Filosofía para todos (8): Heráclito.

En mis batallas cuerpo a cuerpo contra todos los filósofos presocráticos de la Antigua Grecia, le toca el turno ahora al famosísimo Heráclito. Con estos son los que me gusta enfrentarme de verdad. ¡Tengo unas ganas enormes de derribar a este famosísimo Heráclito que se cree lo máximo en sabiduría! Así que empecemos por la presentación: Heráclito de Éfeso, conocido también como «El Oscuro de Éfeso», fue un filósofo griego que nació hacia el año 535 antes de Jesucristo y falleció hacia el año 484 antes de Jesucristo. Lo primero, y muy importante de observar y tener en cuenta, es ¿por qué se le llamaba «El Oscuro»? No debía de tener tanta inteligencia como se dice de él cuando en lugar de ser llamado «El Claro» era conocido como «El Oscuro». ¿Es acaso la oscuridad una forma de poder interpretar nuestra existencia o es en la claridad donde todos descubrimos lo que somos? Parto de esta idea para desmenuzar, poco a poco, todas las teorías heráclitas. Al parecer, a este filósofo-pensador le preocupaba mucho no ser comprendido por las personas del pueblo griego, lo cual es sumamente sospechoso. Porque ¿cuál es el meollo de la cuestión? Es muy fácil de adivinar que el meollo de la cuestión es la cuestión misma y de ello se deduce que una cosa es la altura (medida de longitud) y otra cosa distinta es la estatura (medida de la inteligencia). Así que, posiblemente, Heráclito tenía mucha altura pero más bien poca estatura. Vamos a ver si es cierto o es falso.

Empecemos diciendo que la obra de Heráclito es netamente aforística, lo cual nos da ya un indicio que le interesaba más el aforo de sus oyentes que la calidad de sus oyentes porque lo aforístico proviene del aforo que hubiese en el ágora donde explicaba sus «oscurantismos» el famosísimo Heráclito quien remitía toda su sabiduría a las sentencias del oráculo de Delfos; de lo cual se deduce que tenía muy poca personalidad para inventar sus propias sentencias y de ahí se deriva que tenía tan poca estatura intelectual que reproducía la realidad ambigua (para él toda la realidad era ambigua porque él mismo era ambiguo) y armaba unas teorías tan confusas (el oscurantismo que antes citábamos) que usaba el oxímoron y la antítesis para dar idea de sus teorías, con lo cual dejaba a todos siempre en el mismo lugar de donde se inciaban sus discursos. ¿Merece la pena filosofar para quedarnos siempre en el mismo lugar donde iniciamos nuestros pensamientos? Si eso que predicaba Heráclito fuese la sabiduría humana estaríamos todavía en «la edad del burro» dando vueltas y más vueltas al conocimiento humano sin conocer nunca nada más que lo que ya conocíamos. Pongo el siguiente ejemplo clarificador: ¿cuándo estamos ante un bar-cafetería que tiene la puerta metálica de su entrada a medio subir podemos o no podemos entrar todavía? Pue eso mismo ocurre con el «oscuro» Heráclito.

Oxímoron y antítesis. Las das estratagemas intelectivas (no digo intelectuales sino simplemente intelectivas) para introducir en el caos mental a todos sus oyentes. Veamos qué son ambas cosas: el oxímoron, por definición (muy ambigua definición por cierto) es, dentro de las figuras literarias en retórica, una figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto. Dado que el sentido literal del oxímoron es opuesto y absurdo (por ejemplo «un instante eterno») se fuerza al lector o al interlocutor a comprender el sentido metafórico (en este caso un instante que, por la intensidad de lo vivido durante su transcurso, hace perder la noción del tiempo). Aclaremos el asunto para no llamarnos a engaño.

