«Habemus España» (Crónica)

La epopeya se viste de rojiblanco.
EL ATLÉTICO DE MADRID ALCANZA LA GLORIA.
En Londres sólo se habló español.

Un Atlético de Madrid histórico destrozó a la soberbia prepotente de Mourinho e hizo pedazos todos los pronósticos. Cada uno de esos pedazos fue un canto a la grandeza. Y es que los rojiblancos de Madrid fueron capaces de supear lo insuperable. Impresionantes, aunque tuvieron que levantar un 1-0 en contra, la magia de Adrián, Diego Costa y ArdaTuran, llevaron a cabo una epopeya que escribe otra página de oro para el Libro del Fútbol Español.

40 años después se rompió el maleficio y Adelardo, Gárate… hasta Luis Aragonés desde el cielo… han podido gozar viendo al equipo de sus amores ser un Grande de España de los de verdad, de esos que no se quitan el sombrero ante nadie pero que hay que quitárselo cuando se les ve pasear la calidad de su fútbol por las canchas del mundo entero. Londres sequedó atónito. Mourinho dobló las rodillas. «El Pupas» dejó de serlo para siempre y todas las generaciones futuras podrán tener noticias de este Atlético de Madrid que alcanzó la gloria. Sus héroes son ya cromos de estrellas.

En el minuto 36 de la primera parte, el gol de Fernando Torres parecía el final del sueño rojiblanco, pero los hérores siempre son los que defienden sus sueños hasta que los alcanzan. Y los del Manzanres lo alcanzaron destrozando los vaticinios de todos los augures. Fuera el maleficio. Fuera la brujería. Como verdaderos Hércules indestructibles, los Grandes de España trituraron a los diosecillos del olimpo inglés. Siempre tranquilos, aunque al principio iban perdiendo, con su fe inquebrantable dieron tal vuelco al resultado que todos los ingleses se están todavía frotando los ojos, en este nuevo despertar, pensando que fue solamente un mal sueño, una pesadilla infernal pero no verdadera… sin embargo, el marcador reza un 1-3 a favor de los de Madrid. A rezar se ha dicho ingleses. Es muy famoso lo de «Madrid, claro que sí» y «De Madridal cielo». Claroque sí. Claro que jugando de esta manera vamos a ver una apasionante y hasta delirante final de la Copa de Europa (ahora llamada Champion League) entre madridistas y atléticos. Lo más insólito de la Historia del Fútbol. Es la primera vez que dos equipos de una misma ciudad (Madrid, claro que sí) jugarán la final. Es lo más increíble. Pero el sueño se ha cumplido.

Este juego, cuando alcanza esta clase de epopeyas, no lo puede entender nadie salvo los ángeles del fútbol, esos guerreros que luchan hasta la extenuación y logran extenuar a los rivales como si volviéramos a ser el Esparta de San Isidro. Los de Londres quedaron extenuados ante el paseo imperial de las huestes atléticas. ¡Memorable y monumental lección de fútbol ex cátedra! En el Stamford Bridge, el Atlético de Madrid fue un tren de mercancías arrollando a un Chelsea aterrorizado. ¡En el año 2014d después de Jesucristo, el campeón de Europa será español y, para mayor inri epopéyico, será de la ciudad de Madrid, capital de España! Si Luis Aragonés estuviera todavía con nosotros sonreiría abiertamente despùés de 40 años de tan larga espera. Pero Luis Aragonés habrá visto, desde el cielo, cómo el «Atleti» de sus amores firmó una noche memorable en la que hasta Mesonero Romanos se sintió más importante que William Shakespeare porque en Londres sólo se habló español.

En el minuto 35 de la primera parte, el ex atlético Fernando Torres aprovechaba un centro atrás de Azpilicueta (el otro español entregado al Chelsea) para marcar el 1-0. Comenzaba la cuesta arriba para los «colchoneros». Daba la impresión de que aquello eliminaba por completo a los atléticos de Madrid, pero el fútbol no es una ciencia exacta ni tampoco es una ciencia ficción, porque el fútbol no es un realismo sino un realismo mágico donde no intervienen, para nada, los gurús o las brujas sino que es producto de la fe. Los atléticos pusieron tanta fe que en el minuto 43 de esta misma primera parte, Adrián marcó el 1-1 tras un centro al área de Tiago que tocó Juanfran. Ante la sorpresa general, el Atlético de Madrid (de ese Madrid, claro que sí, de las leyendas urbanas y las movidas yeyés) era ya el que alcanzaba a ser finalista en Lisboa si no permitía que los del Chelsea les marcasen otro gol. La fe de los de España derrotaba a la falta de fe de los de Inglaterra. Todo quedaba pendiente de la segunda perte. Pero el equipo de Londres, el Chelsea, no sabía que el equipo de Madrid (el Atlético) ya se había convertido en un Hércules invencible.

Lo decisivo sucedió en el minuto 60. Muchos decían que esta vez Samuel Eto’o sería el que desequilibrara la balanza. Que sería la baza ganadora que Mourinho se guardaba dentro de su manga derecha. Y lo fue. Eto’o fue decisivo pero (¡qué cosas tiene este existencialismo integral del fútbol!) fue decisivo para que ganara el Atlético porque, en el minuto 60, poco después de saltar al campo, hizo un penalty de libro a nuestro Diego Costa y Rizzoli no tuvo más remedio que pitarlo. Sí o sí. La cuestión era que teníaa que ser vital para la victoria. Sí o sí. Y Diego Costa marcó gol. Era el 1-2 a favor de los del Manzanares de Madrid ante los del Támesis londinenes. El río pequeño se tragaba al río grande. Y después de eso, Courtois, el belga del «Atleti» fue, otra vez, guardameta imbatible ante la deseperación y las amenazas de un vanidoso Mourinho que ha visto cómo el belga no se baja los pantalones ante nadie. Tanto orgullo tenía Mourinho que por soberbio cayó en su propia soberbia. El soberbio, al final, siempre conoce la derrota.

Cuando en el minto 68 Arda Turan mandó al fondo de la red inglesa un remate de él mismo a un balón que había dado en el larguero par volver a botar ante él, la victoria atlética era ya insuperable. 1-3 y los londineneses creyendo que era solamente una pesadilla nada más. Que despertarían y este partido no se había ya terminado sino que todavía quedaba por empezar. Pero la realidad es que estaba acabando con todas sus ilusiones. Simeone planteó un encuentro tan perfecto que acabó con todas las teoríaas tácticas de «Mou», un entrenador que deja mucho que desear si observamos detenidamente qué es lo que hace en el mundo del fútbol. Pero eso es harina de otro costal y toca a otros harineros el juzgarlo. En Lisboa no nos espera el final del mundo sino el comienzo de todo.

No olviden nunca estos nombres: Courtois; Juanfran, Miranda, Godín, Filipe; Koke, Mario, Tiago, Adrián; Arda y Diego Costa. Añadanle además a Raúl Garcíaa y Sosa y tendrán la colección completa (más los de la plantilla actual que no pudieron jugar) de los cromos convertidos en héroes en esta noche londinense en que los ángeles buenos se vistieron de rojiblancos mientras las agujas del reloj del Big Bag se quedaron paralizadas. Del Chelsea no quedó nada. En Lisboa, pase lo que pase, «habemus España». ¡Ave Europa! Los que vamos a triunfar te saludan.

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