La Leyenda de Pegaso (Reportaje Cultural)

Dentro del contexto general de la Mitología Griega, Pegaso fue el caballo alado servidor de Zeus, el dios de los dioses que luego los romanos lo llamaron Júpiter. Pegaso condujo a Belerofonte hasta la Quimera, y también aparece en el mito de Perseo. Según las versiones, había nacido del cuello de la Gorgona o de la Tierra fecundada por la sangre de la Gorgona. También se le tenía por hijo de Poseidón y la Gorgona. Con él se vinculaba el nacimiento de las fuentes Hipocrene y Trecén. Más tarde se le transformó en constelación.

La representaciones iconográficas del mítico caballo alado suelen estar ligadas a Belerofonte («Belerofonte abrevando a Pegaso», bajorrelieve alejandrino del Palacio Spada de Roma, del siglo I después de Jesucristo), aunque también aparece en compañía de las musas, simbolizando la inspiración poética, como en «El Parnaso», de Mantegna (Museo del Louvre). Es tema frecuente en la numismática griega y romana (monedas de Corinto y Ampurias), y en la decoración arquitectónica (por ejemplo, el grupo de «Medusa con Pegaso y Crisaor», en el templo de Artemisa en Corfú).

En Astronomía, Pegaso es la constelación boreal situada entre las de Andrómeda, Piscis, Acuario y el Cisne. Fue una de las 48 constelaciones reseñadas primitivamente por Tolomeo en el «Almagesto». Su nombre latino es «Pegasus», y se abrevia como Peg. Contiene 116 estrellas perceptibles a simple vista, de las cuales hay una de segunda magnitud y tres de tercera. Esta constelación suele identificarse por cuatro estrellas brillantes que forman un cuadrado casi perfecto, llamado «el cuadrado de Pegaso», cuyo vértice Noroeste está ocuipado por «Sirrah», la estrella alfa de la constelación de Andrómeda. Alfa Pegasio, «Markab», es una estrella de tipo espectral B9, situada a 102 años luz de distancia y cuya magnitud visual vale 2,57. Esta constelación contiene un cúmulo de unas 100 galaxias situadas a una distancia media de 15 megaparsecs.

Existió una revista semanal mexicana de literatura y arte con el nombre de Pegaso, fundada por Ramón López Velarde, Enrique González Martínez y Efrén Rebolledo, que formaron también el equipo de dirección. Publicó un total de 15 números entre marzo y junio de 1917, y a pesar de su corta vida destacó por su búsqueda de nuevos caminos poéticos superadores del modernismo y por una nueva sensibilidad social, vinculada al clima característico surgido de la Revolución mexicana.

Pegaso era un caballo alada, como dijimos antes, y fue el primer caballo que llegó a estar entre los dioses. Pegaso era el caballo de Zeus, el dios soberano, amo del Cielo y la Tierra. Pegaso nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo cortó la cabeza a Medusa. Ésta era una de las tres hermanas Gorgonas: las otras eran Esteno y Euríale. Suele representarse en blanco o negro y tiene dos alas que le permiten volar. Una característica de su vuelo es que cuando lo realiza, mueve las patas como si en realidad estuviera corriendo por el aire.

Según las fuentes clásicas, Perseo no llegó a volar montado en Pegaso, puesto que lo hacía gracias a unas sandalias aladas; sin embargo, muchos artistas renacentistas lo representaron volando en este caballo.

Pegaso aparece relacionado fundamentalmente con el héroe Belerofonte, quien a lomos del équido alado logró dar muerte a la Qumiera, bestia de múltiples cabezas (entre ellas una de león y otra de cabra) que asolaba los territorios de Licia. Gracias a este corcel Belerofonte pudo obtener igualmente una victoria sobre las amazonas. Belerofonte encarna el «defecto» de la «excesiva» ambición. Cuando por fin consigue montar a Pegaso, no contento con esto le obliga a llevarlo al Olimpo para convertirse en un dios, pero Zeus, molesto por su osadía, envía a un insignificante mosquito que pica el lomo de Pegaso y precipita al vacío a Belerofonte sin matarlo, quedando lisiado y condenado a vagar apartado del resto del mundo toda su vida recordando su gloria pasada.

La leyenda de Pegaso puede haber influido la formación de la figura del buraq en la tradición islámica. Es uno de los equinos más célebres de la literatura junto con Rocinante (caballo de Don Quijote de La Mancha), Babieca (el del Cid Campeador), Bucéfalo (el de Alejandro Magno) y el caballo de Troya además del caballo de Atila.

