Filosofía para todos (6): Anaxímenes.

La Filosofía consiste, la mayor parte de las veces, en demostrar lo indemostrable debatiendo con quienes creen que poseen la verdad y se han elevado a los «altares» del pensamiento humano… pero sin haber basado sus conocimientos nada más que en la aparente verdad de sus axiomas. Uno de ellos, por supuesto, fue Anaxímenes. Anaxímenes de Mileto nació cerca del año 585 antes de Jesucristo y murió en el año 524 antes de Jesucristo. Discípulo de Tales y de Anaximandro. Señaló que el principio de todas las cosas es el telos. O sea, algo así como mucha tela que cortar. El telón del teatro filosófico se levanta y aparece el arjé, ese precioso monismo material. Una monada de inteligencia al desnudo, tal como los monos (quizás de ahí provenga lo del monismo) viven en su alocada existencia.

El monismo material. ¿Qué es el monismo material? Quizás Anaxímenes no era un mal discípulo de Anaximandro pero hay que ser bastante estulticio para ir publicando por ahí, para quienes quieran escuchar sus tonterías, que todo nace y crece en la tierra y en el agua. ¿Qué sucede entonces con los pájaros carpinteros pongamos por ejemplo? Los pájaros carpinteros (que no es lo mismo que los carpinteros haciendo de pájaros) nacen en nidos escondidos entre las ramas de los árboles puesto que si naciesen en la tierra los aplatarían cualquier cuadrúpedo que pasase sobre ellos y si naciesen en el agua tendrían aletas y lo que tienen son alas, dos cosas muy diferentes por cierto. Anaxímenes nos hace una composición de lugar, no de ligar (ideas por supuesto) del monismo. Y para ello nos cita al bizcocho. Está bien. Yo acorto las distancias y cito al bizco. ¿Alguien nace bizco por culpa de la tierra y del aire? El monismo no nos sirve en este caso; porque nacer bizco es un defecto de los ojos y los ojos son órganos del cuerpo humano y de los animales pero no provienen ni de la tierra (porque entonces no veríamos nada) ni del aire (pues entonces no nos pertenecerían al organismo de los seres vivos sino a Eolo por poner un ejemplo de dios presocrático). Incomprensible.

¿Hay mayor incomprensibilidad que decir que la tierra y el agua son los principios de la vida porque son cosas ilimitadas? Por supuesto que no son cosas ilimitadas. La tierra se limita cuando llega al agua y el agua se limita cuando llega a la tierra. Hagan una prueba siendo viajeros. Con una burra puedes caminar hasta el límite en que llegas al agua y la tienes que cambiar por una barca y, asimismo, a la barca la tienes que cambiar por la burra cuando llegas al límite de la tierra. Y así sucesivamente. Son cosas limitadas. Si todo procediera de lo ilimitado ningún ser humano tendría límites como tal ser humano y, que yo sepa, todo ser humano limita la norte con su cabeza, al sur con sus pies, al este con su brazo derecho y su pierna derecha, y al oeste con su brazo izquierdo y su pierna izquierda.

¿Cuentos de hadas o ciencia ficción? ¿Qué es el pensamiento de Anaxímenes al que le llamaban el Galileo griego cuando todavía no había nacido Galilei, el Galileo florentino de Pisa morena y Pisa con garbo? Cuentos chinos. La filosofía de Anaxímenes, con su arjé, parece una colección de cuentos chinos (con perdón de Confucio al cual ya tendremos la ocasión de zumbarle de lo lindo para que no nos confunda a nadie con sus confusiones y cuando le llegue su momento) donde expone sus monismos a través de los aburridos métodos racionales muy apropiados para educar a mentes estrechas o cuadriculadas. Mentes de esos que creen que los métodos racionales son como dioses que sirven para explicarlo todo; sin darse cuenta de que los métodos racionales tienen una barrera que no pueden salvar: el punto en que lo racional ya no puede explicar ciertos principios elementales como saber si la gallina puso el huevo o el huevo puso a la gallina o, para ser más científicos (ya que les gustan tanto las ciencias a los formalistas del pensamiento) saber si el pensamiento es anterior a las ideas o las ideas son anteriores al pensamiento. ¿No será que el huevo y la gallina nacieron al mismo tiempo y al igual sucede con el pensamiento humano y las ideas de los seres humanos? Y es que los que se basan solamente en las ciencias con sus aburridos métodos (como le ocurre a Anaxímenes) a veces solo producen carcajadas; porque resulta que Dios creó a la gallina pero, al mismo tiempo, creó el huevo que, con la ayuda del gallo, sirve para la procreación animal de la especie gallinácea y, asimismo, Dios creó el pensamiento humano pero, al mismo tiempo, creó las ideas que, con la ayuda del habla, sirve para la evolución cultural de la especie humana.

