Consecuencias

El paso del tiempo nos convierte en figuras históricas cuando nos dedicamos a existir fundidos en la mítica condición de sobrevivientes de eso que algunos llaman imaginario colectivo. ¿Imaginamos que somos personas relevantes o es la sociedad la que nos convierte en relevancias unívocas? No equivoquemos el ser inspiraciones de la mayoría del pueblo con existir dentro de la masa. Podemos obtener un grado de eternidad cuando rememoramos nuestra aventura de ser protagonistas de aquellos sucesos que cada día nos sirven para el desarrollo de nuestras historias. ¿De qué historias estoy hablando?

Hablo de estar viviendo con nuesrtra propia filosofía colectiva individualizada en cada suceso cotidiano que nos ha tocado representar. Existe la certeza de que, pensando, podemos llegar a alcanzar aquello que estamos soñando. Y es que pensar y soñar son dos verbos tan transitivos que nos hacen cruzar la línea de lo imposible cuando optamos por ser más independientes que las ofertas que todos los políticos nos prometen como solución a nuestros problemas personales. Si somos personas somos mucho más que dimensiones politizadas.

No debemos estar de acuerdo con disminuir nuestras fértiles creatividades regalándoselas a los manipuladores de promesas que no sólo dejan de realizar sino que nos convierten en esclavos de sus ideologías. Lo he dicho ya un millón de veces y lo vuelvo a repetir: si nos hundimos en el caos de las ideologías políticas nunca podremos alcanzar ese grado de personalidad que nos hace únicos e irreversibles. ¿Qué es la demagogia política? Prometer algo que se sabe de antemano que no se va a llevar a cabo porque sólo son entelequias infértiles. Por eso no debemos confundir las utopías con los espejismos dialécticos. Debemos de tener en cuenta que todas las ideologías habidas a lo largo de la Historia de la Humanidad sólo han sido, y siguen siendo, espejismos que nos extirpan las esperanzas convirtiéndolas en decepciones.

Para no decepcionarnos demasiado con lo que vemos a nuestro alrededor (masas de seres humanos buscando algo que han perdido hace ya muchos siglos) lo mejor es no creer demasiado en promesas que se nos presentan como ideales de sociedades desarrolladas. ¿Cuándo las ideologías han logrado una sociedad desarrollada sin haber sacrificado millones de esperanzas que se han hundido en la decepción total? La futura ideología liberadora no existe por el simple hecho de que es una ideología más. Si los de Podemos creen que van a engañar presentando una idílica propuesta de ideología neocultural, se olvidan de que lo neocultural no se basa en ningún principio dirigido desde las alturas del poder ideológico. Lo neocultural se produce cuando buscamos y encontramos ese punto referencial en donde cada uno de nosotros y nosotras, personas ideales y no ideologizadas, creamos un universo de ideas irrenunciables que no las podemos perder a la hora de querer vivir un paso más allá de lo que nos prometen los ideólogos (y los de Podemos son tan ideólogos como los demás) como salida a una crisis que ellos mismos han creado y que ellos mismos desean que siga perpetuándose para seguir manteniendo su demagogia existencial.

Si somos algo más que números del cociente de efectividad de sus ambicioens (y Podemos ambiciona lo mismo que los demás partidos políticos o grupos ideológicos) no debemos olvidar que el principal centro de nuestras existencias somos nosotros mismos con nuestras propias creatividades sociales que nunca las debemos entregar a las manipulaciones ideológicas. Mientras sigamos reforzando las ideologías seguiremos siendo cada vez más esclavos. La pérdida de nuestras ideas propias acarrea esa clase de consecuencias.

5 comentarios sobre “Consecuencias”

  1. Con perdón para quienes sigan confiando (y me parece muy bien que confíen si no encuentran otra alternativa porque yo haría lo mismo) pero solamente digo, debido a experiencias propias, lo del proverbio: “La primera vez que me engañes la culpa será tuya; la segunda vez, la culpa será mía”. (Proverbio Árabe). Y que conste que siempre he sido positivo y sigo siendo positivo pero tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe y por eso algunos preferimos la abstención que significa seguir viviendo sin el cántaro del cuento de la lechera. Quizás Podemos sea la excepción pero prefiero verlo desde la barrera para no seguir desilusionándome al final. Puede que ya, en Política y otras cuestiones vitales de parecida manera manipuladora, sea solamente un escéptico pero la sociedad me ha enseñado a ser así. Me he quedado solamente en cristiano nada más. Lo demás me sobra salvo a la hora de conocer lo que no quiero conocer.

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