Pegaso ha sido uno de los caballos mitológicos más llevados al cine al igual que el unicornio, siendo seres extraordinarios que encajan perfectamente en las películas de fantasía y ficción. Un ejemplo es «Legend». En el manga y anime «Saint Seiya», el caballero de la constelación de Pegaso es el protagonista de la historia, vinculado principalmente a los dioses Atenea y Hades. Y nuevamente mencionado en el anime y manga «Sailor Moon» como el protector de los sueños. También apareció en la película animada «Hércules2 (1997), de Diney Pictures. En ella, Pegaso es un regalo de Zeus a su hijo Hércules. Además se puede apreciar en «Clash of the Titans», donde aparece al lado de Perseo y lo ayuda a transportarse.

Más aportes a su Leyenda. Pegaso es un caballo alado. Su nombre proviene de la palabra griega phgh, que significaba manantial, pues se decía que había nacido en las fuentes del Océano.
Hay varias versiones de su nacimiento. Por un lado se decía que había nacido del cuello de la Gorgona, cuando Perseo la mató en el mar. En esta perspectiva, resulta que su padre es Poseidón, y Crisaor su hermano gemelo. Otra versión sostiene que nació en la tierra, fecundado por la sangre derramada de la Gorgona, cuando Perseo la mató. Una vez que nació, Pegaso fue al Olimpo, donde se puso a las órdenes de Zeus, al llevarle el rayo.

El papel de Pegaso más importante es en la leyenda de Belerofonte, sobre la que hay diversos argumentos. Por un lado, se decía que Pegaso había sido regalado a Belerofonte por la diosa Atenea (diosa de la sabiduría), pero según otras historias fue Poseidón el que dio el caballo a Belerofonte. También se contaba que el héroe lo había encontrado, cuando bebía en la fuente de Pirene. Fue gracias a Pegaso que Belerofonte pudo matar a la Quimera y lograr por sí solo la victoria sobre las Amazonas. Cuando Belerofonte muere, Pegaso volvió a la morada de los dioses. Tiempo después, se dio el concurso de canto que enfrentó a las Musas con las hijas de Píero. El Monte Helicón estaba muy complacido por la belleza de las voces, por lo que empezó a crecer amenazando con llegar al cielo. Al ver el peligro, Poseidón le ordenó a Pegaso que fuera y golpeara a la montaña con uno de sus cascos para ordenarle qe volviera a su tamaño normal, a lo que la montaña obedeció dócilmente. Pero, en el lugar donde Pegaso la había golpeado brotó la Fuente Hipocrene, o Fuente del Caballo. Por último, Zeus lo convirtió en Constelación, para que fuera eterno. Cuando esto sucedió, una pluma de sus alas cayó cerca de Tarso, y así la ciudad adoptó su nombre.

Un estupendo resumee, sobre el mito del caballo volador, es el que ofrece José Márquez Céas. El mito del caballo voladorJosé Márquez Céas. La mitología nórdica es, junto con la griega, una de las más ricas y creativas por la variedad de personajes (dioses, héroes, villanos y criaturas fabulosas), como por la cantidad de elementos que conforman un universo mágico con un vasto tejido mitológico que ha sido fuente de inspiración para poetas, pintores, escritores y músicos, a través de los siglos. Una de las criaturas de la mitología griega que siempre ha cautivado la imaginación, es el caballo volador, el más famoso de los cuales fue Pegaso, que también tuvo sus iguales dentro de la mitología nórdica. Pegaso, del griego Pagé –que significa “manantial”-, es el caballo blanco de alas doradas que nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo, hijo de Dánae y Zeus, cortó la cabeza a Medusa, la más letal de las 3 Gorgonas. A Pegaso se le conoce también como el caballo de Zeus. Perseo, con la ayuda de Pegaso, pudo liberar a Andrómeda, hija del rey de Etiopía, que había sido atada a una roca para ser devorada por el monstruo marino Ceto, en castigo por haber disputado el premio de la hermosura a las Nereidas. Después de liberada, Andrómeda se convirtió en la esposa de Perseo. Encontrándose Pegaso en el monte Helicón, en la Beocia, un día que era montado por Euterpe, musa de la poesía lírica y de la música, fue pinchado por esta provocando que diera una terrible coz en el suelo, brotando inmediatamente la fuente Hipocrene, que en adelante sería muy visitada por los poetas. Tal situación provocó los celos de Calíope, musa de la elocuencia y la poesía épica, que condenó a Pegaso a llevar sobre sus lomos a los jinetes del Apocalipsis: La guerra, la peste, el hambre y la muerte. Después de Perseo, la aventura más conspicua de este caballo volador fue con Belerofonte, hijo del rey Glauco de Corinto. Belerofonte, ayudado por Pegaso, pudo conquistar a la hija de Proteo, rey de Argos, y aniquilar a la Quimera, monstruo que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente.

