El peligro de no saber.

Vamos viviendo y vamos conociendo. Al menos eso debería ser lo normal mientras duran nuestras existencias. Pero muchos están viviendo sin conocer más allá de lo simple, de lo instantáneo, de lo que no tiene mayor proyección sino el momento que, de repente, se diluye en la inexistencia. La pregunta es ¿lo hacen para sentirse seguros y salvos? En este aspecto tan limitado Ramón J. Sender decía: «La conciencia del peligro es ya la mitad de la seguridad y de la salvación». Lo paradójico es que existen muchas personas que carecen de esa clase de conciencia creyendo que van a estar cómodamente vivos siendo simplemente inmovilistas. No se dan cuenta de que el mismo universo en el que viven es la síntesis de la nulidad. Por eso, vivan todo lo que vivan, nada conocen de verdad.


La verdadera vida es una unidad caminante, esa clase de existencia en que, una y otra vez, entramos dentro de la aventura diaria -cuando cada día lo convertimos en aventura- para mantenernos en forma no solamente con nuestro físico sino, sobre todo, con nuestro espíritu. Quienes no tienen espíritu no tienen existencia. Aquí se impone uno de mis últimos pensamientos propios: «Lo presente es lo consecuente y lo ausente es lo inexistente». Porque la compenetración entre vivir lo que soñamos y soñar lo que vivimos es un esfuerzo de nuestras conciencias por conocer participando en la búsqueda de esa energía que tenemos para utilizar (no para usar sino para utilizar que son dos cosas diametralmente opuestas) y, con ello, sentirnos realmente realizados. ¿Cuestión de posesiones materialistas de cualquier ideología? Nada de eso. Yo no diría ni diré nunca que lo materialista es malo; pero tampoco diría ni diré nunca que lo materialista es bueno. Yo lo que afirmo es que la materia puede transformarse solamente en dos sentidos: hacia el egoísmo del inmovilista que no siente nada más que lo que le rodea para su provecho propio o hacia el dinamismo de quienes teniendo saben observar el mundo que les rodea y por eso mismo son capaces de transformarlo pensando en los demás.

Esto es como una competición que conlleva un mensaje público: o eres del mundo o estás con el mundo. Al pensar en esto de saber o no saber la razón es que, quien se cree que el mensaje de la Palabra de Dios no es para este mundo se equivoca. Existimos quienes sabemos que lo que dijo Jesucristo no fue para el «más allá» sino para el «más acá». Algunos predican cuestiones extraterrenales (digamos por ejemplo Don Antonio por decir un nombre) mientras se llenan las alforjas de cuestiones terrenales. Olvidan que, aunque sean personajes dentro del círculo (digamos por ejemplo sus iglesias) donde se les elogia y hasta donde se les adora como si fuesen poseedores de la Verdad no está la Verdad en ellos.

Oradores excepcionales, de esos que se aprenden de memoria los códigos religiosos y hojas enteras de sus libros (a todas las religiones me refiero) solamente son discriminatorios; algo que precisamente Jesucristo rechazó. Algunos se creen que son verdaderos porque se les han nombrado líderes de opìnión… mientras olvidan que las cuestiones principales que somos de este mundo y sólo pertenecemos al mundo posterior cuando hemos vivido en este mundo presente. Algo que se les olvida continuamente a ancianos de la Palabra (digamos por ejemplo Don Antonio por decir un nombre cualquiera) es que para obtener la excelencia no es cuestión de querer merecerlo sino cuestión de llevarla ya dentro de nosotros en el mismo momento en que Dios nos lo regaló en el instante del nacer, en el momento en que nuestras madres nos engendraron con la ayuda de nuestros padres. O naces con talentos (y no olvidemos que existen talentos naturales además de talentos espirituales) o no naces con talentos. Esa es la gran diferencia entre ser un líder o ser alguien que dirige a los demás. Hay bastantes diferencias entre ambos asuntos. Lo que sucede es que algunos creen que a los líderes los designan los humanos sin saber que los verdaderos son elegidos por Dios.

Cuestión de carismas. Situarnos dentro de un círculo influyente (digamos, por ejemplo, de una igelsia) no es difícil. El peligro de no saber es no poder descubrir que eso no es lo que Dios necesita. El peligro de no saber es que no se sabe por mucho que se aprendan volúmenes enteros de memoria.

3 comentarios sobre “El peligro de no saber.”

  1. Efectivamente, NASIA. La verdadera raíz de la Felicidad es sentir lo que vivimos cuando lo que vivimos es lo que soñamos con tanta intensidad que lo convertimos en realidad. Un abrazo amistoso compañera y un beso de verdadero amigo.

  2. Si estás presente en el sentimiento de otra persona existes mucho más allá de ti misma, NASIA. Pero si no apareces, para nada, en la memoria de un ser eres ya inexistente para ese ser que, en su día, te tuvo presente. Pasa mucho en la vida y, además, es necesario para poder seguir el Camino sin que el fardo que llevas a cuestas te pese tanto que te hunda… lo mejor es lo contrario… sacar del fardo lo que deseas que ya no forme parte de tu mundo y caminar más ligera, NASIA. Si a veces sientes que esos olvidos te sirven para recordar que no los tienes ya como partes de tu vida es que estás siguiendo firme y hacia tu propia meta. Un beso amistoso.

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