En primer lugar resulta que cuando oponemos una expresión totalmente opuesta a la expresión que queremos aclarar se produce el caos al encontrarnos con dos expresiones que no se pueden interpretar como lo único que estamos pensando para poder transmitir al lector o al oyente. ¿Cómo puede ser que dos expresiones opuestas, cuando son absurdas, puedan producir una tercera expresión que deje de ser absurda? Absurdo. Es un absurdo esperar a que dos absurdos produzcan una tercera expresión que no sea también otro absurdo. En el ejemplo citado, un momento puede ser eterno cuando tenemos bien clarificado lo que significa un momento (que no tiene extensidad sino intensidad) pero no cuando anteponemos al absurdo de «un instante» (cosa totalmente opuesta a «un momento» porque carece de contenido experimental) otro absurdo de «otro instante» (cosa totalmente opuesta a «otro momento» porque sigue careciendo de contenido experimental). Cuando experimentamos un momento de eternidad es cuando sabemos que ese momento es transcendente y trascendental para nuestra existencia humana mientras que, la oposición de dos instantes no significa nunca (sobre todo si son dos instantes absurdos como expone Heráclito) una eternidad porque carecen de sustancia transcendental y de validez trascendente. Luego todo el sistema del oxímoron de este filósofo-pensador se nos viene abajo cuando nos damos cuenta que es el momento (y no el instante) el que pude contener eternidad porque contiene sustancia y pertinencia; aclarando que la pertinencia filosófica no es lo mismo que la pertenencia social. Podemos pertenecer a cualquier clase social (lo cual no lo aclara Heráclito) para vivir momentos de eternidad. Y es que Heráclito, como todos los pensadores de su época, sólo se dirige a las altas clases sociales (oscurantismo para que nadie del pueblo llano pueda entenderle) y nunca a la inmensa mayoría de un pueblo que no entiende lo que es eso de que de dos instantes absurdos resulte un instante lógico. No tiene ningún sentido afirmar tal cosa porque se cae por su propio peso. A un absurdo que se opone a otro absurdo no sucede algo lógico sino algo que sigue siendo absurdo.

Otra cuestión bien distinta, y con la cual estoy de acuerdo, es que esta figura retórica del oxímoron es muy frecuente en la poesía mística y en la poesía amorosa, por considerarse que la experiencia de Dios o del amor trascienden todas las antinomias mundanas. Cuando entramos en el ámbito de la Poesía es es cierto que a una proposición (no absurda sino solo oximórica) sucede otra proposición (no absurda sino solo oximórica) para producir el resultado de la apoteosis final de un poema tanto mistico como amoroso, lo cual es incapaz de explicarlo Heráclito porque se esfuerza en introducirse en el oscuro mundo de los absurdos y es bien sabido que la poesía de lo absurdo no es ni mística ni amorosa sino del simbolismo intranscendente. Pero volvamos a la Filosofía dejando ya la Poesía en su verdadero lugar.

Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. Este planteamiento intelectual (y no sé exactamente cuánto tiempo debió de emplear Heráclito para hacer pública tal distorsión de la realidad) es evidentemente incorrecto. No es que el fundamento de todo está en el cambio incesante sino que el cambio debe prevalecer sobre la estaticidad. Lo estático no evoluciona si no existe el cambio necesario para que evolucione; pero eso de que todo lo que nace siempre desaparece es otro absurdo del pensamiento de Heráclito. No estoy de acuerdo con dicha consecuencia final del cambio. El cambio no produce desaparición definitiva sino continuidad transformadora pues si tuviera que desaparecer no resultaría ser realmente un cambio sino una simple variación de la Nada. Y yo aclaro que la Nada no puede tener cambio alguno porque se inicia en la nada y acaba en la nada. Luego Heráclito da «palos de ciego» cuando intenta conseguir que aceptemos que todo cambio lleva a la desaparición final. No es cierto. Todo cambio lleva a la transformación de la realidad en un momento concreto y la convierte en otra presencia (no en otra ausencia sino en otra presencia) distinta a la que teníamos antes de producirse el cambio. El cambio transforma en todos los sentidos humanos tanto externos como internos pero no desaparece sino que resurge con mayor fuerza expresiva y con mayor intensidad dentro de la extensidad de la existencia de los seres vivos. Todos los seres vivos sufrimos cambios no para terminar por desaparecer sino para perpetuarnos en un cambio continuo que nos va haciendo tener mayor presencia ante los demás seres vivos. Es tan comprensible que lo que no se puede comprender es la oscuridad en que Heráclito quiere que nos metamos para decir que es sumamente inteligente cuando en realidad ni tan siquiera tiene elementos de juicios válidos y/o valiosos para demostrarnos que lo es. Y es que en la Historia de la Humanidad la fama no siempre va acompañada de la inteligencia; porque la inteligencia se mide por los conocimientos (que son desinteresados y no pertenecen a ninguna época concreta sino a la cultura de todos los tiempos) mientras que la fama es sólo un interés predeterminado y premeditadosea cual sea la época cultural o no cultural; puesto que no toda cultura es conocimiento mientras que todo conocimiento sí es cultura. Y me parece que a Heráclito se le ha dado demasiada fama quizás hasta de forma inmerecida como ocurre con otros muchos filósofos y pensadores como iremos viendo a medida que avance mi Ensayo.

