Consecuencias Inevitables Tras Tu Risa

Consecuencias Inevitables Tras Tu Risa

“Había un hilo color plata atado a mi tobillo y a todas mis mentiras. Se llamaba silencio, vergüenza.”

Es que tú no entiendes mi deseo.
Me hice la dormida cuando sentí la mano madre abrir mi puerta. Me hice hoy también la dormida escuchando un corazón roncar, un corazón que no era mío. Ni para mí.

“Tiró, tiró, tiró del hilo.
Y mi pie al borde del Cañón del Colorado dejó caer ruidosas algunas piedras. Se levantó una nube de arena naranja que acabó por teñir mi cara, mi pelo, mi piel.
Pero yo seguía vestida de cowboy plantada allí, mirando de reojo el abismo.”

Se despertó la bestia, y vosotros, mi pueblo, no podéis ya hacer nada.
Seremos alguna vez todos hijos de lo incorrecto, de lo mal visto. De esa mirada impertérrita que miente y se ríe de todos.

“Tiró el hilo de mi tobillo, y la arena volvió salvajemente a cubrirme la cara como a una salvaje.”

Reniego de mi tierra, de donde enterré a mis muertos. De donde muero y vivo muerta. Reniego porque aceptar sería un cataclismo: no puedo desvelaros mis secretos.
Es emocionante amar lo prohibido.

Y huiré, horas eternas al abrazo desconocido de alguien que no veréis. Invisible cantautor escondido en el caracol vibrante de mi oído. Fantasmal atmósfera que acaricia estas estrellas de mi vestido.
Porque yo también merezco una sonrisa.
Pero vuestro libro sagrado dice que alce la mano roja y me sienta culpable. Que lave mi boca, y calle el rugir de mi vientre.

“Mi pie resbala levemente y mi cuerpo se contonea. Pero permanezco firme y altanera, con la mirada disimulando hacia ninguna parte.”

Pero, como dice la canción: ¿ustedes me han mirado? Pedirle a ese bombón que me quisiera, ¿no les parece que era pedirle demasiado?

Todos podemos conformarnos con el juego violento del falso amor. Con doblar extensa y reclamante siempre la sonrisa: y aguantar la cara de idiota como tatuaje del corazón.
Y reír, y reír, y llorar disimulando a ritmo pasional de tango.
Aunque sea, bailándolo mal.

“El hilo tira, y tira. Y es inminente ya la desgracia cuando mi figura de mujer postrada, se aferra al resquicio de tierra y mi cuerpo tironeado, resbala.
Al menos me sostengo, de momento. Me sostengo.
Y mis ojos llenos de polvo escuecen y van derramando: recuerdos, que limpian licuosos mi rostro flamante de indio.”

Todos podemos cuando queramos, con miedo, con excusas, con normas y discursos cenicientos decir adiós, hasta luego, ha sido un placer jugar a enamorarnos. Jugar un rato y volar llenos de fuego.
Porque como dice la canción de Sabina, ¿ustedes me han mirado? Pedirles además que me quisieran, ¿no les parece que era pedirles demasiado?

“Sentí la tensión del peso entero de mi cuerpo al sucumbir, y mis manitas magulladas que se iban quejando.
Tengo que caer, ahora de qué sirve pensar que podría haberlo parado a tiempo, antes, ayer.”

-Pídeme que me quede.- Te susurré.
-¿Qué?-
-Pídeme… que me quede.- (Silencio).
-Te quiero.-
-¿Qué? Creo que no has oído lo que he dicho.-
-No, creo que yo tampoco he oído lo que he dicho.-

“Y caí.”

05.11.09
Lady Oscura

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