Los psicólogos y los psiquiatras todavían está preguntándose, por poner sólo dos ejemplos, qué es esa cuestión de que el aire (quizás lo que Anaxímenes llama arjé) genera todas las cosas mediante la condensación y la rarefación. Que yo sepa, la condensación es buena para convertir un líquido como es la leche en un sólido como es el queso pero no crea el queso, que nace de la leche y no del aire (arjé). La leche proviene de la vaca, de la cabra, de la oveja, de la cebra… de algún animal cuadrúpedo más o menos pero no nace del aire (arjé) sino de sus mamás. Y esto no es una rarefación porque no es nada raro darse cuenta rápidamente de tal realidad. Tan fácil de razonar que hasta los niños y las niñas pueden descubrirlo sin ninguna clase de rareza llamada por Anaxímenes y los filósofos presocráticos rerefación para sentirse más importantes aunque no sepan explicar con total claridad de ideas qué rayos significa eso.

Para demostrar las incoherencias en las que cae Anaxímenes, pongamos un ejemplo clarificador. ¿El yogur se produce gracias a la existencia del aire o, por lo contrario, se envasa para que el aire no lo corrompa? La respuesta es que el yogur no sólo no nace del aire sino que evita que el aire lo eche a perder. Así es el pensamiento de los presocráticos: una corrupción mental, por culpa de los bebedizos que tomaban para ser videntes o clarividentes, que, en el caso caótico de Anaxímenes, llega a decir la barbaridad de que la Tierra era ancha, plana y poco profunda -semejante a una mesa- y que estaba sostenida sobre el aire, al modo en que las hojas flotan sobre el aire. Esta idea, tan absolutamente absurda, era una adaptación a la teoría de Tales de que la tierra flotaba sobre el agua. Absurdo por absurdo igual a absurdo al cuadrado. No es patético sino peripatético como observaremos cuando nos toque analizar a Aristóteles.

Entremos en el mundo de las analogías de Anaxímenes; una sorprendente invención de los filosófos presocráticos que hace que flotemos en el éter de las ideas como mariposas revoloteando en plena primavera (analogía verdadera por cierto, sobre todo en cuanto a ciertos humanos se refiere). He aquí algunos ejemplos recordando a Anaxímenes: «El alma, que es nuestro aire, nos controla, y el aliento y el aire abrazan todo el mundo». Vayamos poco a poco para no aclararlo todo antes de tiempo. ¿Qué es eso de que el alma es nuestro aire? Cuando estamos contemplando un paisaje lleno de aromas de la primavera no es el aire el que provoca nuestras emociones sino el olor y que yo sepa el olor no procede del alma sino de las fosas nasales. Por otro lado, ¿qué es eso de que el alma nos controla? ¿Qué sucede entonces con la gran cantidad de desalmados que han existido, exite y existirán -si Dios no lo remedia- a lo largo y ancho de toda la Historia Humana? ¿Es el alma el que controla a los desalmados o son las pasiones las que los descontrolan o qué clase de tontería nos está diciendo este tal Anaxímenes? Tenemos la fea costumbre de echar la culpa al alma cuando vemos a muchos desalmados haciendo maldades. En realidad a los desalmados no los puede controlar el alma porque han vendido su alma al Diablo y es el Diablo, y no Dios, quien los controla. Y en cuanto a que el aliento y el aire abrazan el mundo, ¿qué sucede entonces con quienes caminan totalmente faltos de aliento y sin poder apenas respirar cuando, por ejemplo, están participando en una prueba de maratón? Si todo el universo fuese abrazado y sostenido por el aire (¿y qué sucede en los lugares dónde ne hay atmósferas?) cual es la causa, entonces, de que muchos que compiten en maratones abandonen a los pocos kilómetros de la carrera faltos completamente de aliento y de aire. Si todo el mundo estuviese abrazado por el aliento y el aire nadie se desfallecería jamás y nadie moriría asfixiado como sucede, sin embargo, por las oleadas de calor o cuando se está escalando una montaña de gran altura. ¿Qué sucede? ¿Por qué no se puede explicar razonadamente esta analogía de Anaxímenes? Por la sencilla razón de que las dio a conocer, sobre todo, para intentar demostrar que él era superior a su maestro Anaximandro o a cualquier otro alumno de Tales o Anaximandro que se le quisiera comparar a él. La lucha de los egos de los pensadores es fatua y vanidosa desde que los pensadores existen. O sea, desde Adán y Eva que es como decir desde el principio de la raza humana. Adán quiso ser superior a Eva y Eva le engañó siendo superior a Adán. Lo cual demuestra que el hombre no es siempre mejor pensador que la mujer; aunque lo nieguen todos los filósofos presocráticos de la Antigua Grecia porque, a pesar de lo grande de su civilización, tenían menos inteligencia que un mosquito del siglo XXI después de Jesucristo (según podríamos decir si nos creyeramos que es cierto lo que dice la Teoría de la Evolución darwiniana y compañías).