En lo relativo a la antítesis, todos los que tenemos suficiente conocimiento cultural (seamos o no seamos famosos) sabemos que, dentro del área de la Filosofía, significa contraposición u oposición entre dos términos contrarios o complementarios. Pero resulta que dos términos contrarios no tienen que ser siemrpe dos términos complementarios sino que, en muchas ocasiones, como veremos cuando estudiemos por ejemplo a Hegel, para que dos contrarios sean complementarios deben de existir puntos de contactos empáticos pues, de lo contrario, al no existir empatía (como sucede con Heráclito y sus seguidores a los cuales desprecia por no ser de la alta clase social) no existe complementaridad alguna. Si te complementas con otro ser humano es porque los términos contrarios de cada uno de dichos seres humanos se concentran y se imbrican en un término conjuntivo y no disyuntivo y, en esos casos, sí que existe la complementaridad (asunto que no nos aclara debidamente el famosísimo Heráclito que deja este asunto en el limbo de lo inexplicable según él). Yo puedo pensar que la lluvia nos enriquece cuando nos moja y otra persona humana puede pensar que la lluvia nos moja pero no nos enriquece pero, por supuesto, estamos partiendo de una premisa decarácter complementario que es la lluvia que nos moja y, partiendo de ello, puedo demostrar a la otra persona que, efectivamente, la lluvia que nos moja nos enriquece. Llegamos a ese consenso siempre que partamos de un punto de complementaridad que desemboca, al final, en la misma conclusión. No es necesario ser famoso (aunque a veces lo seamos) para determinar que la antítesis nos puede enriquecer a través de la dialéctica intelectual que, en este caso, es cultural y, además, filosófico. Así que eso que afirma Heráclito de que la contradicción es el origen de todas las cosas da patadas al conocimiento humano. No somos tan ignorantes como para tener que aceptar algo tan absurdo, ya que la contradicción no es origen nada más que del caos y, si partimos del caos, llegamos a la conclusión de que no podemos entender nada de lo que pasa en nuestro interior para poder expresarlo hacia el exterior. Puede existir contradicción entre los seres vivos que no son complementarios pero eso no es el origen de todas las cosas sino el origen de la incomprensión de unos seres vivos (en este caso humanos) con otros seres vivos de la misma naturaleza, sean o no sean del mismo género (y estamos hablando de los seres humanos) o sean o no sean de la misma cultura (y seguimos hablando de seres humanos) que no llegarán nunca a comprenderse mutuamente porque son contradictorios desde sus orígenes y permanecen contradictorios hasta sus finales. Así que la contradicción no es el complemento que se necesita para entender las cosas de las que hablamos porque carece de punyos de contacto, y al no existir dichos puntos de contacto permanecemos aislado del otro ser humano y es imposible que nos podamos comprender.

