Filosofía para todos (10): Epicarmo.

¿Quién diantres sería este tal Epicarmo? Para muchos de mis lectores y muchas de mis lectoras resultará bastante esfuerzo recordar o saber algo de Epicarmo pero, la verdad sea dicha, ocupa un lugar destacado entre los filósofos y pensadores de la Antigüedad Griega, en la época de los presocráticos, así que diremos, como presentación, que Epicarmo, nacido en Megara Hiblea, de Sicilia, cerca del año 550 antes de Jesucristo, y muerto en el año 460 antes de Jesucristo, fue un comediógrafo y filósofo presocrático griego. Si bien existen teorías según las cuales habría nacido en la isla de Cos, en Siracusa, en Crasto o en Samos, lo cierto es que Aristóteles, en su «Poética», señala como su lugar de nacimiento la ciudad de Megara, en Sicilia, donde vivió durante mucho tiempo. Es el máximo representante, con Pratinas, del primer período de la comedia griega.

Perfeccionó la unidad de ese género, llevó a él asuntos míticos y numerosos tipos populares, y escribió gran número de textos destinados al mimo. Los antiguos dividieron sus comedias, caracterizadas por la densidad expresiva, la agilidad de la acción y la perfecta construcción dramática, en diez tomos, si bien solamente han llegado hasta nuestros días los títulos de sus obras y unos trescientos fragmentos. De aquellas cabe citar «Ulises náufrago», «Ulises desertor», «Las nupcias de Hebe», «Las Bacantes», «El cíclope», «Filoctetes», «Las sirenas», «Hércules a la conquista del cinto», «Fiesta e islas», «Tierra y mar», «Los troyanos», «Busírides», «Logos y Loguina», «Esperanza o riqueza», «Los Dionisios» y «Hércules junto a Folo». Como se deduce de los títulos, realizaba parodias mitológicas.

Introdujo varios personajes tipo, como el parásito, el visitante o el filósofo, y un escritor antiguo afirma que fue el primero en subir al escenario a un borracho. Algunos de estos personajes aparecerán más tarde en el mimo y en la Comedia Ática. Escribió sus comedias en el dialecto dórico de Siracusa, e influyó en el desarrollo de la comedia ateniense. En el año 470 antes de Jesucristo se encontraba en la corte del tirano Hierón I de Siracusa, donde coincidió con Esquilo. Según cuenta Diógenes Laercio, Epicarmo «fue alumno de Pitágoras». Según cuenta Jámblico, introdujo en sus versos los pensamientos de Pitágoras.

Así que nos encontramos con un acérrimo pitagórico y nos enfrentamos a alguien que adora los números como principo de todas las cosas; aunque, demostrado está, que las cosas no pueden tener como principo los números ya que la Teoría de los Números no es exacta ni la Numerología es una ciencia en sí misma. Así que vamos a analizar a Epicarmo, en primer lugar, por alguna de sus célebres frases filosóficas si es que encontramos algunas en él.

La primera de ellas es «Juicio, no pasión, debe prevalecer». Hay varios errores en ella, siempre hablando desde términos de la Filosofía, porque si resulta que el juicio es el desarrollo de las ideas dentro del pensamiento humano, ¿cómo se puede entender que defiendas tus juicios si no pones pasión en defender tus ideas? De esta manera vemos que Epicarmo peca, sobre todo, de hombre frío y comedido, lo cual no es lo mismo que hombre sereno y metódico. Si queremos que nuestros juicios (basados en nuestras ideas) puedan prevalecer sobre otros juicios erróneos ajenos a los nuestros, Epicarmo se equivoca al dar a entender que no podemos defender apasionadamente esos nuestros juicios una vez que ya los hemos desarrollado lo suficiente como para poder defenderlos con éxito. El éxito de los razonamientos filosóficos y/o de la razón carecen de sentido como tales cuando les falta el condimento de la pasión que, aunque sea usando el juicio sereno (no frío como señala Epicarmo sino sereno que es otra cosa distinta), se necesita para hacerlos prevalecer ante los que confunden la serenidad expositiva con el grito enloquecedor o la violencia verbal. La serenidad dista tanto de la frialdad como de la violencia, pero debe contener una gran pasión (en contra de lo que afirma Epicarmo) para poder prevalecen en un mundo donde muchos gritan y chillan para imponerse a los demás. Teniendo un juicio sereno debemos dejar de ser fríos y entrar en las batallas dialécticas no con violencia pero sí con pasión.