En la mitología nórdica, las Walkirias, cuyo nombre significa “seleccionadoras de los caídos”, eran mujeres guerreras –como las amazonas griegas- que servían al dios Odín y cabalgaban por el aire montando caballos voladores como Pegaso. Su principal misión era llevar a los guerreros muertos en batalla al Valhalla, el palacio de Odín en Asgard. Odín poseía el caballo Sleipnir, que tenía 4 patas traseras y 4 delanteras, lo que le daba una fortaleza y velocidad que ningún otro caballo poseía. Sleipnir podía conducir a Odín por tierra, mar y aire, e inclusive, llevarlo hasta el Reino de los Muertos y retornar sin ningún problema. El mito escandinavo vincula el origen de Sleipnir a la construcción de las murallas del Valhalla.La mitología nórdica inspiró “El cantar de los Nibelungos” en el que se basó Richard Wagner, para componer la tetralogía musical conocida como “El anillo de los Nibelungos”, siendo “La cabalgata de las Walkirias” el primer acto de esa obra monumental.

El mito del caballo volador encarna la aspiración del ser humano por trascender el mundo material, remontándose a regiones elevadas, espiritualmente hablando. Pegaso simboliza también la inspiración poética y en tal sentido nuestro insigne vate, Rubén Darío, no pudo escapar al influjo griego del caballo volador, habiéndole dedicado en Cantos de Vida y Esperanza su poema VII, Pegaso, cuya estrofa final dice: Domador del corcel de cascos de diamante, voy en un gran volar, con la aurora por guía, adelante en el vasto azur, ¡siempre adelante!

La Leyenda de Pegaso ha sido motivo, en numerosas ocasiones, del Arte. Así, por ejemplo, se muestra con el bajorrelieve «Belorofonte abrevando a Pegaso» del Palacio Spada, en Roma. Este Palacio Spada (en italiano Palazzo Spada) alberga una gran colecciñon de arte. Se encuentra en el rione de Regola, concretamente en la plaza Capo di Ferro, 13, con un jardín enfrente del Tíber, muy cerca del Palacio Franersio. Es famoso por su fachada (donde se encuentra el citadop bajorrelieve) y por la flasa perspectiva lograda por Francesco Castelli más conocido como Borromini. Y el mismo tema de «Belerofontoe abrevando a Pegaso» es un motivo de un plato de vidiro de la época romana que se conserva en la ciudad española de Vitoria. Los últimos años de Andrea Mantegna en la Corte de Mantua los pasó bajo la protección de Isabella d’Este, esposa del duque Francisco II Gonzaga y unánimemente reconocida como una de las damas humanistas más ilustradas del Renacimiento Italiano, la cual, se rodeó en su pequeño estudio del Castillo de San Jorge de una importante corte de artistas y pintores del momento. Junto a Isabella d’Este, un casi anciano Andrea Mantegna cultivó sobre todo la temática mitológica, destacando obras como El Parnaso, El Triunfo de la virtud, o Isabella d’Este en el Reino de Armoná, obras todas ellas hoy depositadas en el Museo parisino del Louvre. Andrea Mantegna moriría un día de septiembre de 1506, contando nada menos que con 75 años de edad y acuciado por varias deudas ya que, las nuevas modas pictóricas propuestas por artistas de la nueva generación habían hecho que sus encargos se resintiesen.