El logos de Heráclito afirma que la mayoría de las personas «no saben ni escuchar ni hablar»… con lo cual yo tampoco coincido plenamenteo en su totalidad. Existen personas que no saben escuchar (eso es totalmente cierto) y existen personas que no saben hablar (eso también es exacto) siempre que dichas personas tengan capacidades para saber escuchar y recursos suficientes para saber hablar. Pero pregunta trascendente es ¿de dónde saca Heráclito el logos de la imposibilidad de entenderse entres los seres humanos que no saben ni escuchar ni hablar? De algo meramente temporal pero no sustancialmente atemporal. Tan falso es dicho logos que yo he demostrado, más de una vez, que puedo entendermen bien con personas que tienen otro idioma diferente al mío y otra cultura diferente a la mía… pero que somos capaces (infinidad de veces se demuestra) de hacer saber y conocer a los demás que no somos contradictorios sino que nuestros idiomas y nuestras culturas se solapan unos a otros y unas a otras gracias a la empatía intelectual Y no hay por qué ser un Doctor en Ciencias ni un Doctor en Letras para poderlo conseguir. La relatividad del logos de Heráclito se produce cuando da por absoluto algo que sólo es relativo. Al dar por absoluto todo lo relativo nos está ya intentando introducir en esa falsa doctrina filosófica y social que dice «que todo es relativo»; lo cual es el mayor error cometido por muchos pensadores que se las dan de filósofos de la actualidad (o filósofos que se las dan de pensadores de la actualidad) y que tienen sus orígenes (aunque ellos crean que han inventado la pólvora en los siglos XX y XXI después de Jesucrito lo cual demuestra sus supinas ignorancias) en teorías como las que enseñaba Heráclito.

Si bien Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como sucede con Platón al cual despellejaremos cuando le llegue su turno), y los cree indispensables para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia. Esta relatividad tiene también su propia crítica constructiva. Si los sentidos están bien formados es señal de que la inteligencia los acompaña y, en esos casos, usar los sentidos para conocer la realidad es válido porque se da el axioma apriorístico de que la inteligencia va incluida en dichos sentidos. Así que el mundo de los sentidos tiene una gran importancia absoluta para conocer nuestras existencias ya que el conocimiento conlleva el uso de los sentidos y, en caso contrario, no es conocimiento. La inteligencia, por sí misma, es solamente una abstracción que termina por ser concreta cuando está siendo bien usada (y recalco lo de bien usada para no llamar a engaño) a través de unos sentidos bien controlados por esa misma inteligencia innata en cualquier ser humnao (hombre o mujer) que usa la capacidad de sus sentidos sin que tenga que aparentar que es intelectual aún siéndolo a través de la buena forma que tiene de aplicar sus sentidos.

En uno de los fragmentos conocidos de Heráclito, éste dice lo siguiente:»Se engañan los hombres acerca del conocimiento de las cosas manifiestas, de la misma manera que Homero. que fue considerado el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole: ‘cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos’. Aquí hay un detalle importantísimo que se le escapa a Heráclito. Este filósofo afirma, en su citado fragmento, «las cosas manifiestas» y, vamos a ver si nos aclaramos de una vez por todas para dejar de ser «oscuros», si resulta que las cosas a las que se refiere Heráclito son manifiestas es que son tal como son y, en ese caso, ningún hombre o mujer que sea medianamente inteligente se puede confundir. Si sabemos la diferencia que existe entre ser un hombre y ser una mujer sólo se engañan quienes no saben la diferencia que existe entre ser un hombre y ser una mujer aunque es tan manifiesto que nadie debería de dudarlo ni ponerlo en discusión. En el caso de que el hombre se manifiesta como hombre y la mujer se manifiesta como mujer no hay posibilidad alguna de engaño alguno. En eso es donde se equivoca Heráclito como se equivocan muchos que, viendo lo manifiesto de la Creación de Dios, se niegan a verlo porque «no hay mayor ciego que quien pudiendo verlo no quiere verlo porque no le interesa verlo por su propios intereses aunque sepan que se están engañando a sí mismos y a sí mismas».