Pongamos el siguiente silogismo: «Un hombre A ama a una mujer B que está siendo deseada por un hombre C». ¿Cómo conseguimos que, siendo nosotros el hombre A, enamorar a la mujer B de nuestros sueños amorosos ante un violento hombre C que nos la quiere arrebatar? Si crees que la frialdad a lo Epicarmo (por falta de pasión) es la respuesta terminas «compuesto y sin novia» porque al no mostrar pasión por ella, la mujer B (aunque se esté equivocando) prefiere al violento bombre C. La respuesta es que debemos enamorar a la mujer B aplicando la pasión hacia ella (de manera serena pero apasionada a la vez) para evitar que la violencia del hombre C se la lleve porque somos incapaces de derrotar al violento al no exponer nuestra pasión. Esta forma pasional de amar no consiste en enfrentarse a la violencia con otra violencia (y mucho menos con la frialdad de Epicarmo y todos los seguidores de Pitágoras) sino poniendo pasión en nuestros argumentos para que la mujer B vea y comprenda que tenemos deseos hacia ella y, de esta manera, la mujer B nos elige a nosotros en lugar de al hombre violento C. ¿Véis y notáis la enorme diferencia que hay entre la frialdad que propone Epicarmo y que nos hace perder a la mujer B y la pasión, serena pero apasionada a la vez, que yo propongo para conseguir prevalecer ante la mujer que estamos amando y queremos que nos ame? Pues lo mismo se puede aplicar a cualquier otro asunto en que debemos enfrentarnos contra la dialéctica de los violentos y las violentas para prevalecer, dentro de dicha dialéctica, sobre ellos y ellas. La pasión no tiene por que ser violencia (y en realidad nunca es una violencia si tenemos carácter de serenidad) pero sí debe ser una pasión que demuestre que somos seres que estamos enamorados de todo aquello que amamos y defendemos ante los demás. Para prevalecer o tienes y demuestras pasión (controlada eso sí por la serenidad) que no sea una acción de violencia sino de interés amatorio, o fracasas por ser frío y comedido como plantea Epicarmo. Y es que con los números (y lo digo por Epicarmo y todos los pitagóricos incluyendo al mismo Pitágoras) no alcanzamos ninguna victoria porque estamos demasiado ocupados, con enorme frialdad, en hacer los números por ver si ellos nos ofrecen la oportunidad de alcanzar lo que amamos, lo cual es verdaderamente un pérdida de personalidad de tal calibre que no alcanzas jamás a conseguir lo que amas porque te falta la pasión (controlada por la serenidad pero no por la frialdad) necesaria para que lo que amas quede enamorado o enamorada por ti. Demos unos minutos de descanso para reflexionar sobe esto de que el juicio no nos sirve de nada y para nada si no van acompañados de la pasión y no como señala Epicarmo.

La segunda frase a analizar del filósofo Epicarmo es todavía más desacertada que la primera. Epicarmo dice: «La mente ve y la mente oye. El resto es ciego y sordo». Además de ser un absurdo es una mentira total. Estoy de acuerdo, y lo he defendido siempre, que la mente ve y la mente oye. Lo estoy comprobando a lo largo de toda mi vida desde que tengo uso de razón y la razón pertenece a la mente; luego si la razón pertenece a la mente, a través de dicha razón la mente ve y a través de dicha razón la mente oye. Pero ¿qué ocurre con los otros siete sentidos humanos porque hay que tener en cuenta que tenemos ocho sentidos en lugar de cinco como siguen diciendo equivocadamente muchos por no estar en la actualidad de los avances humanos? ¿Es que acaso los ojos no ven y los oídos no escuchan? Salvo que seamos ciegos o seamos sordos (y aclaro que la Ciencia ha avanzado tanto que ya no son ciegos ni sordos gracias a la tenología más moderna de la actualidad) los ojos ven y los oídos oyen. ¿Y qué sucede con el tacto? Está ya súper demostrado que a través del tacto podemos ver y que a través del tacto podemos escuchar en nuestro interior. Si tocamos algo suave vemos que la suavidad existe y escuchamos dicha suavidad para, por ejemplo, saberlo diferenciar de lo rugoso. Lo mismo sucede con el resto de todos los sentidos humanos. Por el gusto podemos ver e idealizar el producto que estamos saboreando(por ejemplo un café), de dónde proviene dicho producto y cómo ha llegado hasta nuestra boca y hasta podemo oír las palabras que dicen los que están sembrando dichos productos (por ejemplo el café), los que están recogiendo dichos productos y, sobre todo, lo que están diciendo (a veces a gritos) los vendedores de dichos productos en los mercados y en los mercadillos. Al oler algo (por ejemplo la gasolina) muchas veces vemos lo que es ese algo sin tener que verlo con los ojos y al oler algo podemos recordar frases habladas y que estén relacionadas con ese algo que olemos.