Sobre «El Parnaso» de Mantegna, en Ate Historia (Internet) se dice lo siguiente: El destino de este cuadro era el «studiolo» de Isabella d’Este, quien se lo encargó a Mantegna en 1497 junto al Triunfo de la Virtud Se titula un poco arbitrariamente el Parnaso, porque se ha querido ver en las muchachas danzantes las nueve musas de las artes. Sin embargo, en los inventarios antiguos figura como una Venus y Marte rodeados por los dioses. Nos inclinamos más hacia esta interpretación, porque de ser el Parnaso, Apolo debería tener un papel más protagonista, llevar su corona de laurel y tendría que aparecer la fuente Castalia que se supone la fuente de la inspiración para todos los creadores. Siendo el Parnaso no se explica la presencia de Mercurio ni Vulcano; así, parece un cuadro laudatorio de los amores adúlteros de Venus, esposa de Vulcano, con el dios de la guerra, Marte. Así se explica el gesto acusador de Vulcano en su cueva del fuego, contestado irónicamente por Cupido. Las jóvenes bailarinas serían, en esta explicación, nueve ninfas que bailan en honor de los amores de los dioses, acompañadas por Apolo a la lira. Mercurio, con el caballo Pegaso, lo observa todo como mensajero que es de los dioses. Como detalle curioso tan sólo queremos indicar la presencia de unas escobas en el ángulo inferior izquierdo, puesto que el espacio de baile, pese a ser campo abierto, se ha limpiado para que los pies descalzos de las ninfas no se hieran ni ensucien. Las 9 Musas habitaban el monte Helicón que está frente al Monte Parnaso, el minte de los sabios, donde se encuentra el santuario de Delfos. En el monte Helicón vivió Pegaso hasta que fue domado por Belerofonte.

En la Mitología Griega, una gorogona (en griego antiguo significa «terrible») era un despiadado monstruo femenino a la vez que una deidad protectora procedente de los conceptos religiosos más antiguos. Su poder era tan grande que cualquiera que intentase mirarla quedaba petrificado, por lo que su imagen se ubicaba en todo tipo de lugares, desde templos a cráteras de vino, para propiciar su protección. La gorgona llevaba un cinturón de serpientes, entrelazadas con una hebilla y confrontadas entre sí. En mitos posteriores, se decía que había tres gorgonas, Medusa, Esteno y Euríale, y que la única mortal de ella, Medusa, tenía serpientes venenosas en lugar de cabellos como castigo por parte de la diosa Atenea. Esta imagen se hizo particularmente famosa, si bien la gorgona aparece en los registros escritos más antiguos de las creencias religiosas de la Antigua Grecia, como en las obras de Homero. La gorgona ocupaba el lugar principal del frontón de un templo, el de Artemisa, en Corfú. Se trata del pedimento de piedra más antiguo de Grecia, estando fechado cerca del año 600 antes de Jesucristo y en él aparece el grupo de «Medusa con Pegaso y Crisaor».

Antes de terminar este breve ensato es bueno saber algo de Crisaor. En la Mitología Griega, Crisaor (que significa «espada dorada») era hijo de Poseidón y Medusa. Fue concebido cuando Poseidón estuvo con Medisa en un templo de Atenea quien, enfurecida por la profanación, la transformó en Gorgona. Así, Crisaor y su hermano, el caballo alado Pegaso, no nacieron hasta que Perseo decapitó a Medusa. Algunas versiones cuentan que nacieron de las gotas de sangre, y otras que brotaron del cuello de Medusa, un nacimiento más «elevado», como el de Atenea de la cabeza de Zeus. Crisaor es el guerrero de la espada de oro que aparece en el mito de Perseo. De su unión con la oceánide Calírroe nación Gerión.

¿Existen algunas relaciones de Pegaso con el Arte de la Música? Pues sí.También en la música se ha tocado el tema de Pegaso. Existe una ópera compuesta por Tarquino Merula que se centra en el tema de Pegaso. Este compositor italiano nació en Cremona alrededor del añp 1954 y falleció en esta misma ciudad el día 10 de diciembre de 1665. Me estoy refiriendo a su Ópera 11 de Música Sacra. Y en la actualidad hay un grupo musical que lleva por nombre Pegasso. Se formó en 1979 en Cerralvo, de Nuevo León de México, y elabora canciones cristianas.

Para dar por terminado este trabajo, y ya que hemos citado nuevamente a México, digamos algo de la revista mexicana de literatura que llevó el nombre de «Pegaso». Fue una revista de variedades, publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre modernismo y posmodernismo. Su giro era exclusivamente literario, pues la intención era las sustentabilidad que no se lograría sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, son sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética de aquellos es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el «coloquialismo», y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista «Nosotros» (1912-1914), tuvieron un escaparate en «Pegaso». Esta «magazine de actualidades con literatura», según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números.