Leo algo que encuentro en mis investigaciones filosóficas y de ser pensante: «el fragmento (citado con frecuencia erróneamente como «no se puede entrar dos veces en el mismo río», siguiendo a la versión que da Platón en el «Cratilo» ejemplifica la doctrina heraclítea del cambio: el río —que no deja de ser el mismo río— ha cambiado sin embargo casi por completo, así como el bañista. Si bien una parte del río fluye y cambia, hay otra (el cauce, que también debe interpretarse y no tomarse en un sentido literal) que es relativamente permanente y que es la que guía el movimiento del agua. Algunos autores ven en el cauce del río el logos que «todo rige», la medida universal que ordena el cosmos, y en el agua del río, el fuego. A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad armónica (pero no estática). Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él mismo lo adelanta en sus fragmentos» Por supuesto que no estoy de acuerdo con esto; porque resulta que el río no cambia jamás ya que es una corriente de agua continua y eso es una definición «per se» y todo lo que es «per se» nunca deja de serlo. El río y el bañista o la bañista (puesto que no hay que ser tan machistas como los griegos antiguos para poner ejemplos) pueden cambiar, pero no cambia la naturaleza ni del río ni del bañista o la bañista. Así que nos encontramos con una dualidad que es cambiable y con otra dualidad que es incambiable. Lo mutable no es siempre lo exacto pero lo inmutable siempre tiene exactitud. Esto es lo que deberían haber pensado Heráclito y sus seguidores antes de afirmar algo que no es absoluto sino que pertenece a la reltividad del cauce del río (que no deja de ser un río a pesar de ello) y la del bañsita o la bañista (que no dejan de ser un hombre o una mujer por ello). Tomemos un breve descanso para meditar bien.

Continuemos. Lo «a priori» no tiene por qué ser, siempre y en todos los casos, distinto a lo «a posteriori» (como afirman muchos filósofos-pensadores y entre ellos Heráclito) puesto que si es evidente que hay una fluctuación o una variación (que a veces es evolución y a veces es involución) lo que también es muy evidente es que en muchas ocasiones (más de lo que piensan los filófosos-pensadores y entre ellos Heráclito) la esencia, lo esencialmente inherente al ser vivo, permanece. Por mucho que haya fluctuado el río, si sigue siendo río es que es río. Y por muchas veces que el bañista o la bañista se meta en el río no deja de ser el bañista o la bañista. Y es que lo inmanente es innato y lo innato puede fluctuar e incluso variar pero no deja de ser inmanente e innato por mucho que se quiera, falsamente, demostrar lo contrario. La transformación de la sustancia viva no es un cambio sino una fluctuación (cuando evoluciona hacia bien) o una variación (cuando involuciona hacia mal) pero la sustancia permanece.

Pasemos a otro punto controversial de Heráclito. Era conocido como «el Oscuro», por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: «Panta rei», todo fluye. El devenir está animado por el conflicto: «La guerra (pólemos) el padre de todas las cosas», una contienda que es al mismo tiempo armonía, no en el sentido de una mera relación numérica, como en los pitagóricos, sino en el de un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las que mantienen tensa la cuerda de un arco. Para Heráclito el arje es el fuego, en el que hay que ver la mejor expresión simbólica de los dos pilares de la filosofía de Heráclito: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos, pues el fuego sólo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de materia. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige:»Todo surge a medida y conforme a medida se extingue». El hombre es «Todo cubrir este logos en su propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas (la doctrina de Heráclito fue interpretada, olvidando esta afirmación del logos, en la filosofía inmediatamente posterior —sobre todo, en Platón— como una negación de la posibilidad del conocimiento: si nada es estable, se niega la posibilidad de un saber definitivo). De Heráclito es también la doctrina cosmológica del eterno retorno: la transformación universal tiene dos etapas que se suceden cíclicamente: una descendente por contracción o condensación, y otra ascendente por dilatación.

