo, se presentan a buscarlo.
Entran preguntan por él.
La señora asiente, otra vez.
Pasan. Andan buscándolo.
El corredor. Oscuridad.
Otra vez, la señora: “¿Están ustedes seguros de querer seguir en sus pesquisas sobre ese muchacho tal preguntan buscar?”, hace otra vez la señora.
Y suceso que se repite.

Tiempo después en.
La guía de la galería de arte llega, se para, y un cuadro, pintura que se secó
Los asistentes miran. En silencio los detalles.
La muchacha guía relata la historia de la mujer en el retrato, en el cuadro, en la pintura enmarcada…
Una anciana se acerca; y las gafas para mirar de cerca.

El nombre del cuadro: “Al-daba, la señora de mirada avispada que quedándose atrás preguntaba”.

5 comentarios sobre “Al-daba”

  1. Veamos a ver qué nos canta ahora el «autista» sobre lo de yo pasaba por allí y una de dos o me llevo a esa mujer o entre los tres nos las apañamos para pasarlo bien que es que me entra la risa cada vez que lo escucho. O sea, que detrás de toda clase de puertas siempre hay una sorpresa. De verdad. Lo vi con mis propios ojos en cierto chalé madrileño. Un abrazo cordial, compañero.

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