La mente ve porque somos cacpaces de intuir y deducir a través de la mente algo que estamos visualizando con la mente. La mente oye porque podemos imaginar con la mente la realidad de lo que se escucha por las calles o por cualquier otro lugar de una ciudad, un pueblo, una aldea o hasta el lugar más recóndito y escondido donde nos encontramos. La mente no sólo escucha conversaciones para hacernos deducir respuestas a lo que escuchamos, sino que es capaz de hacernos saber si debemos responder o no debemos responder a eso que la mente escucha después de haber visto. Pero con todos los demás sentidos (y digo que hay ocho sentidos humanos contando con la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olor, la intuición, los reflejos y el equilibrio). Todo ser humano es capaz de ver y oír aplicando sus ocho sentidos además de sus mentes si es que están abiertos y tienen una forma de pensar, reflexionar, razonar y deducir de manera abierta y no cerrándose en parámetros internos nada más. En el mundo de las ideas podemos pertenecer al mundo abierto (que desde nuestro interior sale hacia el exterior porque vemos y escuchamos de alguna manera más o menos completa o más o menos incompleta pero siempre suficiente como para hacerlo) o al mundo cerrado (que nos hace encerrarnos en nosotros mismos y por esa cerrazón nos quedamos incomunicados hacia el exterior donde se encuetran los demás seres humanos y terminamos por no ver (o no saber ver) o no oír (o no saber oír). Tan importante es la mente interna como todos los sentidos externos; así que Epicarmo se equivoca lamentablemente, también en esta ocasión. Veamos qué sucede con la tercera de sus frases elegidas para nuestro análisis filosófico y social.

La tercera frase de Epicarmo ya no sólo es un error garrafal sino que nos lo presenta como ateo y reaccionario, como alguien que se cree superior a los demás diciendo que los demás somos incapaces de alcanzar la inmortalidad porque dice lo siguiente: «Un mortal debería tener pensamientos mortales, no los pensamientos inmortales». Entra en una tremenda contradicción propia de la vanidad de la inmensa cantidad (por no decir todos) los filósofos que han existido, existen y existirán, ya que ellos se han esforzado mucho para conseguir que sus frases famosas se hayan convertido en frases inmortales para todas las generaciones futuras. Hay que ser mucho más honesto y mucho más honrado y por eso es necesario decir que todos los que pensamos, filosofamos y escribimos, buscamos, alguna que otra vez, frases que sean inmortales y, con ellas, pasar a ser nosotros inmortales. Es justo buscar eso y es honesto y honrado decir que buscamos eso. Lo que es una mentira absoluta es decir lo contrario como hace Epicarmo para construir, precisamente, una frase inmortal. ¿En qué quedamos señor Epicarmo y señores seguidores de Epicarmo? ¿Buscamos todos la inmortalidad a través de nuestras frases o no buscamos dicha inmortalidad? Epicarmo es, en este sentido, tan falso y mentiroso como Sócrates cuando dijo «sólo sé que no sé nada» cuando en realidad sabía mucho. Y es que la inmensa mayoría de los filósofos presocráticos e incluso Sócrates, mentían más que hablaban que ya es decir.

No sólo somos eternos después de pasar por esta vida terrenal sino que, los que tenemos dones para saber hablar bien y dones para saber escribir bien, buscamos todos -y yo me incluyo como uno más de todos- la inmortalidad a través de nuestras obras y a través de nuestras frases más o menos acertadas o más o menos brillantes. Yo considero que decir «un mortal debería tener pensamientos mortales, no los pensamientos inmortales» además de una mentira demuestra que Epicarmo ni era honesto ni tenía la dignidad suficiente para decir lo que estaba pensando y que no era otra cosa sino pasar a la inmortalidad a través de sus obras o, al menos, a través de sus frases. Esto demuestra que en el universo mundial de la Filosofía ha existido, existe y existirá una gran cantidad de hipocresía en quienes, buscando la fama, niegan que la están buscando. Toda la Historia de la Filosofía y el Pensamiento Humano está lleno de hipócritas y Epicarmo es uno de ellos; porque los pensamientos dichos por los mortales pueden legalmente y lícitamente ser inmortales si buscamos que sean inmortales y acertamos con la frase exacta para hacerlos inmortales. Decir lo contrario es falsedad y, por lo tanto, mentira.