¡Menudo «cacao» mental se produjo en las neuronas de Heráclito por querer ser «dios entre los dioses»! Vamos a ver cómo podemos rebatir toda esta confusión intelectiva que apenas nadie puede comprender por la cantidad de contradicciones que usa este famosísimo filósofo que tiene más de loco que de inteligente. Paso por paso vamos a ver cómo desenredamos esta especie de laberinto de ideas en las que nos quiere introducir creando una ideología «cósmica» en lugar de un cosmos de ideas (que son dos cosas tan diferentes que son hasta opuestas) porque, al parecer, nunca pudo superar la etapa de la confusión mental más propia de un adolescente pandillero que de un verdadero estudioso de las filosofías humanas. Se da el caso de que vamos a tener incluso que repetir algo de lo ya explicado para ver si le entran ya las luces en sus cerebelos a los fanáticos «heraclitómanos».

En primer lugar, para empezar con la fuerza suficiente para no desmayar en el empeño, ¿cómo se puede pensar que Heráclito estaba lúcido a la hora de explicar asuntos de la vida humana cuando su expresión es continuamente lapidaria y enigmática? ¿La vida es la muerte? No. La vida es lo contrario a la muerte. Entonces ¿a qué santo y seña viene lo de ser lapidario para hablar de la vida? Y, por otro lado, ¿cómo se puede hablar de la existencia humana echando mano de enigmas incomprensibles cuando lo más fácil de comprender es la existencia humana por sí misma y obviando y olvidando tantos enigmas alienadores? Partiendo de estas dos incongruencias mentales seguimos expresando nuestras ideas clarificadoras. Y si es necesario repetir se repite cuantas veces sean necesarias.

Se dice de Heráclito que es la afirmación del devenir y del pensamiento dialéctico. La pregunta que nos deben responder quienes afirman tal aberración dialéctica es ¿cómo es posible la afirmación del devenir si el mismo Heráclito dice que todo desaparece en la Nada? No es posible un devenir humano que termine en una inexistencia absoluta; de lo cual se deduce, con total claridad, que Heráclito no es ningún ejemplo valido, ni tan siquiera valioso por mucha fama que tenga, porque entra en una incoherencia de tamaño calibre. Llamamos devenir a lo que tiene que venir para que sigamos existiendo pero un devenir que termina en la Nada (como afirma Heráclito) no es un devenir sino un contravenir. Y ambas cosas son opuestas. Si tenemos un devenir es porque al final lo conseguimos todo dentro de un Todo Superior pero nunca podremos llamar devenir (histórico o social o ambas cosas a la vez) si estamos diciendo que al final todo desaparece. ¿Qué devenir humano puede ser la desaparición humana? Luego esta incongruencia es de tal calibre que, por sí misma, anula la siguiente proposició heraclitiana.

Dice este tío llamado Heráclito que el devenir sólo puede definirse y conseguirse por la guerra y a través de la guerra; algo verdaderamente insólito a la vez que estúpido (y perdón por ser tan tajante pero se lo merece tanto él como sus adictos seguidores). Al afirmar que la guerra es el padre de todas las cosas, ¿qué sucede con la paz? Yo pienso y razono y reflexiono que el padre de todas las cosas -por poner un ejemplo simbólico- no es la guerra sino el pacífico palomo cuando todos sabemos que la paz ha sido simbolizada como una paloma. Entonces… ¿qué quiere significar eso de que la guerra produce todas las cosas cuando en realidad las destruye? Decir tal cosa supone tal incongruencia que solamente alguien que tiene una mentalidad escasa puede proclamarlo a los cuatro vientos como hizo Heráclito y hacen sus seguidores. ¿Es el fuego en verdad el arjé de la Tierra? Estaríamos perdidos del todo si tuviésemos que aceptar que el fuego (que destruye) sea el origen de todas las cosas (que o se construyen o no pueden tener existencia). ¿Comprendéis dónde está el grave error de Heráclito? Voy a explicarlo con un ejemplo fácil. Si yo quiero construir una casa de madera para vivir dentro de ella… ¿cómo voy a poder construirla si una vez que tengo toda la madera preparada para construirla le aplico el fuego porque creo que el fuego es el origen de mi casa de madera ya que es el origen de todo? Tamaña locura sólo puede pensarla un filósofo que vive dentro de tal oscuridad (como pasa con «El Oscuro» Heráclito) que, de tanto pensar en el origen de todas las cosas, lo ha confundido con el final todas las cosas. Tanto la guerra (como el fuego que produce la guerra) no son, ni soñando, el principio y el origen de todas las cosas sino la destrucción de todas las cosas y, deduciendo con lógica, al ser la destrucción de todas las cosas no es el origen de ellas sino el final de ellas. ¿Cómo puede amar la vida alguien que la odia tanto que se aplica a fomentar la guerra para terminar con la vida?