¿Vamos con otra analogía de este «gran pensador machista»? ¡Miren que maravilla de pensamiento analógico!: «Los astros se mueven alrededor de la tierra del mismo modo que enrollamos un turbante alrededor de la cabeza». Parece hasta un precepto mahometano y musulmán por eso de lo del turbante alrededor de la cabeza para no dejar salir a las ideas del cerebro de quienes se lo creen. Falso. Totalmente falso porque muchos no llevamos turbantes alrededor de nuestras cabezas ni llevamos nada tapándonos toda la cabeza (el sombrero solo nos sirve para la parte superior de la misma) ya que entonces iríamos como ciegos y no veríamos nada puesto que todo se nos convertiría en imposible de observar. Pero dejemos la vista ahora a un lado. ¿Se puede pensar con brillantez cuando un enorme turbante nos aprieta el cerebro impidiendo que las neuronas puedan respirar? La demostración de tal infortunio la tenemos cuando vemos lo que hacen los fundamentalistas del islam. Y es que al cerebro hay que darle libertades en vez de encerrarlo en una carcasa (turbante) como hacen los fundamentalistas mahometanos o musulmanes que no es que no sepan pensar sino que sólo piensan maldades porque tienen el cerebro tan apretado que les duele de tal manera que se vuelven irritantes y, por lo tanto, violentos.

En cuanto a que todo gira alrededor de la tierra tampoco me lo creo porque, que yo sepa, las aves, cuando quieren y lo desean, pueden estar girando sobre los árboles sin bajar para nada a la tierra salvo para picotear algún alimento como una lombriz pongamos por ejemplo. Así que, definitivamente, se puede decir con total seguridad que Anaxímenes estaba proclamando una locura cuando hizo esta analogía; algo que, por supuesto, no se lo cree ni el Bobo de Coria que pintó Velázquez (y echen la culpa a Velázquez y no a mí por haber puesto ese título a dicho cuadro). Pero hay más cosas curiosas en la analogías de Anaxímenes.

Por ejemplo: «Todo gira en el universo como una piedra de molino». ¿Y que ocurre, entonces, cuando el burro se niega a seguir tirando de la piedra? Si no hay burro no hay movimiento. Y esto se demuestra, por ejemplo, visitando las aldeas de Cachemira. Por otro lado, ¿quién es el burro capaz de hacer girar el Universo y a qué burro y molino se está refiriendo Anaxímenes? Me parece que Anaxímenes está proponiendo el ejemplo de Atlas o está presentando la analogía de Tántalo. En ambos casos se trata solamente de Mitología y no de realismo, ni tan siquiera de Realismo Mágico, y además el universo no gira solamente alrededor de un eje (un molino) sino que tiene muchísimos ejes diferentes (muchísimos molinos diferentes) sobre los que gira continuamente mientras se expande, se contrae, se expande, o se contrae al gusto de cualquier consumidor que hable «ex profeso» del Universo… porque, en realidad, la existencia del Universo se puede comparar con la existencia de un acordeón. ¿Quién toca el acordeón del Universo? Desde luego que no es Júpiter (que no sabe tocar ni la flauta de Pan ni el arpa de David), luego tenemos que aceptar la existencia de Dios dirigiendo el acordeón de la existencia de los seres humanos.

