isabel, otra vez.

Tus manos son frágiles, eso parece al tocarlas
sin embargo, tan altivo tu espítiritu, tan cálidas
tus palabras
apenas rozas tus dedos en mi palma y
frágil me vuelvo yo, henchido de alegría, de amor,
de un no se qué interior que me encoge el alma
y así, sin quererlo, me siento acongojado, y frío y
frágil y en pedazos
y me acuno en tu pecho y tus brazos me
abrazan

y mis labios sonríen, me acaricias el pelo
ojalá se muriese en este momento tonto el tiempo
ojalá tus huesos no caducaran como el árbol
> y aunque lejos te aparten, seguirás en lo alto, como una
estela
> y seguiré tus pasos, aunque sea a ciegas, adonde me lleven,
adonde sea, que mis pies trotan sin ahíto alguno,
> descansa en paz, abuela…

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