La cuarta «perla» que nos suelta Epicarmo («lo mejor que un hombre puede tener, en mi opinión, es la salud») reconozco que es una verdad… pero solamente una verdad a medias que, por lo tanto, a veces (y digo a veces) es una mentira. Hay un estribillo de una canción muy conocida que demuestra que hay que aspirar a mucho más que tener salud. Este estribillo dice: «Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor y el que tenga estas tres cosas que le de Gracias a Dios». Pues es cierto lo que dice dicha cancion ya que si tenemos una perfecta salud pero carecemos de dinero para hacer lo que nos gusta y no tenermos el amor que estamos soñando… ¿se puede saber para qué diantres queremos tener tanta y tan buena salud?. La salud, por sí sola, no es lo mejor que tiene un hombre (o una mujer pues en ambos géneros es igual) si no va acompañada del dinero suficiente para aprovecharla y del amor soñado para vivirla. Decir lo contrario o es una resignación (con lo cual no podemos estar nunca de acuerdo en decir que es lo mejor) o es una mentira con la cual muchos que poseen salud, dinero y amor, quieren ocultar hacia los demás que son felices porque, precisamente, no sólo tienen salud, sino que tienen también dinero y amor como para que esa salud sea algo agradable y se pueda aprovechar. Estamos hartos de escuchar a los pensadores y filósofos interesados en decir que lo mejor de la vida es tener salud. Sigo insistiendo, para dejarlo bien claro, que tener salud pero no tener dinero ni tener amor es una impotencia que produce frustración tras frustración por muy buena salud que tengamos.Y eso es lo que hay. O somos pensadores y filósofos de la verdad o solamente somos tan mentirosos como Epicarmo y sus seguidores pitagóricos y no pitagóricos.

Otra frase de Epicarmo que es una verdad a medias: «La mano lava a la mano: dar algo y usted puede conseguir algo». Es cierto. Pero tampoco es tan cierto. Explico este razonamiento contradictorio para demostrar que no es una contradicción que, aun siendo cierto, no siemrpe es cierto. Porque la vida demuestra que, pongamos el ejemplo del amor y después pondremos otros ejemplos, ¿qué sucede cuando das amor y como contrapartida recibes odio o, como mucho, indiferencia? La experiencia de los seres humanos demuestra que sí, que cuando das algo consigues algo pero no siemrpe consigues lo que quieres conseguir. Es cierto que «amor con amor se paga» (lo cual lo he publicado alguna vez que otra) y Gracias a Dios que eso ocurre muchas veces…pero… ¿cuántas veces nos odian porque amamos o nos ignoran porque amamos? Hagámonos esta pregunta y seamos sinceros al respodnerla. Soy de los que opinan que «amor con amor se paga» y lo he visto y lo veo muchas veces en mi propia vida; pero tambin en mi propia vida he amado y a cambio he recibido odios y hasta me han ignorado. No quiero hablar de mí mismo pero existen muchos millones de seres humanos a los que les ha sucedido lo mismo. He visto de todo en este mundo y he experimentado de todo en este mundo (sin traicionar jamás a mi verdadro amor para dejar buena constancia de ello) como para afirmar que esta frase de Epicarmo a veces se cumple en su totalidad y a veces no se cumple ni aunque deseemos que se cumpla. Para que te amen tienes que amar pero resulta que al amar a veces (y digo sólo a veces) produce envidia y la envidia produce odio y el odio produce ignorar a quien ama. Si todos nos ponemos la mano sobre el corazón para responder a esto sabemos que a veces sí que te aman sin medida cuando amas sin medida pero que esa medida no se da en todos los casos. La envidia existe. El odio existe. La indiferencia existe. Y estas tres cosas existen aunque nosotros seamos incapaces de tener envidia de nadie ni por nada; aunque nosotros seamos incapaces de odiar a alguien o a algo; y aunque nosotros seamos incapaces de ignorar a otra presencia humana o a cualquier circunstancia propia o ajena a nosotros mismos; e insito que muchas veces me han pagado con amor por haber pagado con amor. Pero no siempre.