Pero tenemos otra «perla» de Anaxímenes todavía más sorprendente o por lo menos igual de absurda. Dice este filósofo (o lo que sea) que «todas las estrellas están fijas en el cristalino de modo similar a clavos».Esto sí que es ya una burrada monumental, y a nadie -salvo a un loco o enloquecido de gloria- se le puede ocurrir tan grande desatino como hubiese podido decir el gran Miguel de Cervantes Saavedra en alguno de esos días en que estuviese mirando al cielo. ¿Cómo puede decir Anaxímenes que el cielo está hecho de cristal o de sutancia cristalina cuando se ha demostrado que los cohetes salen de la Tierra y se expanden por el espacio interestelar? Si la bóveda celeste fuese un cristal todos los cohetes se hubiesen estrellado. ¿Y qué brutalidad es esa de decir que las estrellas están clavadas en ese cristal? ¿Existe mayor desatino que decir tales burradas porque está super demostrado que cuando clavamos algo sobre una sustancia cristalina el cristal se rompe en miles de pedazos? ¿Y qué pasa con las estrellas fugaces y los que se fugan con las estrellas por poner una analogía cotidiana que todos podemos entender con el mínimo esfuerzo? Existen estrellas que se fugan por el paraíso de los cielos del primer arte creado por Dios y existen tiparracos que se fugan con ciertas estrellas por los paraísos fiscales del séptimo arte creado por los cineastas. Por ejemplo. Y es que, al parecer, el arte de la Filosofía de los presocráticos debío ser como si estuviésemos visionando una película de ciencia ficción basada en hechos reales (lo cual es otra incoherencia más porque la ciencia, cuando sólo es ficción, no puede estar basada en ningún hecho real como sí sucede con las películas de ficción sin ciencia alguna pero más divertidas que si la contuviesen). Cosas del Cine con Filosofía propiamente dichas (de las cuales tengo yo alguna que otra obra escrita).

A lo mejor ni el mismo Anaxímenes se creía lo que decía en esta última analogía que traigo a colación. Lean, por favor, lean. «El sol es plano como una hoja». Tal burrada ya sobrepasa todo lo imaginable. ¿El sol como una hoja? ¿Se refiere a una hoja de afeitar la barba de los caballeros? Al parecer Anaxímenes estaba demasiado acostumbrado a visitar la barbería de Mileto donde aprendía tontería y media del barbero mientras éste le amenazaba con cortarle la yugular con la hoja de afeitar si no le pagaba lo que le debía. Lo cual hizo que Anaxímenes se volviera rematadamente loco ante tal acoso del barbero de Mileto y afirmara que el sol es como una hoja. Podría haberse preguntado, si hubiese tenido algo de lucidez mental, ¿por qué si está ardiendo o lanza llamas no se arruga dicha hoja como ocurre con todas las hojas, de acanto por ejemplo, cuando hay calor en ellas? Al parecer Anaxímenes hacía mucho más caso al barbero de Mileto que al barbero de Sevilla que se limitaba a cantar mientra afeitaba y no a decir tales barbaridades como el barbero de Mileto.

Recapitulemos por unos momentos y retomemos el tema del «telos». ¿Es el «telos» un telón de fondo del cual asegura Anaxímenes que es el infinito? Si observamos el telón de fondo de una sala de teatro (y la vida es teatro muchas veces aunque no siempre) sabemos que tras dicho «telo», o telón, hay mucha tela… porque están los actores preparándose para aparecer. Si el «telos» de la vida fuese el infinito, al subirse o correrse (con perdón), los actores estarían tan sumamente lejanos de nuestra vista (en el infinito según Anaxímenes) que jamás los podríamos ver y habríamos pagado el precio de las entradas para quedarnos sin ver nada; lo cual es, por lo tanto, un fraude. Luego eso del «telos» de Anaxímenes es un fiasco con el que se quiere engañar a los ingenuos. Y a lo mejor, hablando de ingenuos, hay ingenuos que elevan a Anaxímenes al trono de los pensadores más geniales de su época. Claro que como en su época todos estaban embobados con los telones de fondo del Teatro Griego posiblemente cuando se levantaba o se corría (con perdón) el telón no veían nada y se quedaban como Electra; o sea algo así como electrocutados sus cerebros debido a las artimañas de los pensadores que vivían sin dar un palo al agua quizás porque al agua no la podían pegar porque era, según muchos de ellos, el principio de todos los principios y donde vivía nada más y nada menos que Neptuno con todas sus queridas y amantes. En fin. Un verdadero follón esto del «telos» al que, según Anaxímenes, todo vuelve… aunque mucho vayan a comprar tabaco y no vuelvan jamás…