¿Y el eterno retorno? ¿Qué podemos decir del eterno retorno? La Eternidad, que yo sepa no es un retorno a los inicios de la vida humana sino un avance hacia lo infinito. Si la vida humana fuese un eterno retorno siempre estaríamos reproduciendo la misma clase de vida que desarrollaban el primer hombre y la primera mujer en esta Tierra. Lo cual, evidentemente, es tan falso como decir que el dinero sirve para comprarlo todo cuando sabemos que no puede comprar la salvación ni la perdición cuando a los adinerados les llega la muerte; ni tampoco la felicidad mientras duran sus vidas. O hablamos de una Eternidad que se proyecta en dirección evolutiva y ascendente o estamos diciendo que la humanidad camina hacia una involución dentro de un círculo cerrado lo cual se puede rebartir argumentando que en un círculo cerrado nada evoluciona ni nada involuciona sino que todo se repite y no se avanza ni se retrocede en ningún sentido conocido porque siempre está dando vueltas sin parar y siempre las mismas vueltas. El eterno retorno es una simpleza mental. Existe la Eternidad para poder comprender que los seres humanos sólo somos viajeros temporales en esta vida y que nunca retornamos a ella sino a otra de carácter superior.

He aquí algunas frases de Heráclito: «En los mismos ríos entramos y no entramos pues somos y no somos» (una tontería de frase que ya he demostrado que es una verdadera tontería); «La armonía invisible es mayor que la armonía visible» (lo cual también es erróneo cuando sabemos y aprendemos que la armonía, para ser catalogada como tal armonía, tiene que ser visible para que podamos tener suficientes elementos de juicio para decir si es armonía o no es armonía); «Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene» (es una verdad relativa porque Heráclito se olvida de que existen nuestros Sueños y a través de nuestros Sueños sabemos que los límites de nuestras almas se encuentran en la Eternidad que es un concepto del cual Heráclito no tenía ni idea de cómo explicarlo); «Pero aunque el logos es común, casi todos viven como si tuvieran inteligencia particular» (que es totalmente una «metedura de pata» de Heráclito de tamaño enorme y que se rebate fácilmente diciendo y explicando -como ya he hecho yo varias veces- que todos los seres humanos, seamos quienes seamos y sean cuales sean nuestros yos -donde se incluyen nuestras circunstancias porque son partes de nuestros yos- tenemos inteligencia particular además de pertenecer a la Inteligencia Superior que es Dios);»Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia» (lo cual no sólo es una barbaridad propia de un bárbaro sino que también es una brutalidad impropia de un filósofo y pensador que se precie de serlo puesto que hay que hacer la paz y no la guerra y buscar la justicia como bien supremo de la sociedad en vez de ser tan derrotista como ir proclamando que es una discordia cuando la realidad es que la verdadera justicia es una concordia».

Y doy por terminado el tema aunque podríamos seguir hablando mucho más de Heráclito pero eso sería darle una importancia que no se merece.

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