Pongamos el caso del mundo laboral o los estudios. ¿Cuántas veces has llevado a cabo un gran trabajo, un extraodinario trabjao, con el cual has tenido un gran éxito? Alguna vez sucede eso si eres un gran trabajador y buen especialista en el trabajo que haces pero…¿qué sucede con los que te rodean en el trabajo o en las aulas?… ¿cuántos te han felicitado por tu extraordinario trabjao o tu extraordinaria puntuacién en un ejercicio de estudiantes? Debemos preguntarnos eso antes de decir que todos o todas porque eso es falso. Hay muchos y muchas (no digo todos y todas sino muchos y muchas) que te envidian por haber hecho un extraordinario trabajo o un sensacional examen en los estudios. Hay muchos que también te odian por haberlo conseguido y demostrado una y otra vez y otra vez tras otra… y hay quienes, no pudiendo resistir tus éxitos laborales y/o estudiantiles, les duele tanto que te ignoran y pasan de ti. ¿Es cierto o no es cierto? Pues aplicar este mismo ejemplo al mundo de los deportes o a cualquier otro de los mundos que vivimos y queremos analizar y comprobaréis que no todos se alegran con tus triunfos y tus éxitos sino que muchos (no digo todos pero sí digo muchos) te envidian, te odian o te ignoran por dichos triunfos y éxitos. Luego esta frase de Epicarmo es una verdad a medias, o una verdad que sin dejar de ser verdad es solamente relativa.

Terminemos con Epicarmo analizando la última frase que elijo para analizarle: «Entonces, ¿cuál es la naturaleza de los hombres? Tomemos un largo descanso para reflexionar antes de analizar. Por ejemplo un par de horas para contar hasta diez antes de contestar. En eso estamos porque eso es de sabios y de sabias aunque la respuesta sea bien fácil de deducir por lo explicado el asunto anterior. Pero tengamos serenidad y paciencia antes de «rematar» (a lo Quincoces por ejemplo) el pensamiento de Epicarmo. No podemos perder nunca de vista que la naturaleza de los hombres (y de las mujeres) se mide por sus actos, por sus acciones, por sus maneras de hacer las cosas y no por sus pensamieetos ni tan siquiera por sus sentimientos. Quiero decir que la naturaleza de los hombres (y de las mujeres) no es «per se» ni buena ni mala considerada «a priori» sino que tal como actúa en la vida con los demás (y también con ellos mismos) determina si es de buena naturaleza o es de naturaleza mala. Veamos, en este sentido, qué es el conductismo filosófico.

Hay que llegar hasta el Siglo XX después de Jesucristo para saberlo con gran certeza; así que vamos a anticipar lo que en su día enfrentaremos en nuestras luchas dialécticas para buscar aciertos y errores. Adelantando algo, digo lo siguiente que leo en un texto que encuentro andando por ahí: El conductismo, según su fundador John Watson (del cual me ocuparé en su debido momento para bajarle un poco «los humos» de sabihondo) es una escuela natural que se atribuye todo el campo de las adaptaciones humanas. Esperemos a llegar al siglo XX y ahora opinemos con nuestra propia capacidad intelectiva. No hay que ser un gran intelectual, ni tan siquiera un intelectual o un pequeño intelectual, para distinguir la naturaleza de los buenos seres humanos de la naturaleza de los malos seres humanos. La vida es, siempre, como una película de «buenos» y «malos» aunque parezca que estoy reduciendo a la mínima expresión lo que es una conducta humana. Si nos damos cuenta, la relatividad de dividir a la Humanidad en «buenos» y «malos» deja de ser relativa cuando tienes que experimentarlo en primera persona. Todo lo que hemos explicado anteriormente es lo que nos hace comprender que la teoría de las conductas deja de ser una teoría de relatividad cuando te enfrentas a la vida que te rodea e incluso a la vida que hay en tu interior. Te preguntas continuamente por qué algunos actúan bien contigo y otros actúan mal contigo siendo tú igual y el mismo en tus relaciones con todos y con todas; y hasta te miras en tu propio «espejo» interior para responderte si eres «bueno» o eres «malo». La relatividad desaparece una vez más porque la relatividad es lo que predican muchos filósofos y pensadores que no piensan en la verdad sino en lo que ellos quieren manipular como verdad aunque saben que es mentira. Hemos terminado con Epicarmo y de paso les hemos zurrado la badana una vez más a los relativistas con el ejemplo de lo que sucede en la realidad (que es algo que vivimos en la práctica) y no en sus falsas teorías.

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