En cuanto a la rarefacción, para salir por fin de dudas, decían los presocráticos que genera el fuego cuando todos sabemos que el fuego se inventó frotando un palo de madera contra unas piedras de pedernal que es, vaya por Dios, algo mucho más comprensible. ¿Y qué decir con eso de que el viento se condensa? ¿Cómo se puede condensar el viento si va a una velocidad de vértigo y produce vértigo sólo el pensar que se nos viene encima? Esto de la condensación del vientos es más raro que decir que fluye entre dos polos: lo frío y lo caliente; cuando se sabe que el viento no tiene temperatura salvo que tengamos fiebre y nos entre una especie de alucinación mental y sintamos que nos helamos o nos quemamos sin remedio alguno. Para mí que el viento ni congela ni quema sino que sólo levanta tal cantidad de polvo (con perdón) que es mejor no imaginarlo por lo de «la censura del pensamiento» con la que nos amenazan los de las sotanas y otras vestimentas más o menos reaccionarias. ¡Reaccionemos, por favor! Esto de la rarefacción es lo más raro que podemos encontrar en el pensamiento humano que, de tanto pensar en telones que se corren (con perdón) y vientos que echan polvos (con perdón), sólo ven las consecuencias pero no las causas. La rarefacción y la condensación pueden ser dos consecuencias pero inconsecuentes del todo; porque para correrse y para echar polvos debe haber una causa que los presocráticos no la saben explicar pero que es muy fácil de deducir si filosofamos con naturalidad y correctamente: cuando un telos se corre (con perdón) es que algo superior al telos está actuando (imaginemos al actor y a la actriz en plena escena) y cuando el viento echa polvos (con perdón) es que se nos ponen los pelos de punta. Luego las causas de la rarefacción (los polvos) y de la condensación (el correrse) existen mucho más allá de lo que algunos imaginan y otros piensan de mala manera porque no he dicho nada físico sino metafísico. A ver si nos fijamos bien que esto es filosofía pura y no cualquier otro follón de los seres humanos respectivamente hablando.

Entremos en la tenebrosidad del «arjé». Según el filósofo que estamos estudiando, Anaxímenes para ser exactos, el «arjé» es un retroceso. ¡Estamos aviados si hora resulta que estamos en retroceso en lugar de avanzar hacia Aristóteles del cual me están entrando ya muchas ganas de hablar pero me espero por lo de la cronología y todo eso de mantener un orden primordial como les gusta hacer a los estudiosos de la Filosofía que podrían haberla llamado también Filoluisa, Filolaura o Filomena por ejemplo pero parece que Sofía era la más atractiva para todos ellos ya que eran griegos! Bueno. A lo que íbamos. Para Anaxímenes el «arjé» es un elemento particular (supongo que de la personalidad humana) pero no desarrolla el mecanismo intelectual de explicarlo; así que podemos pensar, articulando el pensamiento, que el «arjé» era una especie de átomo de nuetra anatomía cerebral (o algo parecido) y todo el conjunto de los «arjés» de un ser humano conformaría, según estos filósofos presocráticas, el alma humana que ellos, tan materialistas como los pensadores de la pasada URSS, dicen que está en el cerebro; porque para ellos y para todos los materialistas de la Historia Humana, el alma sólo es una parte visible del cerebro de los seres vivos. ¿Pueden decirnos ya a qué parte se refieren? Según algunos derivan (y vaya que derivan hasta desbarrancarse por completo) el alma es el hipotálamo de los seres vivos (entre ellos los humanos) y es el hipotálamo el que nos hace producir ideas. ¿Alguien en su sano juicio puede dar por válida tal barbaridad? Veamos lo que es el hipotálamo antes de pronunciarnos en favor o en contra de si es en él donde radica el alma humana.

