¿Estás bien, Jóse?.

– ¿Estás bien, Jóse?.
– No se preocupe, doña Pasión, estoy perfectamente bien.

Mi tío Esteban, junto con mis primas Angelines y Juanita que servían en las mesas del kiosko bar, nos miraban después de las correspondientes presentaciones personales. Allí estábamos, en lo alto de La Pedriza donde nace el Manzanares, mi esposa Liliana, nuestra pequeña Leslie (la pequeña Carla nacería dos años después) y yo. Junto a nosotros se encontraba el asturiano Fernández con toda su parentela (madre, esposa, hija e hijo). Era, aproximadamente, el verano de 1986.

Estábamos en La Pedriza; en el mismo lugar donde se habían qudado ciertos recuerdos de adolescencia, de aquella rebelde adolescencia de cuando sonaba el twist; aquella adolescencia que me formó como unidad autónoma dentro del conglomerado de circunstancias familiares, en aquellas fechas en que nos dio por aprender a jugar a tenis.

Aquellas breves palabras cruzadas con mi tía Pasión y mi tío Esteban fueron lo último que hablé en este mundo con ellos (que Dios los haya acogido en su seno). Mi tío Esteban recordaba aquel feliz pasado pero ahora estaba serio y sentenció que en cuanto le viese poersonalmente le iba a decir tres, cuatro o cinco cosas, a Emiliano hijo. Y mi tío Esteban nunca mentía cuando prometía algo porque era, de mi familia paterna, el que más se parecía, tanto en lo físico como en las actitudes, a mi padre Emiliano. La distancia que existía entre mi persona y la de Emiliano hijo, Bonifacio, Máximo, mi tío materno Benito… era ya inalcanzable.

La tarde agosteña de 1986 discurrió entre realidades forjadas de sueños y hoy, veinticinco años más tarde, no sólo somos campeones del mundo de fútbol profesional sino que hay cosas más importantes que todo eso e hilvano tres famosas frases: El que es bueno en la familia es también un buen ciudadano (Sófocles), «Los amigos son esa familia que nosotros elegimos» (Zulivis) y «Para una persona no violenta, todo el mundo es su familia» (Mahatma Gandhi).

Hace un año los españoles alcanzamos, por fin, el Campeonato Mundial del Fútbol Profesional y yo (ahora también con la pequeña Carla hecha mujer) miro al pasado. Tengo una fotografía de La Pedriza. Estoy al frente del grupo de los cuatro pero yo miro hacia el cielo mientras los otros tres sólo se preocupan de mirar a la cámara. Quizás sea esa la manera más bohemia que tengo de perdonarles a todos ellos. No porque sea un perdona vidas de los muchos que abundan por ahí sino porque Jesucristo me ha enseñado a soñar sin odio, sin ira, sin venganza y sin maldad. Lo de salir más o menos guapos ante la cámara me es totalmente indiferente… pero aquella fotografía en blanco y negro demuestra que ciertas cosas que sólo surgen del alma se refleja en nuestros rostros. Para el bien o para el mal.

Mi tío Esteban le dijo tres, cuatro o cinco cosas como prometió. Estoy seguro.

– ¿Estás bien, Jóse?.
– No se preocupe, doña Pasión, estoy perfectamente bien.

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