Y no puedo dejar de citar, ya que de Pegaso estamos hablando, que ese fue el nombre de la marca comercial de la empresa española ENASA (ahora integrada en el Consorcio Iveco) utilizada en sus atutomóviles y camiones que, durante el siglo XX, tanta importancia tuvo en la vida de los españoles. Hubo unos años en que Pegaso (toda la segunda mitad del Siglo XX) era sinónimo de camión pesado y transporte a larga distancia en nuestro país. La economía autárquica de subsistencia hizo que hasta la aparición de los Barreiros y la entrada tímida de las primeras importaciones estos fueran los únicos camiones pesados que un transportista español podía adquirir. Pese a ello no fueron malos vehículos y algunos nostálgicos han decidido conservarlos como oro en paño y testimonio de unos años difíciles.

3 comentarios sobre “La Leyenda de Pegaso (Reportaje Cultural)”

  1. Hipocrene («la fuente del caballo») es una fuente de agua que nacía en la falda del monte Helicón, en Beocia (Grecia). En la mitología griega este manantial estaba consagrado a las Musas. Según nos cuenta el mito griego, cuando las Piérides se enfrentaron con las Musas en un concurso de canto al pie del monte Helicón, éste estaba tan complacido por la belleza de las voces que empezó a crecer de manera desmesurada amenazando con llegar al cielo. Al ver el peligro, Poseidón mandó al caballo alado Pegaso que fuera y golpeara a la montaña con uno de sus cascos para ordenarle que volviera a su tamaño normal, a lo que la montaña obedeció dócilmente, pero en el lugar donde Pegaso la había golpeado brotó la fuente de Hipocrene.

    Sin embargo, algunos autores no identificaban a Pegaso con el caballo que hizo brotar la fuente Hipocrene, sino que la atribuyen a un caballo que vivía en el Helicón y del que no mencionan su nombre.

  2. Situada en un lugar idílico a una distancia de 3 km. del mar, Trecén es un enclave de gran valor arqueológico. Sin embargo, el peligro en el que se encuentran las ruinas es grande. El agua estancada ha causado la erosión y desintegración de algunos de los edificios más importantes del yacimiento. La presión de la tierra en los cimientos de algunos monumentos ha provocado su hundimiento, mientras que en otros los daños vienen ocasionados por las raíces de los árboles. Si a todo esto añadimos que el recinto está abierto al público al no estar organizado el acceso, tenemos como resultado una gran pérdida de bienes arqueológicos que convenía detener con urgencia.
    Ahora se va a tratar de solucionar estos problemas con un proyecto de intervención que ya ha sido aprobado por el Consejo Arqueológico Central de Grecia. El plan prevé entre otras obras la restauración de las ruinas del templo de Asclepio, la retirada de la tierra y vegetación que está dañando los restos y la construcción de un sistema de evacuación de aguas que evite su erosión. Como complemento se procederá al vallado del recinto y a la habilitación de una red de caminos a fin de que los visitantes no pisen los restos antiguos.
    Además de ser el lugar de nacimiento de Teseo, Trecén es también el escenario donde Eurípides sitúa su tragedia Hipólito. Hipólito, hijo de Teseo, veneraba a Artemisa, diosa de la caza, y en cambio detestaba a la diosa del amor Afrodita. Esta, ofendida por el desprecio del joven, suscitó una terrible pasión por él en el corazón de Fedra, segunda mujer de Teseo y por lo tanto madrastra de Hipólito. Y así, estando Teseo ausente, Fedra se le ofreció, mas este la despreció. Entonces la mujer despechada se ahorcó dejando una nota inculpatoria en la que decía que Hipólito había tratado de violarla. Al regresar Teseo, y ver lo ocurrido, clamó venganza al dios del mar, Poseidón, que envió un monstruo marino a Hipólito mientras cabalgaba en su carro. Hipólito fue aplastado por sus propios caballos. Artemisa rogó a Asclepio que resucitara al joven, que fue transportado por la diosa a su santuario de Aricia, en Italia.
    En torno a la leyenda de Hipólito se generó un culto en la antigua Trecén y así por ejemplo era tradición que las niñas le dedicaran un mechón de su cabello antes del matrimonio.
    La antigua ciudad también posee una fuente, supuestamente en el lugar en que el caballo alado Pegaso vino una vez a tierra.

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