El hipotálamo (del griego ‘debajo de’, y ‘cámara nupcial’ o ‘dormitorio’) es una región nuclear del cerebro que forma parte del diencéfalo, y se sitúa por debajo del tálamo. Es la región del cerebro más importante para la coordinación de conductas esenciales, vinculadas al mantenimiento de la especie. Regula la liberación de hormonas de la hipófisis, mantiene la temperatura corporal, y organiza conductas, como la alimentación, toma de líquidos, apareamiento y agresión. Es el regulador central de las funciones viscerales autónomas y endocrinas. ¿Estamos hablando de las emociones primarias?. Sí. Estamos hablando de las emociones primarias que tienen todos los animales más o menos vivos. Pero es que resulta que el alma humana se compone de emociones muy evolucionadas y no de emociones primarias. Y es en esto en donde fracasan Anaxímenes, todos los presocráticos y hasta todos los ateos del materialismo dialéctico al cual vapulearé cuando llegue la ocasión. De momento ya sabemos que el alma no es el hipotálamo.

En terminología moderna podemos decir que Anaxímenes estaba intentando basar la explicación de lo cualitativo en lo cuantitativo; encontramos en él, por lo tanto, un intento de explicar el mecanismo de transformación de unos elementos en otros, del que no disponían Tales ni Anaximandro. Al igual que ellos insiste, sin embargo, en afirmar una causa material como principio del mundo y, por lo tanto, en tratar de llevar a la unidad la diversidad de la realidad observable. Esto sí que es interesante del todo. Lo de lo cualitativo dentro de los cuantitativo es tan obvio que es verdadero;en lo que yo discrepo con Anaxímenes no es en esto tan lógico sino que dé por asegurado que todo lo cualitativo y nada más que lo cualitativo es el elemento transformador de los seres humanos. Pues no. Es cierto que forma parte sustancial de las transformaciones pero lo cuantitativo (refiriéndonos al factor físico de los seres humanos) también puede acompañar a lo cualitativo (lo interno del alma humana) en el proceso de la transformación en su totalidad más completa. Soy de los que opinan que la calidad sale de la cantidad pero cuanto más grande y atractiva sea la cantidad más posibilidades existen de que se produzca la calidad. En términos económicos, a mayor cantidad de materia existe mayor posibilidad de espíritu. O sea que si tenemos poca cantidad hay pocas oportunidades de transformarla en calidad, pero si tenemos mucha cantidad de materia hay muchas oportunidades de hacerlo. Me parece que no es un intento de simple mecanicismo transformativo sino de espiritualidad transformadora de la física cuántica que quiere decir ¿cuánto tenemos para cuánto podemos transformar?. Buena pregunta que se responde con lo dicho anteriormente.

Acabemos con Anaxímenes (en el buen sentido de la frase y descargando cualquier connotación de violencia) para poder seguir adelante en nuestro Ensayo. Otra interpretación (que no se sabe de dónde ha surgido) defiende que en vez de «aer» o «arjé» (aire), Anaxímenes pudo haber usado el término «pneuma» (que en Homero tiene el significado de alma-vida pero que en la actualidad suena a neumonía de la psiquis o neumonía mental). En este sentido «pneuma» sería el principio vital o motriz del hombre. He aquí una indeterminación de Anaxímenes muy a tener en cuenta. No es lo mismo vital que motriz. Ni tan siquiera son dos sinónimos en el estricto sentido de la palabra y en cuanto a definir al alma hay que ser lo más estricto que se pueda. Vamos a dar una explicación más o menos convincente y sin ampararnos en ningún Vicente por muy Ferrer que se apellide.

El corazón es parte vital del cuerpo humano. Es el motor. Pero no es el elemento motriz que mueve al ser humano. Lo vital del ser humano se rige por los dístoles y sístoles del corazón pero ¿qué sucede con nuestros ánimos? Los ánimos motrices de los seres humanos no se ubican en el corazón sino en los sentimientos y los sentimientos no nacen de un corazón más o menos vigoroso sino de una manera de sentir más o menos profunda,. Así que Anaxímenes se queda corto cuando relativiza al alma y la llama «pneuma» ya que el alma no es material de nuestros humores (como afirman otros filósofos) porque no nos conforma el carácter sino el genio. Si se tiene buen o mal carácter depende de glándulas físicas pero tener buen genio o tener mal genio depende del alma que no se ubica dentro del corazón humano sino dentro de la sensibilidad humana. En lugar de «pneuma» llamemos al alma «ánimo del éter de la personalidad humana» que es, en verdad, lo que en principio podemos pensar que es; aunque del alma seguiremos hablando muchas veces más.

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